29 de junio de 2002

Representación
Las reuniones de jefes de gobierno de la UE también sirven para que se organicen 'contracumbres' como la coordinada por el Foro Social de Sevilla en el último encuentro de mandatarios europeos. Cualquier cumbre de países es pretexto para que los movimientos ciudadanos agrupados en la lucha por otra globalización ('alterglobalistas' sería una buena denominación) se muestren ante la opinión pública. Un único elemento ha fallado en la trasmisión del mensaje hasta ahora: la presencia de disturbios con la policía. Aunque otras acciones reivindicativas y de difusión de ideas acompañan a estos movimientos, es la manifestación multitudinaria la que concita la atención de todos. Sevilla ha sido uno de los primeros lugares, junto a Barcelona, que ha albergado a miles de personas en las calles y sin violencia, tan sólo alzando la voz de una protesta por otro mundo posible y reclamando alternativas, algo ya de por sí suficientemente serio.

Canadá era un próximo punto de encuentro para estos primeros 'ciudadanos globales' que actúan como tales: ejerciendo una crítica al poder. Allí se reunía ese grupo de países que no necesitan pedir excusas por ser los más fuertes en eso que llaman el G-8. En un recóndito enclave de las Montañas Rocosas, los líderes del mundo se han librado de tener a los manifestantes cerca: por si fuera poco, hasta los osos de la zona han sido controlados para que la seguridad esté garantizada. La obsesión por construir confortables 'burbujas' en las que encerrarse para estas cumbres es elocuente. Que decidan los gobiernos más poderosos sobre cuestiones que afectan a todo el mundo supone un deterioro de esa 'democracia global' que aún es una utopía. Sigue estando vigente, y lo estará por mucho tiempo, uno de los lemas de la manifestación de Seattle de 1999: 'No a la globalización sin representación'.

Leo las líneas que estoy escribiendo y parece que estemos dando un salto en el tiempo para recuperar palabras que suenan arcaicas en los oídos de los 'bien pensantes': utopía, alternativas, poderosos, manifestaciones... Nos habían dicho que esta era representaba el 'fin de la historia': el pensamiento post-político se abriría paso. Pero en la vanguardia del progreso se han alzado otras banderas más comprometidas con la política y la democracia. El mundo global debe estar hecho a la medida de los ciudadanos y no al revés. La representación popular en la toma de decisiones parece no estar resuelta después de décadas de funcionamiento de nuestros sistemas políticos: el Estado nación salta por los aires y en lo global falta democracia. Ojalá no se consume la interferencia del nuevo 'golpismo' financiero en las elecciones de Brasil, donde el candidato Lula hace el papel de diablo para los inversores: sería un ejemplo más de primacía de los mercados sobre las urnas.

23 de junio de 2002

Crónica de la Cumbre
En Sevilla ha tenido lugar una de las últimas reuniones itinerantes del Consejo Europeo (pronto fijará su sede en Bruselas) que se han venido celebrando en diferentes ciudades con el paradójico objetivo de acercar la Unión Europea a los ciudadanos. La cosa habrá degenerado con el tiempo, pues no hay nada más lesivo para la sensación de confianza en las instituciones de la UE que una 'cumbre' de mandatarios a celebrar en tu ciudad destinada a plasmar en un documento varios acuerdos previamente 'cocinados' por los ministros correspondientes. Sobre todo cuando para ello se precisa de apenas un par de sesiones de trabajo, siempre que no coincidan, eso sí, con los partidos del Mundial: sería imperdonable que un presidente no pudiera demostrar ante las cámaras su patriótico forofismo viendo el fútbol de su selección nacional sentado frente a un televisor.

