30 de enero de 2005

Las ONG y la ayuda humanitaria (I)

La cooperación internacional en casos de catástrofe se mueve en la actualidad en un escenario que combina fuentes de financiación públicas y privadas. Todos los gobiernos, y en ocasiones todos los niveles de la administración pública cuando ésta es descentralizada, incluyen en sus presupuestos partidas de ayuda al desarrollo que se canalizan hacia actividades humanitarias cuando parece necesario. Los desastres naturales, las hambrunas agravadas por razones climatológicas y las catástrofes humanas que originan los conflictos armados actúan, con bastante frecuencia, como una llamada de atención que sirve para engrosar los fondos de la ayuda humanitaria a países subdesarrollados. Las donaciones por parte de particulares crecen justo cuando son más urgentes y precisas para financiar las operaciones puestas en marcha por organizaciones humanitarias. Sin embargo, tanto para las vías públicas como privadas de captación de fondos se ha de contemplar lo que ha sido bautizado como «el efecto CNN»: la incidencia del factor emocional y del sello de 'problema de actualidad' que tarde o temprano desaparecerá. Cuando las cámaras de televisión abandonan el lugar de la necesidad, muchas actuaciones entran en una fase de estancamiento. En el contexto de unos fondos para ayuda humanitaria desigualmente escasos, el papel de las ONG como agentes que conocen bien el terreno es doblemente relevante, en tanto también ayudan a enjuiciar el esfuerzo que los países invierten en sacar a tantas zonas del globo de situaciones de creciente miseria.

Los mecanismos puestos en marcha para lograr donaciones suficientes en el caso del tsunami en Asia no siempre son efectivos. Siempre habrá casos de extrema necesidad que no obtienen el reflejo mediático que merecerían. La organización humanitaria Médicos Sin Fronteras ha presentado el informe "Diez crisis humanas olvidadas del 2004", que recoge las que consideran son «las crisis humanas condenadas al olvido por intereses políticos, económicos o geoestratégicos». Resumidas en un titular, se trata de Burundi, donde el cobro de tasas a los pacientes excluye a los más pobres de la atención sanitaria; Chechenia y el trauma causado por una guerra sin tregua; Colombia, donde la población civil está atrapada en el fuego cruzado; Corea del Norte y una población que padece privaciones masivas y represión; Etiopía, donde se viven constantes amenazas de hambruna y enfermedades infecciosas; Liberia, país en el que la guerra ha terminado pero la crisis continúa; República Democrática del Congo, un interminable y devastador conflicto; Somalia, devastada por la anarquía y el caos; Uganda, donde existe dolor y miedo intenso en el norte del país por un conflicto armado; y la tuberculosis, crisis generada por una enfermedad fuera de control. Son todos ellos problemas que deberían estar sobre la mesa de trabajo de quienes manejan esos grandes presupuestos de ayuda que siempre generan dudas sobre su efectividad. Y se trata de crisis humanas que han sucedido en un año en el que todo el planeta parecía mirar casi en exclusiva hacia un conflicto, el de la invasión de Irak.

La generosidad que se ha demostrado en todo el mundo a la hora de ayudar a los damnificados por el tsunami en el sureste asiático quizás no tenga muchos precedentes. Las donaciones de particulares han superado toda expectativa y han cubierto las necesidades de muchas organizaciones que operan sobre el terreno. Varias ONG han anunciado que dejan de recaudar fondos para este motivo, pues sus presupuestos para las actuaciones proyectadas en estos países en los próximos años están sobradamente respaldados por las donaciones recibidas. Ahora es el momento también de que todos los agentes que intervienen en el sector humanitario busquen la coordinación necesaria para que ningún esfuerzo se pierda en burocracias o duplicidades. Las poblaciones afectadas deben recibir en las mejores condiciones el apoyo exterior que les permita salvar los riesgos -principalmente sanitarios y psicológicos- que amenazan al lugar de la catástrofe. Posteriormente, llegará el momento de la reconstrucción y de la vuelta a unas actividades productivas que, tras ser arrasada por el tsunami toda su infraestructura básica, habrán de transformarse en buena medida. El papel de las ONG en el apoyo a iniciativas de desarrollo económico será también muy necesario entonces. No todas las zonas contarán con el impulso de la inversión privada exterior. Proyectos de desarrollo de menor dimensión, líneas de microcrédito o la propia reconstrucción de viviendas en áreas sin riesgo de nuevas olas gigantes son herramientas fundamentales para la reactivación y para salir de la pobreza.

