27 de marzo de 2002

Heterodoxia
El politólogo inglés John Gray es uno de esos pensadores heterodoxos de toda ideología que pone nervioso a más de uno por no encajar en los patrones al uso. Es un liberal radicalmente crítico con la corriente neoliberal dominante, a la que considera incompatible con los principios esenciales del liberalismo. Afirma entre otras cosas: «Pensar que los derechos universales exigen que los valores liberales se proyecten a todo el mundo es poner los derechos humanos al servicio de una especie de fundamentalismo liberal». «No es verdad que el capitalismo liberal es la única manera de organizar una economía moderna». «Los valores civilizados no son propiedad de alguna civilización en particular». «El libre mercado global es un proyecto destinado a fracasar. En este sentido, como en muchos otros aspectos, se parece a otro experimento de ingeniería social utópica: el socialismo marxista».

«Las desilusiones del capitalismo globalizado» es un 'post scriptum' a uno de sus libros. Ofrece una interesante visión del fenómeno de construcción de un libre mercado global y sus implicaciones desde una posición crítica con la filosofía del 'laissez faire'.

23 de marzo de 2002

Unilateralismo
Estados Unidos es el amo del mundo. ¿Hay alguien que no comparta esta afirmación? Puede ser cierta o falsa, de la misma manera que esa realidad puede ser analizada desde un punto de vista ideológico favorable o desde el contrario. Pero lo cierto es que todos damos por válida esa idea y actuamos en consecuencia. La crítica al mundo en que vivimos no suele obviar la responsabilidad de la nación dominante del Imperio en la mayoría de los males que aquejan al globo: hambre, pobreza, injusticia... Y a esto se añade la política llevada a cabo por EEUU, país de profunda tradición democrática, a través de un gobierno que parece tener también esa idea como consigna: somos la única gran potencia y tenemos la obligación de guiar al mundo por la senda de la verdad y el progreso.

A nadie se le escapa que estamos viviendo una época de despliegue de la superioridad militar de EEUU por todo el planeta. Que la hegemonía política y económica de esta nación sobre las demás puede ser aún mayor, es indudable. Pero existen muchas voces que denuncian lo irracional de continuar como si esto fuera lo lógico, lo natural: que el futuro de todos pase por la voluntad de unos EEUU que deciden en función de sus intereses. Tras el 11S se hacía aún más necesario un cambio de rumbo porque no son admisibles más actitudes como las contrarias a Kyoto o al Tribunal Penal Internacional, ni más estrategias de dominio justificadas en el 'eje del mal' de turno. La política del unilateralismo tendrá consecuencias tan nefastas como las que se adivinan tras las frías cifras del presupuesto...

¿A quién se trata de convencer con buenas intenciones cuando se va a Monterrey prometiendo 5.000 millones de dólares más de ayuda al desarrollo a la vez que el gasto de defensa se incrementa en 55.000 millones? Parece que Bush terminará siendo conocido por el 'hombre de acero', y no sólo por la subida del arancel sobre el acero que ha ordenado mientras da lecciones de librecambismo a todo el mundo siguiendo otra conocida consigna: haced lo que digo, no lo que hago. La Organización Mundial del Comercio debe reaccionar, si de verdad quiere desempeñar una labor en favor del libre comercio. E igualmente no se pueden quedar quietos los demás países frente a la cruzada contra el 'eje del mal', ahora que el ataque contra Irak está ya planificado, si pueden convencer a EEUU para que tome, frente al unilateralismo, otro camino más equilibrado en su política de alcance global.

17 de marzo de 2002

Fin de una era
Hace unos días falleció el economista americano James Tobin, discípulo de Keynes y autor de la propuesta de impuesto sobre las transacciones financieras internacionales conocido como Tasa Tobin. La reivindicación de la puesta en marcha de esta tasa como freno a la especulación por parte de Attac le hizo declarar que no se sentía a gusto con esa identificación con el movimiento antiglobalizador, porque «los aplausos más sonoros vienen del lado equivocado». Pero lo cierto es que su figura de gran pensador del siglo XX se ha visto revitalizada con el surgimiento de nuevos defensores de la tasa que lleva su nombre, lo cual favorecerá seguramente que algún día pueda ser llevada a la práctica.

Paul Kugman ha escrito que «su desaparición simboliza la desaparición de una era en la que el debate económico era más agradable y mucho más honesto que en la actualidad». Y remarca el valor de su obra afirmando: «Tobin era uno de esos teóricos de la economía cuya influencia era tal que muchos que nunca habían oído hablar de él eran sin embargo discípulos suyos». También recuerda en el artículo publicado tras su muerte que Tobin tuvo como adversario intelectual a Milton Friedman y su «ingenuo» monetarismo. Krugman asegura que en la época que le toco vivir «los economistas con una decencia básica como la suya podían prosperar, e incluso influir en la política», a diferencia de los tiempos actuales donde proliferan economistas vendidos al cargo y una amplia gama de aduladores del poder.

