31 de octubre de 2002

Brasil: revolução democrática
Ganó Lula, y todavía hay quien se sorprende. No hacía falta ser adivino: llega un momento en que la gente se cansa de más de lo mismo. Quedó alguna duda hasta los resultados de la primera vuelta. Y esa incertidumbre era lo único que justificaba los vaivenes en las bolsas previos a la elección. Sin embargo, el veredicto que se desprende de las urnas parece tomado con la firmeza de las decisiones ilusionantes: definitivamente los brasileños han optado por una inyección de optimismo. Mientras tanto, las comparsas del fatalismo de siempre se han dedicado a aliñar los argumentos del intento de golpismo financiero protagonizado por ese capital que fluye agraciado por los vientos favorables de las políticas neoliberales. No tienen remedio: las llamadas al catastrofismo y las prevenciones mostradas desde el exterior lo que han hecho precisamente es reafirmar el voto de muchos electores.

No hay razones: que me expliquen dónde reside la maldad congénita de este metalúrgico convertido en líder de masas. Sí, ya sabemos que es un 'peligroso' izquierdista. Pero olvidando las fobias sectarias de quienes le atacan, está claro que Lula trae bajo el brazo lo que ese país necesitaba: confianza en su propio futuro. Brasil es una gran potencia económica, y si su grandeza demográfica y humana se lo permite, va a influir en el futuro mucho más que ahora en todo el mundo. Su papel central en el proceso de desarrollo del continente hace que Brasil sea hoy quizás la primera escala electoral de una izquierda latinoamericana. Luiz Inácio Lula da Silva va a ser un dirigente convencido en llevar adelante su proyecto, marcando distancias con las influencias externas de las instituciones (FMI y otras) que han impuesto políticas neoliberales inspiradas por EEUU en toda la región. En esta misma línea, es factible que otros países opten también por este cambio.

El neoliberalismo ha dejado insatisfechos a una gran masa de ciudadanos. ¿Para qué dedicar tantos esfuerzos al crecimiento si la riqueza al final no se redistribuye entre todos? Brasil necesitaba que la brecha entre la élite rica y el océano de pobres dejara de ser considerada un factor fuera de las verdaderas prioridades. La izquierda ofrece este compromiso con el país: llevar el impulso económico de toda la sociedad a cada uno de sus ciudadanos. Y ahora y no a medio plazo, porque es posible y no una utopía. La derecha seguirá postergando ese objetivo de reducir la desigualdad a algún momento indefinido del futuro: se conseguirá 'con el tiempo'. Lula representa una apuesta muy concreta: el crecimiento y la generación de riqueza en Brasil deben darse con más igualitarismo. Millones de trabajadores y significativos sectores sociales y de las empresas del país le han dado su apoyo. Que sea para bien.

25 de octubre de 2002

Esclavos cara al sol
La legitimidad democrática que fue arrebatada a la República por el golpe militar de 1936 fue conservada en el exilio a través de instituciones republicanas que, finalmente, en 1977 traspasaron su simbólico mantenimiento de la legalidad constitucional a las nuevas Cortes democráticas. Si a pesar de los años transcurridos, nuestros representantes están ahí para hacer justicia, reconforta leer noticias como esta: «El Congreso de los Diputados aprobó ayer por unanimidad una declaración para honrar la memoria de los republicanos españoles que fueron condenados a trabajos forzados entre 1937 y 1970, aunque el Partido Popular se opuso a aceptar las compensaciones económicas propuestas por el resto de los grupos parlamentarios». Ya el tema de la justicia económica molesta a algunos, pero al menos no ha quedado este episodio enterrado entre tanta desmemoria histórica.

De reconstruir y divulgar estos hechos se encarga el periodista Isaías Lafuente en su libro «Esclavos por la patria». Nada menos que unas 400.000 personas fueran explotadas por el franquismo en la construcción de numerosas obras civiles, infraestructuras, fábricas e incluso cárceles, por donde tantas víctimas de la represión de la dictadura pasaron. Las manos y el sudor de los presos políticos se rompieron trabajando en 'valles de los caídos' por toda España. Ese sacrificio humillante al que fueron sometidos por el régimen constituye una muestra cruel de la vileza que rodeaba el ejercicio del poder fascista. Fueron muy rentables, además, para los intereses de un franquismo autárquico, tal y como explica Lafuente en un artículo sobre los «Esclavos cara al sol». El reconocimiento histórico era necesario para que la memoria, como en otras ocasiones, no quedara incompleta.