Una ciudad enjaulada con vallas de seguridad y sometida al agresivo control de su vida ciudadana, viendo alterada la sagrada normalidad de lo cotidiano mediante una de esas habituales exhibiciones de fuerza para proteger a los gobernantes del mundo exterior y mantenerlos en su burbuja. No sé dónde queda el acercar las instituciones al ciudadano europeo: lo más que se muestra es el fabuloso potencial de creación de 'fortalezas' que tiene esta Europa que parece dispuesta a llevar a escala continental la práctica de estas ciudades sitiadas temporalmente. Dicen que la inmigración es un reto, y cuando se deciden a hacer política común en esta materia lo que diseñan es un panorama propicio al levantamiento de barreras a la legalidad con la excusa de la seguridad, cuando la inmigración no puede dejar de tener el sentido de progreso social que otras necesarias políticas inmigratorias requieren.

La línea restrictiva que pretendía imponer sanciones a los países 'exportadores' de inmigrantes que no controlaran los flujos se ha visto frenada, pero la generalización de una estrategia inflexible con la ilegalidad puede ser suficiente para que se intensifique el drama de quienes llegan a la Europa 'fortaleza' reiteradas veces y son devueltos en un pulso continuado que sólo el tesón de alguien que busca un futuro mejor puede soportar. Y mientras, el otro incumplimiento de la ley, el sumergido en una economía explotadora, seguirá hurtando a falta de papeles una existencia digna a multitud de inmigrantes. Pero electoralismo manda, y el acento no puede situarse en el lugar equivocado cuando hay que contentar a una ciudadanía que teme hasta a su propia sombra.

20 de junio de 2002

Huelga general
Habrá podido tener un seguimiendo desigual por zonas, sectores o estructura empresarial, pero que no me mareen con 'guerras de cifras': el gobierno no puede pretender ser tomado en serio si se empeña en no ver a la gente que se ha movilizado masivamente en este país. La normalidad democrática caracteriza a esta jornada de Huelga General, y lo extraordinario de este día simboliza un punto álgido en la ruptura del diálogo social que deberá ser tomado muy en cuenta por el gobierno de Aznar, sobre todo si no quiere obviar la sensatez mayoritaria de una opinión pública que reclama una política de diálogo y rechaza las actitudes chulescas.

Me pregunto qué ganará el gobierno con la negación de la realidad: desde primera hora de la mañana ya aseguraban que la huelga no tenía seguimiento. Al menos en Andalucía, ha sido un éxito rotundo. Es evidente que, cuanto menos, credibilidad pierde al digerir tan mal el pulso que millones de ciudadanos le han echado. Aunque por desgracia la credibilidad es cada vez menos valorada en este mundo de la política-espectáculo. Si no, sería incomprensible que tantos medios de comunicación se sumaran tan diligentemente a la propaganda antihuelga habitual durante este día respaldando la principal consigna oficial: la huelga ha fracasado. Las lógicas discrepancias existentes en ese terreno neutral entre un 'bando' y otro serán aprovechadas ahora por el PP para intentar ganar la batalla mediática y que parezca que ha ganado el 'partido' cuando en realidad no ha llegado ni al empate.

15 de junio de 2002

Crónica de la pre-Cumbre
Sevilla, mes de junio: altas temperaturas y caldeado ambiente social. Una huelga general a la vuelta de la esquina y la campaña de los 'piquetes' antihuelga desde su privilegiado púlpito mediático se desarrolla según lo previsto. El sectarismo gubernamental no ha escatimado esfuerzos -involuntarios- en decantar a la opinión pública en favor de la mayor operación de desgaste desde que el PP ocupa el poder. A eso se le suele llamar salirle el tiro por la culata: la crispación crece y el rechazo a la arrogancia del deslucido europresidente y su decretazo harán de esta huelga, para la que 'no existía ambiente', un éxito. El cabreo de Aznar con todo el mundo se está convirtiendo en habitual y sintomático: lo mismo la toma con los obispos que con la jauría socialcomunista que se atreve a toserle con una huelga que, antes del Consejo Europeo, dicen que no tiene otro objetivo que 'jorobar' a España.

