30 de marzo de 2003

Los iraquíes se resisten a la benéfica «acción humanitaria»
Pues la cosa no va tan bien como se creía ¿no? Por lo pronto, ha existido una total falta de previsión de la capacidad de resistencia de los iraquíes. Cachis, habrá que dejar las loas al paseo militar en un rincón, junto a las flores y las banderitas de bienvenida a los 'libertadores'. Pero ¿es que de verdad confiábamos en un desmoronamiento sin dificultades del régimen, una llegada rápida a Bagdad y una acogida de la población, rebelándose contra Saddam, tan favorable a la invasión? Todas estas ideas dan cuenta del poder de la propaganda. A pesar de todo, la realidad es cruel y despiadada con la estrategia de comunicación de Washington, y la información que nos llega, contrastada con la que suministran los medios árabes, da cuenta de todas las mentiras de esta guerra. Tan es así que se ha esfumado de inmediato la imagen creada para que la contienda fuera de fácil digestión occidental. Y es que, además, la realidad es demagógica: ya sea a través de televisión o internet, vemos reflejados los escenarios dantescos y los efectos espectacularmente destructivos sobre las ciudades de la lluvia de bombas que se viven en Irak. Los horrores de este ataque radicalmente injusto quedarán grabados en las mentes de los ciudadanos a pesar de todo. Ya es evidente, sin necesidad de encuestas, que el apoyo muy minoritario a esta intervención no sumará más que a los entusiastas convencidos del belicismo 'rumsfeldiano' en la imposible batalla de Aznar y Blair contra sus opiniones públicas.

Estamos viendo que las fuerzas angloamericanas padecen en sus propias filas también una realidad bélica que no es como la de un videojuego. Nuestra sociedad sigue indignada los combates o la que será terrible batalla de Bagdad, pero quizá no es del todo consciente del trasfondo de esta pesadilla: el sufrimiento inmenso de toda una población. Esa modernidad que abanderamos la utilizamos para alimentar este drama colectivo: una población atemorizada, a la que se lleva a ser protagonista del enfrentamiento con la promesa, que mueve al sarcasmo por lo 'humaritario' de esa reconstrucción tras la devastación y se convierte en obscena en la planificación del reparto del botín, de un paraíso democrático para los iraquíes. Será difícil ganar la paz tras obtener la derrota del régimen de Saddam Hussein. El drama será el de un país 'pacificado' y 'democratizado' sin haber procurado la reconstrucción moral: los 'libertadores' occidentales dejarán una estela de odio, violencia incontrolable y heridas profundas en el sentir general de media humanidad. Mientras tanto, no podemos cejar en la trágica contabilización de las víctimas civiles o en la constatación de que la tecnología comete tantos errores que ya ningún iluso creerá más en una guerra 'limpia' y 'quirúrgica'. Desmontar las argucias retóricas que encubren la colosal falacia de esta 'guerra de liberación' es la necesaria tarea que ocupa estos días, con su particular ironía, a La Página Definitiva en el seguimiento de la llamada Acción Humanitaria Conjunta. No se lo pierdan.

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