12 de julio de 2002

Mass media
Llegado el verano, podemos aceptar como primera impresión en el balance que esta ha sido una temporada informativamente intensa. Desde el 11 de septiembre, múltiples y muy diversos acontecimientos han mantenido alto el interés informativo de la población hacia lo que ocurría en el mundo. Los medios han notado este tirón extraordinario durante el año, y la consolidación de internet como un importante canal de comunicación es un hecho a destacar. Aunque en el apartado de la influencia mediática no hay muchos cambios: los 'sites' informativos crecen -los creados por los medios tradicionales- mientras las nuevas fuentes de información que proporciona la Red no alcanzan un grado notable. A pesar de internet, los grandes medios van a seguir 'moldeando' a su gusto eso que llaman 'actualidad', el conjunto de hechos parciales que son destacados de la compleja realidad.

Mientras la información online adquiere relevancia, los diarios en papel apuestan por el análisis más reflexivo de la actualidad. A grandes trazos se puede afirmar que el tono 'light' del debate político en las tertulias radiofónicas y la ausencia, salvo excepciones, del debate de actualidad en TV llevan a los periódicos a asegurarse el interés de los menguantes lectores en papel con artículos de enjundia sobre el mundo político. La TV casi parece un medio perdido para la causa: las cadenas se centran en el formato 'telediario' -manipulados en las públicas, de diversa credibilidad en las privadas- y el resto de la programación está copada por contenidos alérgicos a un nivel mínimo de inteligencia. Alvite, pesimista irrecuperable, habla del abrevadero en que se han convertido los shows nocturnos. Ya que no son lugares propicios para hablar de política internacional, al menos habría que preguntarse: ¿entretienen?

Es compatible leer un diario por la mañana, informarse sobre los temas candentes a través de internet por la tarde y ver «Crónicas Marcianas» por la noche. Aunque hay espectadores de esto último a los que lo único que les interesa a lo largo del día es contemplar el patetismo de uno de los hermanos Matamoros berreando en la pantalla. El abrevadero, que decía Alvite: ya el hombre no proviene del mono, «Crónicas Marcianas parece haber demostrado que el hombre procede del cerdo». Se puede convertir en imprescindible que los principales diarios apuesten por artículos de calidad en sus secciones de opinión conforme la información superficial y el entretenimiento insustancial invaden el resto del panorama mediático. En este punto, un buen ejemplo serían los artículos del sociólogo Manuel Castells publicados en El País en los últimos años. En conjunto son un lúcido e inteligente análisis del fenómeno de la globalización.

> Artículos de Manuel Castells en El País

6 de julio de 2002

La muerte del espíritu
La felicidad humana no puede reducirse a la satisfacción de necesidades puramente materiales. Frente a una vertiente materialista del hombre destinada a cubrir ese sustento básico, existe una inteligencia que José Antonio Marina describe a partir de la tarea que tiene encomendada: ocuparse de las cosas nobles que fundan y despliegan la dignidad. Porque es la dignidad, o la conciencia de esa dignidad, lo que nos diferencia como especie. La sociedad contemporánea está abocada a la pérdida del sentido de la vida humana en un mundo dominado por lo material. Al menos, así lo ven Álvaro Mutis y Javier Ruiz Portella, y de ahí la necesidad de lanzar este Manifiesto contra la muerte del espíritu.

Cuando las actitudes y el pensamiento más están invadidos por el materialismo, se hace imprescindible denunciar la desaparición de “esa inquietud gracias a la cual los hombres son y no sólo están en el mundo”. El hondo calado de este Manifiesto, publicado hace unas semanas en El Cultural, tiene como propósito no sólo agitar la autocomplacencia de más de uno, sino también romper con esa sensación de que la “muerte del espíritu” no importa a nadie. Los pensadores, los sabios de este mundo, están mudos y demuestran una pérdida de capacidad crítica justo en este momento en el que el sentido ético de la vida humana está más amenazado.

Dice Ruiz Portella que esta iniciativa puede servir de cauce al profundo malestar compartido por muchos ante el “desvanecimiento de la belleza” y esta “muerte del espíritu”. Sería bueno que así fuese: el conformismo generalizado y la indiferencia de una mayoría que únicamente busca la felicidad en la vida material, deben impulsar la inquietud de al menos una inmensa minoría. Quizá no sirva para nada, pero alzar la voz para denunciar que nuestro mundo es prosaico y materialista nunca está de más. Tarde o temprano, algo se conseguirá cambiar en la aparentemente inquebrantable línea de pensamiento dominante.