28 de mayo de 2003

Balance tras las elecciones
La relatividad que se aplica al análisis posterior al domingo de elecciones da resultados insospechados. Todo depende del referente -arbitrario- que elijamos para la comparación: ahora no hace más que hablarse de las 'expectativas', y tal es el vuelco que las urnas parecen haber dado a «lo que todo el mundo esperaba» que el ánimo y la valoración vienen siendo estos días los contrarios a los que el resultado matemático indicaba. La opinión general, desde luego, está atendiendo más que a lo que declaran los portavoces de los partidos -los inefables Arenas y Blanco- a la cara que ponen unos y otros; así, el PP no ha estado tan mal, y es por ello que ponen cara de «no hemos ganado, pero gracias a que Ánsar los tiene 'bien puestos' nos hemos salvado del desastre», y el PSOE no ha mejorado lo previsto, de manera que en el rostro se les nota ese ánimo de «hemos ganado pero no estamos para tirar cohetes». El factor simbólico relega, además, la victoria en número de votos a un segundo plano frente a la exhibición de trofeos, y ahí el Partido Popular puede presumir de que mantiene la mayor parte de su poder territorial. El juego de las comparaciones siempre es tramposo, porque con la perspectiva de los resultados de 1999 los socialistas se podrían sentir frustrados, aunque en aquella ocasión no les fue nada mal. Pero si miran el batacazo del año siguiente, podrían celebrar perfectamente la remontada de 11 puntos que les permite estar por delante del PP.

A pesar de todo lo que se decía, sabíamos que en cada municipio primaba la elección del alcalde con criterios locales por encima de factores generales. El plebiscito que Aznar quería no le ha servido en bandeja un respaldo pleno: bien al contrario, ha dejado a su partido -en el momento de la traumática 'sucesión'- una derrota en el cómputo general de votos que no sufría el PP desde hacía 10 años. Y si mal estaba la oposición tras las generales de 2000 en que fue barrida por la mayoría absoluta, tampoco ahora debe fustigarse por no alcanzar esas famosas 'expectativas' previas, cegadas por la euforia. Es indudable, por ejemplo, que los socialistas han revitalizado el apoyo a su partido en casi todo el país. No les han llovido "votos de la guerra", como quizá sí ha aprovechado Izquierda Unida para evitar la caída libre en que estaba, pero de alguna manera han relanzado la 'marca' electoral, algo en lo que el centro-derecha les lleva ventaja desde que la imagen PP caló en la sociedad a mediados de los 90. De ahí viene esa fidelidad que ahora resulta llamativa: el PP ha movilizado a su electorado; y en los momentos difíciles es cuando menos le falla, como le ocurrió a Felipe González en el 93. La principal conclusión, para no olvidar: los dos grandes bloques del bipartidismo tienen bases muy sólidas, que garantizan a ambos partidos un suelo electoral sustancialmente elevado incluso cuando es previsible un retroceso coyuntural a modo de castigo.

Dice Aznar, el mismo que ya nada se juega en las urnas, que Zapatero ha sido el gran perdedor. Suena raro ese triunfalismo en el PP, ¿tanto lo necesitaban? Dígase lo que se diga, el líder del PSOE ha ganado en varios frentes: se consolida internamente en el partido, cosecha una victoria por votos y lanza su imagen como candidato para el 2004. El éxito es haberle dado un cambio a la tendencia, después de la sangría de votos vivida desde que están fuera de La Moncloa. Y para optar a las generales, lo que no necesitaban en el PSOE era una excesiva euforia: les vendrá mejor una recuperación lenta del electorado. Porque si Zapatero quiere ganar tendrá que presentar su propio proyecto, y aún tiene tiempo. Ejerciendo una crítica simple al Gobierno no va a ganar más votos de los que ya tiene. Necesita generar confianza entre todos sus potenciales votantes y un renovado proyecto de alternativa al PP. El PSOE demuestra tener posibilidades de ganar, y ahora tendrán que trabajar en serio para ello. En el PP, por otro lado, se equivocarán si ven en los resultados un refrendo del belicismo y el autismo del poder; no hay castigo, pero tampoco premio. Como siguen con la cantinela de la oposición 'radikal', es más que probable que subestimen una posible estrategia de Zapatero que consiste en ganar primero votos por la izquierda e ir después por los del centro. A lo mejor es el 'radicalismo' del PP el que deja de convencer de aquí a un año. ¿Sabrán sacar los políticos conclusiones inteligentes de los resultados de las urnas?

