2 de mayo de 2004

Amartya Sen y la ética económica

La economía como moderna ciencia social tiene apenas dos siglos de vida. Pero la historia de la economía es tan antigua como lo son los primeros razonamientos del hombre sobre sus condiciones de vida. En la Ética Nicomaquea de Aristóteles ya tenemos constancia del término -de origen griego- que se utilizaría con posterioridad para definir la ciencia de la satisfacción material de necesidades. La economía era para el filósofo griego, junto a la ética y a la política, parte del ámbito de la Filosofía Práctica. Existe por tanto un vínculo inicial entre la ética y la economía, a través de los fines humanos que subyacen al desarrollo de ésta. La ética entra en relación con el estudio de la economía hasta que en la época posterior a Adam Smith que llega hasta nuestros días se produce un profundo distanciamiento entre ambas disciplinas. De manera negativa para los avances que se producirían en uno y otro campo, la ética y la economía toman caminos distintos, siendo el enfoque técnico el predominante en los análisis de la economía moderna en perjuicio del enfoque ético, que sólo unos pocos autores -aunque de gran relevancia- mantuvieron vivo durante décadas hasta que en épocas muy recientes ha sido retomado su estudio.

Y todo ello ocurre a pesar de que Adam Smith, el 'padre' de la economía, fue catedrático de Filosofía Moral en una universidad escocesa. Sin embargo, el pensamiento económico que predomina en la etapa que habría de alumbrar la valiosa aportación de Smith ha empobrecido a la economía, en tanto que se dedicó a construir un andamiaje teórico que se ha mostrado incapaz de dar respuesta a algunos de los grandes problemas pendientes de ser resueltos por esta ciencia. La separación de las ideas económicas de la ética, de los juicios morales, es una de las causas de que el desarrollo producido en la economía siga sin aportar soluciones al hambre, a la miseria y al subdesarrollo. El economista Amartya Sen, en su imprescindible obra Sobre ética y economía, expone el fundamento del problema: «No hay ninguna justificación para disociar el estudio de la economía del de la ética y del de la filosofía. La economía puede hacerse más productiva prestando una atención mayor y más explícita a las condiciones éticas que conforman el comportamiento y el juicio humano». Ocultando las consideraciones éticas, la teoría económica se ha mostrado deficiente incluso para explicar la realidad en los términos más simples.

Para evitar el análisis de una realidad humana compleja, la economía ha glorificado el supuesto de la motivación egoísta, extendiéndolo a todas las acciones económicas. Es sólo una parte de la verdad: el 'hombre económico' no solamente se sale en ocasiones de los patrones de la racionalidad, sino que está en su naturaleza no comportarse siempre bajo el restringido supuesto de la búsqueda del máximo interés propio. Adam Smith generó una cohorte de defensores del egoísmo como explicación del comportamiento económico a pesar de que su misma obra niega la simplificación del conjunto de motivaciones mediante el arquetipo del agente egoísta. La dimensión ética encierra enormes complejidades, pues el 'homo economicus' habrá de moverse por egoísmo o por otros objetivos según el caso, y el análisis científico deja de ser tan simple como muchos quisieron hacerlo. Pero sólo integrando la ética en la economía se puede avanzar en el acercamiento a la realidad. Las normas y valores que guían el comportamiento colectivo tienen, por lo demás, un papel decisivo en el desarrollo de las sociedades. Lo que incita aún más a la economía a preocuparse por las consideraciones éticas como factor indispensable de su análisis.