20 de marzo de 2003

Misiles sobre Bagdad (bis)
Ya ha empezado. Era una guerra anunciada. Aunque algunos serán capaces hasta de mostrar sorpresa ante la lógica victoria, rápida y contundente, del mayor ejército del mundo frente a los iraquíes. La fascinación ante estas demostraciones de fuerza cautivará a más de uno de esos dubitativos partidarios del aznarismo, que no dudarán a la hora de sumarse al carro de los vencedores. Pero lo cierto es que todos estamos en el mismo barco. Y este es un momento en el que querrán militarizar el pensamiento. Dice Aznar que no hay 'espacio para la neutralidad ni para la indiferencia'. Que tenga por seguro que a nadie le será indiferente esta guerra ilegítima. Ahora bien, que se olvide de alejar a la que para The New York Times es la otra potencia mundial junto a EEUU, a la opinión pública global, de esta neutralidad obligada. Nadie estará junto al sátrapa Saddam cuando caiga. Y una mayoría tampoco apoyará a los aplaudidores del ataque a la legalidad internacional perpetrado por esta alianza de secuaces del poder unilateral estadounidense. Veremos ahora quién tendrá que recoger los platos rotos de las instituciones mundiales. En una guerra como esta, cuando todo el mundo está pendiente minuto a minuto a través de los medios e internet, se eleva hasta el infinito la posibilidad de intoxicación informativa. Noticias falsas e interesadas que pondrán la mentira al servicio de la manipulación de la opinión. Una propaganda a mansalva con la que muchos silenciarán la gravedad de esta quiebra de las reglas del juego. Habrá bastantes cómplices de esta indignidad. Atentos.

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