29 de junio de 2003

El siglo de Orwell
Pocos escritores han visto tan marcados los más relevantes acontecimientos del siglo XX con el sello dejado por su obra como el británico Eric Blair, que todos conocemos como George Orwell. La literatura a disposición de una causa antiimperialista, o antifascista después, es un rasgo de la intelectualidad que vivió las convulsas décadas centrales del pasado siglo; sin embargo, la distinción que una decidida iniciativa por vivir la historia en primera línea de batalla proporcionó a Orwell, ha constituido tras su muerte la erección de su figura como exponente de intelectual honesto que, sin renunciar a sus ideas izquierdistas, supo en el momento oportuno dirigir la más contundente crítica al estalinismo. Quizá más citadas y renombradas que leídas, sus novelas '1984' y 'Rebelión en la granja' han recorrido los años para dejar testimonio a las generaciones futuras del horror que el totalitarismo o el despotismo 'revolucionario' traen siempre que el pensamiento político se vuelve contra la propia libertad humana. Olvidados, o no tanto, los escenarios 'reales' que inspiraron a Orwell, el pensamiento antiestalinista del escritor nos ha legado inmejorables alegatos a favor de la democracia, que en otros contextos suponen una constante llamada de alerta: las temibles tentaciones que llevan a una sociedad a adorar la vigilancia del 'Gran Hermano', cuando creamos sintomáticas 'neolenguas' o extendemos consignas como 'la guerra es la paz'; o la inquietante frase en la pared de la granja de animales, «Todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros».

Pero la obra de Orwell no nos ha llegado como un mensaje en una botella, porque su significado irá irremisiblemente unido a la vida del autor. Ahora que se cumple el centenario, se recuerda que siempre dejó claro su deseo de no ser biografiado; a pesar de lo cual, la experiencia vital de Orwell ha interesado a cuantos lo han leído. Su estancia en Barcelona en 1937 marcó su forma de pensar, y dio lugar al 'Homenaje a Cataluña' y a su esclarecedora visión sobre la contienda donde sufrió el ambiente de enfrentamiento entre republicanos, el cual le condujo a sucesos típicamente estalinistas de eliminación del adversario. [En La Insignia están publicados, en su sección Diálogos, algunos «Recuerdos de la Guerra Civil española»]. Orwell decía que todo escritor tiene cuatro motivos para escribir: el 'egoísmo agudo', el 'entusiasmo estético', el 'impulso histórico' y el 'propósito político'. Reconoce que para una persona como él era inevitable no subordinar las demás razones a la motivación política, tan intensa en una época de tiempos agitados que puede llevar a un reconocido escritor a convertirse en panfletista. Ser testigo del momento es siempre un estímulo intenso que invita a dejar huella en el pensamiento de la época. Afirma Orwell al explicar por qué escribió: «Cada línea seria que he escrito desde 1936 lo ha sido, directa o indirectamente, contra el totalitarismo y a favor del socialismo democrático, tal como yo lo entiendo». «Cuanto más consciente es uno de su propia tendencia política, más probabilidades tiene de actuar políticamente sin sacrificar la propia integridad estética e intelectual»