Parece que molesta que se haga de Sevilla la ciudad de la reivindicación: los paniaguados columnistas (Campmany, Losantos) expresan esa artificial preocupación por la imagen de España para ocultar que un presidente con arranques autoritarios es peor losa para el progreso de un país que una semana movidita alrededor de una 'reunión en la cumbre' de los gobiernos de la UE que, por cierto, no servirá seguramente para enmendar el decepcionante semestre de Presidencia española en materia de avances y nuevos acuerdos. La huelga tiene sobrados fundamentos, laborales y también políticos, puesto que no tiene sentido descalificar como 'huelga política' a una que trata de oponerse a la decisión política del ejecutivo de recortar derechos a los trabajadores. Quizá lo que más cabrea en el PP es que hasta el Arzobispo de Sevilla muestre apoyo a los sindicatos.

Esta ciudad es cuna del felipismo que sirvió a más de uno para realizar su cruzada ideológica particular, y ahora el aznarismo y su talante resuenan como el rencor de ese sector rancio de la Sevilla oficial y de esa sociedad anclada en el pasado que clama contra la izquierda, contra los parados, contra los jornaleros y ese mundo rural que aseguran que está subsidiado y sumido en la indolencia... ¿y todavía creen tener en el PP posibilidades de éxito electoral en Andalucía con un ministro que llama 'indolentes' a los andaluces y un gobierno que para hacer política en el medio rural no se le ocurre otra cosa que quitar el PER? No es de extrañar que hasta el arzobispo se convierta en blanco de críticas cuando el discurso oficial se empeña en darse cabezazos con la realidad para, al final, no asumirla y arremeter contra lo primero que se mueva, ya sean los sindicatos, un PSOE que va a rentabilizar la oposición social al gobierno o los inmigrantes que piden regularización.

Más de 400 de los inmigrantes que se quedaron sin trabajo en la fresa por la nueva política de inmigración 'de ida y vuelta' están encerrados en la Universidad Pablo de Olavide en una protesta que está expresamente destinada a hacerse notar durante la que ya es 'cumbre de la inmigración'. Su situación es extrema, y si la ley o el gobierno terminan abocándonos a una solución injusta es porque uno de los dos falla. Aunque ya constatamos diariamente que la irresponsabilidad del PP con su propia política de inmigración es inmensa, escuchamos a Javier Arenas afirmar que la culpa de todo es de la 'demagogia de Zapatero y el PSOE'. La duda me asalta: ¿será que no se han dado cuenta de que gobiernan desde hace 6 años? Es evidente que, al menos, siguen con ese mismo discurso que pretende culpar a los demás de sus errores. En vez de afrontar los problemas, se ha convertido en costumbre que construyan una respuesta simplista a éstos y terminen endosando a la sociedad la solución más conflictiva. Y a eso lo llaman hacer política.

8 de junio de 2002

Un radical
El profesor José Luis Sampedro sigue en la brecha a sus 85 años haciendo lo que más vida le da: escribir. Es de agradecer que sabios como Sampedro no estén 'fuera de la circulación' en este mundo que se congratula de vivir en la «era del conocimiento» y que, paradójicamente, más demuestra con los hechos el desprecio por todo lo que requiere un mínimo de actividad intelectual. Desde el poder, al mismo tiempo, se idolatra la juventud como valor en sí mismo y se ensalza a una generación que consagró el conformismo como seña de identidad: el modelo de joven perfecto es el que piensa como un viejo. Pero hay octogenarios que prefieren ser rebeldes: Sampedro, el viejo catedrático de Estructura Económica, asegura que la vida le ha hecho ser más radical. Los años aportan libertad para decir lo que se piensa, y hay quien no duda: «Cuanto más viejo, más radical».