23 de enero de 2005

La Iglesia, la jerarquía y el condón

El mundo camina hacia la mezcla. Y muchas sociedades avanzan hacia la pluralidad religiosa que no existió en su pasado más reciente de la mano de la inmigración y la apertura al exterior. Sin embargo, en países tradicionalmente de mayoría católica que podrían ponerse como ejemplos de libertad religiosa frente a otros países menos tolerantes se mantiene la rémora de una Iglesia que gusta de actuar como si estuviera en un Estado confesional. Por extraño que pueda parecer, en una sociedad que contempla como un logro los valores de la laicidad en el espacio público, una institución de las características de la Iglesia Católica se empeña en comportarse como el perejil de todas las salsas. Demuestran sus miembros más activos una total incomprensión de lo que supone comunicar ideas ante una opinión pública libre, que ha soltado amarras con la religión. Una parte de la Iglesia no renuncia a la estrategia de influir en toda la sociedad, en busca de la impregnación de la misma de un catolicismo ortodoxo; una actitud que podría funcionar en un panorama monolítico de confesionalismo estatal y que no tiene mucho sentido en una sociedad abierta e irremediablemente plural. La no aceptación de que la pluralidad alcanza al interior de la propia Iglesia Católica se sitúa en el centro del problema de una jerarquía eclesial que no se ha adaptado a los tiempos.

La cuestión de las relaciones con la Iglesia Católica es vista habitualmente, desde el ámbito de la política, como una herencia del Estado confesional. Toca transformar los vínculos del Estado con las distintas confesiones en un pilar más de las relaciones con la sociedad, más acorde con los principios del laicismo. En España, el recorrido de veinticinco años de democracia constitucional parece no haber surtido efectos en la actuación pública de la Iglesia: sigue oponiéndose a avances políticos y sociales desde un púlpito moral que no se sabe con exactitud a quien representa, y recibe críticas que casi continúan la tradición de un anticlericalismo hispano tan necesario en otras épocas. La oposición a la cerrazón religiosa es una constante del buen ejercicio crítico de la tradición liberal e ilustrada. Pero, trasladado éste a la actualidad, algo ha empezado a fallar: los representantes de la Iglesia colocan a sus críticos como enfrentados a la propia Iglesia, cuando lo cierto es que la Iglesia ha cambiado y no merece, en un contexto de pluralidad religiosa, una enmienda a la totalidad. Se entiende Iglesia como el conjunto de creyentes de la doctrina cristiana. La jerarquía eclesiástica coloca a sus fieles como escudo para detener las críticas que son dirigidas a ella y no a la Iglesia en general. ¿Nunca han pensado que las críticas de los que llaman anticlericales son compartidas por católicos e incluso por algunos clérigos?

El verdadero problema para la Iglesia es que se abra cada vez más un profundo foso entre la jerarquía y la base. Los dirigentes viven en su mundo de luchas de poder entre obispos y cardenales, a la espera de que llegue alguna señal del Vaticano, y se dejan llevar por la inercia del dogmatismo. El actual estado de inmovilismo sólo ha servido para darle mayor visibilidad a la parte del discurso oficial más reaccionario. La Conferencia Episcopal española ha vivido esta semana un sorprendente episodio de rectificación de lo que podía ser un gran avance. Un portavoz admitió en declaraciones a la prensa el papel del preservativo como medio para prevenir el sida en una estrategia que aconseja también la abstinencia y la fidelidad. En todo el mundo llamó la atención esta aceptación del preservativo que invalidaba la negativa absurda e irresponsable de la jerarquía eclesiástica. La reacción no tardó en llegar y la declaración ha sido corregida: el poder de los prebostes ultraconservadores que saltaron ante la osadía del portavoz episcopal sigue siendo implacable. Incluso alguno ha rizado el rizo de la condena a la inmoralidad del condón, señalando que el objetivo real es «la lucha contra la fornicación». De espaldas a la realidad y enfrentada a la prevención del sida, la jerarquía mantiene su ortodoxia a costa de separarse de la opinión de millones de católicos.