10 de marzo de 2002

Un fantasma recorre Europa
Si ponemos a cualquier observador imparcial a leer el periódico unos días antes de la celebración de la Cumbre Europea en Barcelona, a buen seguro nos daría una visión ponderada sobre los hechos que resultaría muy llamativa para algunos. En una página encontramos una noticia sobre los preparativos de la reunión y las actividades de los grupos llamados 'antiglobalización'. Parece que éstos hacen esfuerzos por dar una imagen no violenta y evitar problemas en la manifestación. Y también se resalta la pugna existente entre dos sectores (se habla de moderados y radicales) representados por sendas plataformas: el Foro Social (formado por partidos de izquierda, sindicatos y otras organizaciones) y la Campaña contra la Europa del Capital (donde se reúnen organizaciones con planteamientos de oposición más radical).

En el mismo periódico podemos leer las declaraciones de Aznar sobre la cumbre y sus circunstancias: el europresidente se dedica a dar consejos a partidos como el PSC cuestionando si tendrán claro por qué se manifiestan, advirtiéndoles de "a quién van a acompañar" (en relación a Batasuna, que se ha integrado en una tercera y minoritaria plataforma) y sentenciando que "aquellos que van en contra de la globalización se oponen con unas ideas proteccionistas, reaccionarias, de falta de libertad". En cierto modo el presidente no hace más que sumarse al discurso deslegitimador de estos movimientos que tan minuciosamente ha sido labrado por los creadores de opinión afectos a la causa conservadora. También sobresale la aportación de Aznar a la grosera campaña desatada contra el PSC por dar libertad a sus militantes a que se sumen a la manifestación.

El eco mediático de acontecimientos como este debe ser ensordecedor para quien asista al debate desde la barrera. Quizá sea ese el objetivo: confundir a la opinión pública sobre lo que defiende cada uno. Si el PSC se suma al Foro Social, pues hay que trasmitir la idea de que así apoyan a los 'antisistema' y a los violentos. Y si los críticos piden una Europa con una política más social, habrá que afanarse en desvirtuar esas ideas diciendo que son contrarias a la libertad. Aunque esta campaña tiene un límite claro que no parecen ver los que la llevan a cabo: con tan sólo un poco de información sobre el qué, el quién y el por qué de este debate, cualquiera puede formarse su propia opinión basada en la realidad y desechar los argumentos prefabricados de quienes critican a los críticos de esta globalización construyendo una imagen distorsionada de ellos. Pero, claro, así todo es más favorable a sus posiciones: satanizando al adversario.

3 de marzo de 2002

La sociedad multicultural (y III)
A pesar de la presión que las opiniones escépticas con el futuro multicultural o multiétnico de nuestras sociedades puedan ejercer, las corrientes políticas liberales y de izquierda deberían comprometerse con transmitir un mensaje nítido de defensa de la multiculturalidad en Europa. Bajar de la nube de las distintas filosofías políticas para buscar en la práctica cuál es el mejor camino para mantener sociedades abiertas junto al fenómeno inmigratorio y la globalización, es lo más positivo para las ideologías mayoritarias. Para ello es necesario establecer qué entendemos por 'multiculturalismo' y cuáles son los principios por los que éste se debe regir. Porque existen acepciones equivocadas de lo que es multiculturalidad, que precisamente están sirviendo para la crítica simplista en los medios y para fomentar visiones que no alcanzan a comprender la sociedad multicultural en su conjunto.

El sociólogo Alain Touraine describió hace unos años en un artículo los que denominó 'falsos multiculturalismos', que se acercan más a posiciones de defensa de la pureza cultural y la xenofobia que a otra cosa. Existen al menos cuatro concepciones de lo multicultural que no reflejarían la realidad de la pluralidad cultural convenientemente. La primera considera únicamente la defensa de las minorías culturales, que puede llevar a la fragmentación social por la coexistencia de diferentes culturas que conviven de una manera autista. La segunda acepción de lo multicultural sería la del derecho al respeto de la diferencia por encima de todo lo demás; esta posición liberal llevada al extremo desemboca en un relativismo cultural que perpetúa la diferencia y tiene como inevitable final la segregación en la sociedad, no la multiculturalidad.

Otra de las concepciones equivocadas de la multiculturalidad se basa en la mera convivencia indiferente de culturas diversas en una sociedad; desde una supuesta tolerancia se alentaría la no existencia de interacción entre ellas. Y por último tendríamos la peligrosa conexión de multiculturalismo con antioccidentalismo, que desde posiciones antimodernas identifican el rechazo a la cultura occidental con el reconocimiento de "otras" culturas. Todas estas interpretaciones erróneas están negando el verdadero significado de la multiculturalidad basada en la diversidad de culturas en un marco social democrático y las relaciones que entre ellas se producen. El debate en torno al multiculturalismo se ha abierto en España haciendo uso de conceptos muy equívocos, por eso es imprescindible que previamente convengamos cuál es el significado de cada término. Porque en este caso, además, el objetivo del intercambio de ideas no debe ser otro distinto al de definir qué sociedad multicultural queremos construir en las próximas décadas.