Sampedro acaba de publicar el libro «El mercado y la globalización», especialmente dedicado a quienes quieran acercarse con un lenguaje accesible a la realidad económica que más debate ha suscitado en los últimos años. Explica el funcionamiento del proceso intentando desmontar mentiras que las propias palabras utilizadas por los medios y su monopolización del lenguaje han logrado imponer. En un mundo con más exclusión social, el término 'globalización' vino a representar una idealización feliz de lo que suponía la creación de un gran mercado mundial. Ahora, a los críticos se les llama 'antiglobalizadores', que es la palabra perfecta para crear esa imagen de sujeto peligroso cuestionando el 'orden' establecido. Sampedro dice que nada de 'anti': en realidad los críticos somos 'hipermetamogollónglobalizadores'. Se agradece también la lucidez.

Lo que se propugna es una globalización más justa, y eso significa que se mundialicen más aspectos, como los derechos humanos o el medio ambiente, y que exista un reparto global más equitativo. Hace unas semanas estuvo en Sevilla e ironizaba durante una conferencia: «Los globalizados somos como los fumadores pasivos, que no disfrutamos pero cogemos el cáncer». Pero los resortes conservadores de la sociedad han generado el fantasma de la contestación al sistema en torno a los críticos con la ideología globalista neoliberal. Es utilizado el término 'radical', como una manipulación entre tantas otras, para referirse a lo hostil a unos valores determinados. Incluso los terroristas y su entorno, los aficionados al fútbol violentos y cualquier bárbaro que destroza mobiliario urbano son ahora 'radicales'. Una degradación absoluta del lenguaje.

La valiosa aportación del último libro de José Luis Sampedro posiblemente consiga que no tanta gente se deje embaucar por la imagen distorsionada que se da de la bendita globalización y los 'rojos' que se oponen a la situación actual. La ideología que sustenta las tesis globalistas de los fundamentalistas del mercado tiene que tener un contrapeso. Hace poco le contaba Sampedro a Jesús Quintero en El Vagamundo que busca la izquierda allí donde está el futuro: en los que llama 'alegristas', formados por una 'muchedumbre' en Porto Alegre o allá donde se reúnan. En esa voluntad de cambio y en los progresos de la ciencia está el futuro, pues como afirma el viejo profesor, no solamente «otro mundo es posible, sino que otro mundo es seguro». La historia es cambio, aunque algunos se empeñen en negarlo.

1 de junio de 2002

Europe's living a celebration
Érase una vez un país que dedicó un inagotable torrente mediático a un acontencimiento revivido de otras épocas. El objetivo era sublimar, en torno a una exquisita melodía prefabricada, fruto de la alquimia de la mercadotecnia, la esencia de una nación a la hipnótica pantalla de un televisor pegada. Son días en los que festivales como Eurovisión ocupan el hueco que una europeidad de capa caída ha dejado en los corazones de una ciudadanía que delega en subproductos televisivos la representación de su conciencia colectiva. ¿El idioma, las culturas diversas, la pluralidad de la población? No, Europa se vislumbra como un mosaico en el que sus piezas pretenden resaltar mediante una canción que brille en su mediocridad entre los demás temas clónicos nacidos al cobijo de una industria del ocio homogenizadora.

España ocupa la europresidencia semestral y ansiaba alcanzar el trono de la eurocaspa anual con un canto al europeísmo autocelebrado. Pero ¿qué hay que celebrar en esta Europa de la 'celebration'? Ni siquiera la vacuidad del mensaje ha proporcionado la victoria a la letra interpretada por la Rosa de Armilla. La unión hace la fuerza. Aunque la fuerza sigue estando en el mismo sitio de siempre: Europa se une para perfeccionar el 'pan y circo' del siglo XXI. Versiones de Operación Triunfo se extienden por todos los países, porque las fronteras hace tiempo que desaparecieron para la fabulosa maquinaria de entretenimiento de los creadores de apariencia, los verdugos del arte y los complices en la propagación de la filosofía del triunfo fácil. Todo funciona a la perfección: el negocio rinde inmensos beneficios, el espectáculo comparte los valores del régimen imperante y los espectadores están satisfechos. Qué más se puede pedir.