26 de diciembre de 2004

Doce meses de dolor y de esperanza

Únicamente al terminar un año reparamos en la existencia de alguna especie de hilo invisible que hilvana los principales hechos acontecidos durante el mismo. No sabemos por qué, cuando ni siquiera es en sí mismo evidente ese común denominador, se tiene la necesidad de colocar en la misma balanza lo ocurrido en los doce meses que van de enero a diciembre. Siempre hay luces y sombras, según el tópico, pero finalmente no es posible cerrar un balance anual sin considerar que el saldo neto es positivo o es negativo. Ha de arrojar pérdidas o contemplar ganancias: una de dos, de manera irremediable. Aunque, en la obtención de ese resultado, cualquier ejercicio anual -el 2004 es un buen ejemplo- debe soportar arriesgadas transacciones que nadie sabe a priori hacia qué lado se decantarán. El mundo sigue girando y los graves conflictos que hacen que se desangre la confianza en un futuro mejor no cesan. Sin embargo, la muerte y el terror, las tensiones y los problemas enquistados, forman parte del contexto que impulsa a la ciudadanía a avanzar. Siempre es posible dar un paso hacia adelante aun cuando creamos que el fango impide todo movimiento. A lo largo de un año como el 2004, más de un acontecimiento de trascendencia colectiva ha evidenciado el coste que supone aprender de los errores y progresar, tropezar con un obstáculo y corregir el rumbo. Compartimos un planeta que parece ir a la deriva desde hace pocos años, tras el fin de los felices 90. Pero los tragos amargos no se pasan antes por tomar la opción fácil. Sólo pueden ser superados construyendo puentes: vías de comunicación que permitan alcanzar soluciones compartidas a los traumas que aquejan a la humanidad. Una alternativa costosa, ciertamente, aunque la única de verdad efectiva.

2 comentarios:

plagas dijo...

"Construyendo puentes..."
Lo que es aquí, han construido varios que se han caído justo cuando pasaban los confiados automovilistas que se cayeron unos encima de los otros denro del río. Y sólo era porque los pernos del puente estaban mal apretados. Le costó el puesto a ministro de obras públicas.
Así que no sólo sería construir, sino hacerlo adecuadamente, tú me entiendes.

David dijo...

Claro, acepto el matiz. Si queremos que los puentes duren, tenemos que procurar que los materiales con que se construyan sean los mejores posibles. Un buen arquitecto también es necesario.