5 de septiembre de 2004

Masacre en Beslán

Cuando el horror llega a nuestras casas por medio de un secuestro televisado, la capacidad para comprender por qué en el Cáucaso una escuela no es un lugar seguro se ve muy limitada. La repugnante determinación de un grupo de terroristas ha llevado a que el mundo contemple una nueva masacre en Osetia del Norte, lugar que habría continuado perdido en el mapa de las regiones del sur de Rusia si no fuera por su cercanía a Chechenia. Asimilar un número superior a trescientos de muertos y varios centenares de heridos es aún más difícil si se recuerda que son niños la mayoría de las víctimas de la barbarie: más inocentes aún que otras víctimas, y representantes de la generación que habrá de convivir en aquella zona del planeta durante muchos años intentando superar el actual conflicto. El horror que despiden las imágenes de esta semana en Beslán puede confundirse con la sangre que empapa demasiados de los relatos de actualidad de estos tiempos. El terrorismo provoca el mismo dolor en cualquier parte del mundo. Las particularidades, sin embargo, no pueden ser obviadas. Chechenia es un conflicto con historia. Sin ánimo de querer utilizar la matanza para repartir las culpas, hay que recordar también en este momento qué política se ha llevado a cabo para terminar con la violencia, cuán equivocada ha sido la estrategia del gobierno de Moscú y dónde se sitúan los límites de una lucha antiterrorista aceptable por la comunidad internacional.

En la prensa se ha reflexionado tras la tragedia desafiando la tentación de simplificar el atentado. Estos dos últimos párrafos se completan con fragmentos de lo publicado al día siguiente que son ejemplos de ello. Será conveniente insistir en esa línea frente al plano ideario antiterrorista del 'fin justifica los medios' que se impone en otros lugares. «El conflicto checheno, enquistado, se caracteriza por la permanente presión de una maquinaria de terror, el Ejército ruso, que opera con absoluta impunidad, por una farsa de gestación de nuevas instituciones que -se diga lo que se diga- disfruta de un apoyo popular menor y por un dramático acogimiento de las potencias externas al doble rasero, al todo vale, de nuevo, y a la defensa de los intereses más obscenos.» «Cuando llegó al poder en 1999, Putin aseguró que acabaría con los secesionistas chechenos por las malas más que por las buenas. Tal política ha sido un fracaso rotundo. La situación es ahora mucho peor que antes y la actual escisión del movimiento separatista checheno no facilita una pronta solución.» «La posible participación de terroristas extranjeros ratificaría viejas acusaciones de Putin, sí, pero, al mismo tiempo, debilitaría la postura del presidente ruso, que describe el problema como de orden interno y se niega a admitir la intervención de la comunidad internacional a través de la ONU.» «La tragedia ofrece un perfil pedagógico: esto no es la resistencia chechena, aunque pretenda servir sus intereses políticos. Es un chantaje inmundo con niños de por medio, un récord de villanía y de inmoralidad.»

«La rigidez de Moscú, la miopía de Shevardnadze cuando era presidente de Georgia, la imprevisión y la falta de conocimiento profundo y de visión estratégica están convirtiendo a ese rincón de Europa en un polvorín del que los medios no se preocupan lo suficiente.» «Moscú ha defendido una política de tierra quemada, de tal suerte que en los últimos diez años ningún recinto del planeta ha experimentado un grado de destrucción, y una cifra porcentual de muertos, equiparable.» «La resistencia chechena, que defiende una causa respetable en sí misma y que antes se limitaba a contragolpear a todos los regímenes rusos (zaristas, comunistas o el actual, formalmente democrático) ante las agresiones a su reivindicación nacional, ahora actúa sumergida en un fanatismo radical musulmán. La influencia y el carisma de los combatientes chechenos que regresaron de Afganistán hicieron posible esta derivación indeseable.» «Los atentados terroristas chechenos son condenables y sus autores deben ser perseguidos, pero no podemos caer en la confusión de problemas que son distintos. La amenaza del terrorismo islamista debe ser vencida, pero la incardinación de Chechenia en Rusia requiere de diálogo.» «Los abusos que cometió la desaparecida Unión Soviética en los que entonces eran conocidos como sus «países satélites» le obligaron a la larga a tener que abandonarlos, dejando tras de sí un estigma que tardará varias generaciones en desaparecer. Si ahora la nueva Rusia no quiere repetir el mismo proceso, tendrá que seguir otras pautas completamente distintas.»

4 comentarios:

Anónimo dijo...

En mi blog he hablado varias veces del conflicto checheno (es una región que me apasiona y pienso es muy desconocida), sobre todo en perspectiva para comprender esta compleja encrucijada caucásica. Después de la barbaridad de Beslam me he decidido a analizar poco a poco algunos de los tópicos y mitos, que creo existen en nuestros medios de comunicación.
Si os interesa: www.pasalo.blogia.com
Enhorabuena David por Postdatas y Diario de un aspirante a tertuliano, y perdón por la autopublicitación.

Joseba

David dijo...
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David dijo...
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David dijo...

Interesantes, sin duda, las desconocidas claves del conflicto checheno. Siempre nos faltará información para entenderlo.

Por cierto, gracias.

Un saludo.