25 de mayo de 2003

Elecciones del 25M
Ya fui a votar, y percibí en el colegio electoral ese aumento de participación que se calcula. Se dice que había ganas de ir a las urnas; lo cierto es que también en ese sector habitualmente abstencionista, los jóvenes, que los estudios posteriores trataran de radiografiar, había una participación notable. No hay más que contar hasta dentro de unas horas... ¿Quién se acercará más en la porra? Mi apuesta, de hace un mes: PP (32%); PSOE (38%); IU (7%). (Quizá preveía un hundimiento del PP que ahora se ve más improbable; veremos qué pasa).

Noche electoral: ¡Noche ideal para los portavoces de los partidos! Al final, las elecciones han pintado un panorama que permite a todos decir que han ganado y, en consecuencia, nadie ha perdido... como de costumbre. El dato más destacado creo que será el mayor número de votos del PSOE en las municipales. Aunque hay que tener en cuenta que, siendo preponderante como ha sido el criterio local frente a cualquier otra consideración a la hora de elegir alcaldes y concejales, no se ha abierto una gran brecha entre los dos grandes partidos. El PP no sufre una debacle electoral, puesto que localmente sigue en buena forma, y el PSOE sube lo justo. Aun así se deberían dar por satisfechos, porque el respaldo bajo mínimos que obtuvieron en las generales de 2000 se ha reavivado con esta victoria que les mantiene en la batalla por la Moncloa. Sin embargo, este puzzle municipal y autonómico va a dar lugar a mil interpretaciones. ¡Hay que estar preparados! Si no, nos terminarán convenciendo hasta de que Ánsar ha salido la mar de favorecido en la foto electoral. Y eso, realmente, no ha ocurrido.

18 de mayo de 2003

Crónica de campaña
Queda una semana para que las urnas estén cerradas y todo el pescado vendido. Tengo sobredosis de mítines, eslóganes y reclamos electorales: cualquier intento que hago por analizar el devenir de la campaña se me termina pareciendo más a la crítica literaria del folleto de ofertas del super de la esquina o a la autopsia del libro 'Cómo arengar a las masas sin hacer uso de la inteligencia', que a un artículo sobre las elecciones. Cuando logre recomponer los pensamientos que se me amontonan en el cerebro sobre la nunca bien ponderada labor de los estrategas electorales de los partidos, escribiré algunas líneas más. Seguiremos informando.

20 de mayo: Es martes y faltan cinco días. La retórica no es un arte que brille especialmente en campaña. Cualquiera con un poco de tiempo libre podría ponerse a clasificar la infinidad de frases huecas que se escuchan estos días, lo mismo para prometernos el paraíso terrenal que para descalificar burdamente al adversario. En ambos casos se opta por no hacer trabajar las neuronas del electorado. Al fin y al cabo, una gran parte del voto ya está decidido: este espectáculo de exaltación partidista sólo sirve para fijar a los convencidos o para decantar a un pequeño sector de los indecisos. Las encuestas, como de costumbre, han alumbrado bastante poco. Aunque coinciden en un virtual 'empate' técnico y en que aún hay muchos indecisos. Lo del empate nos recuerda que los datos relevantes, los del 25 por la noche, serán sometidos a las más variadas interpretaciones: no habrá empate, eso seguro, pero el que pierda nos hará creer que, de 'algún modo', ha ganado él también. En cuanto a los indecisos, estoy convencido de que la mayoría de quienes no eligen la papeleta hasta el día de introducirla en la urna son refractarios a toda esta movida de las campañas. Para decidirse, ya tienen elementos de juicio suficientes en lo ocurrido en la última legislatura. Y es que en ocasiones, una campaña de vencedores 'sin complejos', como la que está haciendo el PP, puede ser contraproducente para sus intereses. El ejemplo: ese indeciso que cada vez que el líder carismático irrumpe en su televisor, durante esos minutos mitineros que la televisión privada que controla le regala descaradamente, se convence de que debe ir a votar, porque no soporta que un tal Ánsar irrumpa con sus cabreos en el salón de su casa. Si el domingo, piensa, se lleva un cabreo monumental con los resultados, lo mismo este país duerme más tranquilo. Cuanta menos abstención haya, mejor.