16 de enero de 2005

El futuro de China

Sabemos todavía muy poco sobre lo que se cuece en China. La gran nación que parece destinada a convertirse en la superpotencia del siglo XXI nos pilla a los occidentales con una deficiente visión sobre las implicaciones globales de su desarrollo. En general, se contempla a China desde planos parciales: peso político en Asia, economía de alto crecimiento, pujante influencia cultural. Quizás se considera que el futuro del continente chino estará condicionado por demasiadas incertidumbres, derivadas principalmente de la difícil evolución del sistema político dictatorial, del insostenible salto a un desarrollismo depredador con el medio ambiente o del conocido problema poblacional. Pero, a pesar de los obstáculos que se encuentre por el camino, no hay duda de que el papel de China como actor global en el juego de las grandes potencias será destacado. Habría que empezar a construir una visión integral de lo que ello supone: China se colocará al mismo nivel de influencia sobre el resto del mundo que actualmente ocupa EEUU o en menor medida Europa. El mundo multipolar será casi una realidad obligada, no una teorización sobre el equilibrio de fuerzas tras la caída del bloque soviético. China deberá elegir el modelo de liderazgo que quiere ejercer y los demás deberán afinar las relaciones que mantienen con el gigante asiático.

El PIB chino superará en las próximas décadas al de varias economías desarrolladas. Llegará un momento en que la producción de aquel país supere a la estadounidense. Será un hito pero también algo más: la constatación de que el papel de gran fábrica global que en estos momentos lleva el crecimiento económico de China a cifras espectaculares le servirá para auparse a un liderazgo mundial. Tal cosa se producirá con gran parte de la población en condiciones de subdesarrollo, tremenda paradoja que evidencia las luces y sombras del modelo de capitalismo adoptado, que sitúa a China a caballo entre dos sistemas. El éxito se explica, en cualquier caso, por la aplastante realidad de los números: su demografía es argumento más que suficiente para el mercado de capitales. China atrae y seguirá atrayendo inversiones por la doble realidad de ser una competitiva fuente de mano de obra y, al mismo tiempo, una floreciente sociedad de consumo. Si actualmente son 1.300 millones de chinos los que sostienen a su país, a mediados de siglo serán unos pocos centenares más. La llamada política del 'hijo único' terminará siendo reconocida como un éxito, al retener la superpoblación, y un acierto aún mayor como medida demográfica a aplicar en países que se encaminan al desarrollo si finalmente el propio desarrollo sirve como regulador automático de la natalidad y estabiliza la población.

De la creciente competencia de China en cada vez más sectores, se derivan pérdidas de empleo industrial en los países desarrollados. El fenómeno de la deslocalización ha adquirido rasgos particulares cuando la liberalización del comercio mundial favorece especialmente a la manufactura asiática: se habla del 'peligro chino', no se sabe bien si como competidor o como modelo laboral que muchas industrias tendrían que adoptar en Europa para evitar su desaparición. Es indudable que muchas noticias que nos llegan sobre la influencia china en la economía global generan inquietud. Casi nos ha cogido por sorpresa, por ejemplo, que China salga de compras por el mundo. Un fenómeno imparable que demuestra la capacidad de algunas corporaciones de aquel país para adquirir empresas occidentales: la compra más emblemática seguramente haya sido la de la división de ordenadores personales de IBM. China está invirtiendo en todas las áreas regionales claves, sobre todo en algunas -como América Latina- que le aseguran el acceso a materias primas. Sin embargo, la economía del yuan no es lo único que suscita preguntas sobre su evolución futura. La gran incógnita es la China política. La duda es qué pasos serán capaces de dar los dirigentes y la propia sociedad china para compatibilizar su papel de potencia mundial y una situación interna que se caracteriza por una actual falta de libertad.