19 de octubre de 2002

Células de futuro
A falta de mayor concreción, parece que se hará realidad la iniciativa de la Junta de Andalucía sobre la investigación con células madre embrionarias. Es un paso al frente en favor de Bernat Soria, que dispondrá de los recursos necesarios para su trabajo en el Centro de Investigación Biomédica de Sevilla, y en contra de la moral oficial que el Gobierno central ha impuesto en materia de bioética. La descentralización tiene estas ventajas: los repartos de poder incentivan el florecimiento de nuevas iniciativas y de procesos de innovación más plurales. Si las competencias y el marco legal lo permiten, Soria dispondrá a cargo de la Junta de embriones humanos congelados sobrantes de fecundaciones 'in vitro' de los cuales extraer las células madre imprescindibles para continuar con estas prometedoras investigaciones. Males como la diabetes, el Parkinson o el Alzheimer podrían tener nuevos tratamientos gracias a estos avances científicos.

Pero siempre habrá quien quiera poner palitos en la rueda de la Ciencia. Sectores conservadores de la sociedad parecen estar en sintonía con la postura adoptada por este Gobierno del PP, tan proclive a arrodillarse frente a la doctrina de la Iglesia, a la hora de interpretar la Ley de reproducción asistida en el sentido de prohibir a científicos como Bernat Soria el uso de células madre procedentes de embriones. Todo ello a pesar de contradecir el sentido común, las esperanzas de muchos enfermos pendientes de las investigaciones y la convicción de algunos insensatos que, resistiéndonos al integrismo religioso, pensamos que nunca será lo mismo un óvulo recién fecundado que un contribuyente o un concursante de Gran Hermano. Sin embargo, los fundamentalismos se sienten fuertes e intentan extender sus prejuicios entre la población. Apuestas decididas por el progreso científico son la mejor vacuna para que nos garanticemos un futuro mejor, más digno.

13 de octubre de 2002

El tinglado de la antigua farsa
La célebre frase «He aquí el tinglado de la antigua farsa» sirve de entradilla a la primera alocución de «Los intereses creados», la obra cumbre del Nobel español Jacinto Benavente. No sólo por sus méritos literarios debiera haber sido justificado este premio; la celebrada pieza teatral constituye una certera radiografía de los modos y actuaciones de las personas cuando están intereses de algún tipo en juego. El personaje Crispín continúa relatando en el prólogo de la obra: «A estos muñecos como a los humanos, muévenlos cordelillos groseros, que son los intereses, las pasioncillas, los engaños y todas las miserias de su condición: tiran unos de sus pies y los llevan a tristes andanzas; tiran otros de sus manos, que trabajan con pena, luchan con rabia, hurtan con astucia, matan con violencia».

La farsa trama sus propios misterios, y es objetivo de la Ciencia desenmascarar las motivaciones que a estos mortales mueven en cada acción que llevan a cabo. La Economía ha estudiado tradicionalmente el incentivo que el interés económico traslada a los comportamientos humanos. En otras palabras, había que hacer visibles los hilos que nos llevan a actuar de tal o cual manera. Pero como afirma también Benavente en palabras de Crispín, a veces hay hilos que bajan directos desde el cielo al corazón, algún tipo de sentimiento nos influye decisivamente y comprobamos que «no todo es farsa en la farsa». La racionalidad es un supuesto que no siempre se cumple, si trasladamos esta conclusión al campo científico. Llegados a este punto, descubrimos que la importancia de la psicología es capital. Siempre se ha dicho que conocer el funcionamiento de la mente es todo un mundo.

Dos investigadores hasta ahora desconocidos han recibido el Nobel de Economía este año: Daniel Kahneman y Vernon L. Smith. El primero de ellos ha dedicado parte de su trabajo a integrar conocimientos de la psicología en el análisis económico. Otorgar este galardón a Kahneman viene a respaldar el estudio del comportamiento económico de las personas, en el que este autor ha profundizado introduciendo elementos más complejos del ámbito de la psicología. Las limitaciones de las expectativas basadas en la racionalidad y el análisis de aspectos como el de los elementos comparativos son objeto de su estudio. En el análisis de decisiones, por ejemplo, se plantea que las personas juzgan las alternativas posibles con cierto sesgo y que no es posible que siempre actúen como seres perfectamente racionales.

A veces se es tan irracional como nos permite ese comportamiento tan humano radicado en la comparación: se toman decisiones en función de un cierto nivel que tomamos como referencia. En el ámbito financiero se constata cómo las reacciones de los agentes en una situación de incertidumbre pueden mostrar cierta aversión al riesgo cuando se trata de apostar por ganancias probables frente a unas seguras. Está claro que se prefiere el pájaro en mano que el ciento volando en ese caso. Y todo lo contrario cuando se está en situación de pérdidas y se asumen más riesgos, lo cual indica que muchos deciden por pura intuición, premisa que por su irracionalidad quedaba fuera de la teoría tradicional. No todos los hilos de la farsa tienen la misma naturaleza y la ciencia debe aspirar a desvelarlos partiendo de esa realidad.