22 de mayo: Queda poco para el cierre de campaña: los políticos quizá disfruten con el tour de mítines, o los candidatos con el reparto de propaganda por la calle y por los mercados, pero el pueblo soberano se cansa, se desespera, está harto de dos largas semanas de consignas, zapea. A pesar de las insólitas escenas de los políticos acercándose a la gente corriente con actitud humilde para suplicar el voto. Ya las campañas no son para exponer programas: reconozcámoslo. Y si en estas municipales se habla tanto de política general, no es sólo porque los grandes líderes las quieran convertir en primarias: sabemos que votamos a alcaldes -y bien que los juzgaremos en las urnas-, pero el voto lleva implícita una toma de posición sobre el mundo ineludible. La política local es especialmente peculiar en una democracia, está más cerca que ninguna a la gente, quienes se presentan son gente conocida en función del tamaño de la localidad, y también nos invita a dar el visto bueno o el castigo al panorama general. Convivencia es la del barrio y la del planeta; seguridad es la de los mares y la del casco urbano; la política participativa o la vivienda dependen de una misma filosofía de gobernar y relacionarse con el poder económico -para favorecer la especulación o para primar el interés público. ¿A quién extraña que el voto del domingo tenga, en parte, una vertiente de veredicto al gobierno? No hay que negarlo, ahora que se está acabando el tenderete electoral: nuestro querido Ánsar juzgará el resultado, si se da el caso, como una medalla que colgarse en la solapa tras la foto de las Azores. Votar a la contra, voto útil, en conciencia, el menos malo... todo es válido, pero lo asombroso es no ser consecuente cuando toca definirse. Así que quien no quiera lamentar después esta 'farsa democrática' en la que a pesar de la que ha caído nada se mueve y blablabla, ya sabe lo que tiene que hacer el domingo.

11 de mayo de 2003

Corea del Norte y los negocios de los amiguetes de Bush
Mientras en Irak siguen sin aparecer las armas de destrucción masiva, las miradas están puestas en el armamento y en la capacidad de defensa de los países involucrados en nuevas posibles batalla de la 'war on terror', la cruzada de la Administración Bush y sus acólitos humanitarios. Junto a la incógnita de Siria o la arriesgada pieza iraní de la 'reorganización' americana del mapa de Oriente Medio, está el régimen estalinista de Corea del Norte. Los asesores belicistas de Washington ya han marcado con insistencia las escalas necesarias para acabar con el 'eje del mal'. Aunque la prudencia que el tiempo impone al Pentágono, con la urgencia de recomponer un mínimo consenso en la ONU y la necesidad de mantener los apoyos recibidos en la guerra iraquí -escasos pero ciertos- en el futuro, hace que ahora todos los esfuerzos se centren en la posguerra y la administración de Irak. Cuando las encuestas a escala mundial reflejan que la operación militar de EEUU sigue sin convencer, toca demostrar la capacidad para sacar adelante un país con los criterios neocoloniales tan en boga e instaurar la libertad de nuevo en Irak... aunque no sabemos de qué modo si al mismo tiempo pretenden mantener a raya a los chiíes.

Como piensa la mayor parte de la opinión pública, esta guerra quizá no haya sido lo más conveniente para la seguridad y la democracia en el mundo, pero desde luego sí para la cuenta de resultados de las empresas que han obtenido contratos. El mantenimiento del orden es tarea de las diversas potencias ocupantes que Bush mira con más simpatías, y que recibirán como premio las subcontratas. Sin embargo, los primeros trabajos de reconstrucción civil y económica ya fueron adjudicados a dedo a empresas como Halliburton o la multinacional Bechtel (600 millones de dólares, ésta última), vinculadas a Dick Cheney y otros ex altos cargos del Gobierno, en un pintoresco ejemplo del llamado acertadamente 'capitalismo de amiguetes' que tanto gusta a estos adalides de la libertad. Tras el episodio iraquí y el posible ridículo de la operación de desarme, es probable que llegue a nuestras pantallas una nueva amenaza: la de los siniestros norcoreanos que esclavizan a su pueblo con el arma del comunismo, pero que son malos porque tienen armas nucleares -no por mantener un régimen tan cercano al imaginado por Orwell con el tirano Kim Jong Il al frente. También en este caso la estela de los negocios sobrevuela una crisis política.