9 de enero de 2005

Solidaridad global

La catástrofe del sureste asiático ha impactado con fuerza en la conciencia de la humanidad. Existen razones para ello. El movimiento de las placas tectónicas bajo la isla de Sumatra que provocó el mayor maremoto en muchas décadas en el océano Índico fue de una dimensión inimaginable. Las olas gigantescas o tsunamis alcanzaron las costas de Sri Lanka, Indonesia, Tailandia y otros países de la región con efectos devastadores. Las consecuencias, pensamos, están directamente relacionadas con el grado de subdesarrollo de la zona afectada: es algo constatable en cada desastre natural. Pero en este caso la devastación fue de tal magnitud que la sensación de vulnerabilidad es inevitable. A pesar de la falta de elementos de previsión u otras medidas que habrían aminorado la catástrofe, en todo el mundo se ha visto el maremoto de Asia como una desgracia que podría haberle tocado a cualquiera. Incluso quien cuente con la mayor protección y no tenga motivos para sentirse inseguro en su casa, habrá experimentado, quizás por primera vez, la terrible cercanía de una naturaleza destructora. Nadie habrá podido evitar esta vez un lógico sentimiento de empatía hacia las víctimas de un fenómeno que nos deja desarmados ante la fuerza de los elementos. El tsunami iguala en la tragedia a todos los seres humanos.

Una particularidad del maremoto asiático es la presencia de turistas occidentales en la zona afectada; muchos de ellos se encuentran entre los muertos o los desaparecidos desde el pasado 26 de diciembre. Se ha dicho que si no fuera por esta circunstancia, la atención que le dispensaríamos a lo ocurrido desde los 'países del bienestar' sería menor. Quizás haya mucho de cierto en eso. Pero, por fortuna, la aldea global está haciendo las distancias más pequeñas. La interconexión fundamental entre aquel oriente y este occidente europeo se produce ahora a través del turismo. En las regiones más devastadas suman ya más de 150.000 las víctimas mortales, aunque seguirá aumentado la cifra global por el número de desaparecidos. Pero además muchos afectados directos van a encontrarse con un pérdida que afectará al que es su principal medio de vida: la destrucción de infraestructuras que sirven a las actividades turísticas y del paisaje natural que vendía aquellas costas como el paraíso terrenal. La difícil reconstrucción y vuelta a la normalidad, que realmente tardará años, deberá contar de nuevo con el turismo como forma de relacionar esta parte con el resto del mundo y de llevar prosperidad allá donde las olas arrasaron con todo. Los viajes seguirán siendo una importante ayuda.

La solidaridad que la dramática situación de los millones de afectados ha despertado en todo el mundo es posiblemente la primera mayor expresión de una solidaridad global. No se ha tratado de arrimar el hombro por un país concreto: la ayuda necesaria debe repartirse entre puntos geográficos que distan miles de kilómetros, de Indonesia a Sri Lanka. El sureste asiático concentra también a población de todas las religiones. Los muertos alcanzan a varias decenas de nacionalidades. La imprescindible solidaridad se manifiesta en atención a las grandes dimensiones de una catástrofe que ni una estrategia deliberada de los medios de comunicación podría haber retirado de la primera línea informativa durante estas dos primeras semanas. El volumen de ayuda prometido, sobre todo por parte de los gobiernos, es muy importante. Ahora deberán ponerse a manos a la obra para que llegue y no falte cuando el impacto de la tragedia vaya remitiendo. El trabajo de la ONU en la organización de la misma tiene que ser efectivo; no hay otro organismo capaz de realizar esa complicada labor. El esfuerzo tendrá que ser continuado durante años. La generosidad en las donaciones deberá trasladarse a una sincera preocupación por la protección de estos países: un necesario sistema de alerta y un plan para minimizar el riesgo ante futuros temblores de tierra.

2 de enero de 2005

Quijotesco

Está recién nacido el año y ya le han puesto apellido. Quijote. En un año se pueden hacer muchas cosas, pero si una de ellas es leer la novela cervantina y llenar un cuaderno entero de notas, entonces sí se justifica plenamente el adjetivo. Un año quijotesco. «En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda. El resto della concluían sayo de velarte, calzas de velludo para las fiestas con sus pantuflos de lo mismo, los días de entre semana se honraba con su vellori de lo más fino. Tenía en su casa una ama que pasaba de los cuarenta, y una sobrina que no llegaba a los veinte, y un mozo de campo y plaza, que así ensillaba el rocín como tomaba la podadera. Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años, era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro; gran madrugador y amigo de la caza. Quieren decir que tenía el sobrenombre de Quijada o Quesada (que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben), aunque por conjeturas verosímiles se deja entender que se llama Quijana; pero esto importa poco a nuestro cuento; basta que en la narración dél no se salga un punto de la verdad».