Unir psicología y economía es un buen camino para lograr nuevos avances en estas materias. Hacer que la 'fría y matemática' ciencia económica no pierda su base como ciencia humana y social es siempre una tarea pendiente. Su potencial en la explicación de la realidad, la predicción de fenómenos futuros y la resolución de problemas se ve agrandado por la convergencia de las distintas ciencias sociales, evitando los compartimentos estancos que en ocasiones se pretenden para estas disciplinas. El mundo es una mezcla de economía, política, sociología, psicología, ética, historia, filosofía... de tal forma que quien aspire a estudiar una de ellas por separado olvidándose de lo demás está adoptando la misma actitud del burro que sólo mira al frente aceptando los limitadores de visión que les imponen. Pobreza intelectual, en definitiva.

6 de octubre de 2002

El altar del Opus
Ahora toca canonización, que es la curiosa manera que tiene el Vaticano de bendecir el poder. Concretamente el de la organización más influyente dentro de la Iglesia. Se eleva a los altares a Josemaría Escrivá de Balaguer, beato desde 1992 y fundador del Opus Dei, la 'santa mafia' para sus más acérrimos detractores. Es el «primer santo español del siglo XXI» según una de esas simbólicas portadas de La Razón. No sabemos si con esto Anson nos está emplazando a convertirnos en fieles devotos del nuevo santo y si debemos guardar la foto de portada de hoy junto a la bandera rojigualda del otro día como reliquias periodísticas a honrar con incensario y fervor patriótico. Hay quien se quejaba de no poder disfrutar en España de panfletos sensacionalistas como en el Reino Unido, pero no creo que se quede a la zaga nuestra versión cañí de 'tabloide' nacionalcatólico. Pronto llegará el consejo de Anson para que en el homenaje mensual a la bandera se repartan estampitas de san Josemaría, el santo que guíe el destino de España en el nuevo milenio.

Al igual que «Cuéntame», vuelven a estar de moda los tecnócratas del Opus. Sabemos que a los actos en la plaza de San Pedro pretendía acudir medio gobierno. En cambio, Aznar puso coto a la delegación oficial, no vaya a ser que fueran todos los ministros en tropel y se notara demasiado la confesionalidad del gobierno. Esta vez, en comparación con la ceremonia de hace 10 años, el eco mediático está siendo bastante 'light' como denuncia el Incitatus de elconfidencial.com. La larga mano de la Obra en la prensa silencia las críticas, y el ambiente general, con tantos opusinos ilustres en puestos de poder, parece amortiguar el chaparrón que les podría caer. Alguna excepción ha recordado por ahí la clara contradicción con el mensaje cristiano hacia los débiles, como una carta al director de El Correo: «Ni Escrivá de Balaguer, ni el Opus, ni sus realizaciones, pastorales y sociales, son, hasta donde alcanza el sentido común de muchos creyentes, claros testimonios de esta Buena Nueva del cristianismo para los pobres y las víctimas».

Y es que al margen de lo que dice ser, al Opus Dei hay que verlo como lo que parece: un entramado de intereses elitista y que actúa con secretismo. Siempre se ha hablado del ansia de ocultación, lo cual conecta con su naturaleza sectaria. Se conocen casos de miembros que no pudieron abandonar la Obra libremente. Es, por tanto, una secta, una iglesia dentro de la Iglesia. Con una peculiar forma jurídica, la de Prelatura Personal, que le otorgó el papa Wojtyla. Además trata de extender su influencia dentro de la jerarquía, funcionando paralelamente como una especie de diócesis independiente que se extiende por todo el mundo sin anclaje geográfico. Responden ante Roma, aunque priman sus pretensiones de movimiento 'renovador' que busca un retorno a las esencias. El Vaticano vive momentos de lucha de poder para, llegado el momento de nombrar nuevo Papa, sumar adhesiones a una misma causa. La del Opus es, como sabemos, la hegemonía del sector conservador de la Iglesia. Por el momento, ya han dado algunos pasos que les han permitido manejar muchos hilos vaticanos en estos tiempos del Papa marioneta.

Es característico su extremo conservadurismo. Pero su objetivo es más elevado: la santificación personal a través del trabajo y la vida cotidiana. Lo cual acerca las enseñanzas del catolicismo a los centros de poder, económicos y políticos: se acabaron las cargas de conciencia. Decía Luís Carandell en su biografía de Escrivá de Balaguer, la primera que no tuvo el entonces habitual tono hagiográfico: «Con Escrivá el dinero se hace católico y esto va a tener consecuencias incalculables en el desarrollo del capitalismo español en nuestra época». El franquismo se pasó de la Falange al Opus, y Escrivá de Balaguer será conocido siempre por colaborar con la dictadura. No será el primer santo ni el último que sea llevado a los altares con ese curriculum. Compró un marquesado, y además de dinero, fama y poder, ahora alcanza la santidad. No sé si será incompatible, pero lo que está claro es que tras la Obra de este cura de Barbastro se edifica un impresionante poder que influye en no pocos ámbitos políticos y económicos. Ya ni los santos son neutrales.