Como hemos conocido por un artículo de The Guardian firmado por Randeep Ramesh, una empresa en cuya dirección figuraba el actual secretario de Defensa estadounidense, el simpático Donald Rumsfeld, se benefició de un contrato de 200 millones de dólares con la venta de dos reactores nucleares a Corea del Norte en 2000. Un par de años más tarde, el país entra en el 'eje del mal' por sus intentos de fabricar bombas atómicas. La política de disuasión de la época Clinton permitió el negocio con el gobierno de Pyongyang por parte de la transnacional de ingeniería ABB, con Rumsfeld como director. Se pretendía apaciguar al régimen norcoreano tras la crisis nuclear de 1994 con el restablecimiento diplomático, y la venta de estos reactores eran un elemento más de la cooperación económica en favor de las infraestructuras del país. Pero con el jugoso contrato de la empresa del ahora 'halcón' del Pentágono se ha permitido a Corea del Norte la producción de plutonio, elemento que tan solo necesitará ser enriquecido para que les sirva en la fabricación de armas nucleares. La nueva política de Bush consiste, básicamente, en reconocer como un error la confianza depositada en Pyongyang y mantener las espadas en alto.

Tras los acuerdos con Clinton, en la etapa de los 'países gamberros' la Administración estadounidense ha lanzado mensajes suficientemente claros como para que el régimen de Kim Jong Il se haya visto en la tesitura de mostrar de nuevo su fuerza, abriendo otra vez una posible crisis nuclear. La amenaza es grave, y el riesgo que EEUU ve en esa península asiática, tan cerca de Japón y China y tan lejos del petróleo, donde también está Seúl como aliado, han llevado a una negociación diplomática. Pero la sensación que deja a todo el mundo este episodio es que la industria occidental no hace otra cosa que armar regímenes dictatoriales para después declararles la guerra, 'liberar' a su pueblo y reconstruir el país para mayor gloria de las empresas amigas. Esta fórmula del negocio sobre negocio, con la política exterior de Estados Unidos como pretexto, puede volver a repetirse. La seguridad mundial es el objetivo que alegan los gobernantes cuando administran los 'peligros' con tal tino que los beneficios de algunas grandes corporaciones siempre sean óptimos. La sucia relación entre negocios y gobiernos deja a pocos intactos, incluido el amigo Ánsar. Aunque ahora The Economist se ha fijado en el caso más escandaloso, al argumentar que Berlusconi no es digno de presidir la UE... Lo peor es que ya lo sabíamos.

7 de mayo de 2003

La caricatura de Ánsar
Los autores de sátira política de este país gobernado por el líder galáctico más inconmensurable de todos los tiempos están desolados. La propia realidad les chafa cualquier idea ingeniosa, y en cada declaración del inquilino de la Moncloa se nos ofrece una caricatura del guiñol del plus, a través del discurso encendido fruto del delirio de algún asesor haciendo méritos. Que le aparten esas pastillas al escribidor de consignas 'peperas', por favor. Nuestro presidente ha vivido una metamorfosis imperial desde que le canta al oído al perturbado de la Casa Blanca. Ese acento tejano, esa mirada de arrogancia preventiva, le delatan. Ahora es Ánsar, el campeón de las Azores, y quiere ser protagonista, a modo de plebiscito, del 25M. Pero ya nadie lo reconoce como aquel al que votamos todos con la 'regeneración democrática' bajo el brazo. Sus lecturas joseantonianas de joven rebelde se le han cortocircuitado, en el año del glorioso centenario, con los ímpetus 'neocons' de los halcones y el tonillo, entre curil y de maestro que riñe a sus alumnos, de los adalides de la 'santa intransigencia' opusiana. Todo ello viene a ser como la versión celtibérica de la 'marea retro' occidental, de ahí que, llegando la campaña, se sacan los discursos del miedo. Son recursos electorales para animar a sus votantes a ir a las urnas, tocando la fibra sensible, y ahí Ánsar es un experto: el gran crispador. Así que, preparaos que hemos ganado la guerra y, si perdemos las elecciones, ya veréis lo que os espera, el desastre: la España roja y rota. Cuidadito con los socialcomunistas que ya sabemos lo que pasó en el 36. Tal artillería verbal se le antoja a cualquiera un exceso. Correlato lógico: en el PP creen que somos todos idiotas, o en su defecto oyentes de la COPE que asisten a misa diaria para comulgar con los dogmas de Losantos & cía. El ciudadano medio desconfía de estas argucias propias de trileros que juegan con el escurridizo miedo. Ánsar despotrica que da gusto contra la oposición, pero sin percatarse de lo que se le escapa por el centro. Aunque lo mismo le da: a Él sólo lo juzgará la Historia.