27 de enero de 2002

Los dictados de la caverna
Ese debe ser el gran sueño de todo fundamentalista, tener la potestad de hacer ley la moral propia. Por eso mismo, la noticia que atrajo la atención de los medios hace unas semanas debió causar profundo regocijo a nuestros talibanes: un científico español plantea marcharse a otro país para poder continuar con sus investigaciones, al impedirle el Gobierno el uso con fines terapéuticos de células madre embrionarias. Bernat Soria se ha librado de la hoguera, pero va a engrosar tristemente la lista de investigadores que no encuentran en este país el incentivo suficiente a su actividad. Y él, además, con el añadido de haber padecido vergonzantes trabas a su trabajo. En un interesante artículo explicaba con bastante claridad el objeto de tanta controversia.

No por sabido resulta menos indignante: que la Conferencia Episcopal ejerza influencia hasta tal punto en los avances científicos nos sigue recordando que la sociedad debe seguir su evolución hacia una mayor independencia de las confesiones metafísicas. Es comprensible que los jerarcas de la cerrazón religiosa prefieran una sociedad que secunde fielmente sus recomendaciones, pero no que las autoridades políticas nos muestren la patita desde la caverna, siguiendo a pies juntillas a los obispos, y pretendan que aplaudamos la torpeza y la ignominia de una decisión tan reaccionaria como esta y tantas otras. Conseguirán su cometido, frenar la marcha de la razón, pero no que ésta se detenga.

21 de enero de 2002

¿Y Europa qué piensa de esto?
Se venía temiendo desde hace días, pero ha sido la publicación de incuestionables testimonios gráficos el detonante de la polémica. Ver la escena en imágenes es mucho más convincente, está claro. Al menos ya casi nadie se cierra en banda ante la evidencia de cuán inhumano puede estar siendo el trato que EE.UU. dispensa a los talibanes, detenidos en Afganistán, que están recluidos en la base militar de Guantánamo. Aunque los demás gobiernos necesiten informes al respecto para hacer algo, la opinión pública europea no duda en exigir el máximo respeto a los Derechos Humanos. Es probable que, a pesar de todo, ni informes oficiales, ni las denuncias de Amnistía Internacional entre otros, sirvan para que legitimados actores de la política internacional como la Unión Europea adopten posturas de firmeza ante los desmanes que puede cometer el gobierno de EE.UU. en su cruzada antiterrorista. Quizá con una leve llamada de atención ya se consiga que rectifiquen, pero me temo que este caso será otro más a sumar a la lista de fracasos de la política común europea. Otro más, como si fueran pocos.

16 de enero de 2002

La galleta mediática
Un duro revés para los responsables de la seguridad del líder del Mundo Libre. Las Fuerzas del Mal han estado a punto de asestar un golpe mortal a nuestra civilización mediante la actuación de una galleta «pretzel» preparada y entrenada para atragantar. Afortunadamente, a pesar del desmayo provocado y el rasguño en la cara, Bushie ha salido de este trance que tanto lo acerca a otro líder de masas, Homer Simpson, con buen humor, como nos ha mostrado la totalidad de los medios de comunicación del globo. Y, con el único fin de parecernos, desde este humilde rincón de la Red, un poco más a esos prestigiosos medios, dedicamos todas estas líneas a la divertida anécdota de la galleta, el sofá, el presidente y el partido de fútbol americano, y un breve titular a otros asuntos que, a buen seguro, tienen una importancia mucho menor, como el Enrongate y el estado de reclusión de terroristas en Guantánamo. Como dice uno que sale en la tele, así son las cosas y -lo que es más importante- así se las hemos contado.

10 de enero de 2002

Piratería
Recientemente ha sido concedido el I Premio de Periodismo Digital José Manuel Porquet al artículo Por favor, ¡pirateen mis canciones! del periodista Ignacio Escolar (que además toca en el grupo Meteosat) y que publicó Baquía. Merecido el galardón y merecida la distinción que recae sobre la citada publicación digital, que destaca por la calidad de su oferta entre tanta mediocridad periodística de la Nueva Economía. El tema que se pone sobre la mesa, la guerra contra la piratería que tienen montada las discográficas y la trastienda de este negocio, que coloca en la trinchera a los artistas para que batallen mientras la industria sigue ganando dinero a espuertas por el precio desorbitado de los discos. Un manifiesto, escrito por Jorge Otero de The Stormy Mondays, es el principal argumento de la web musicaeninternet.com, que aporta material sobre esta cuestión que tanto mosquea a los que manejan el cotarro. Y si la piratería hace algún daño a la industria, no digamos la Red, donde ya están intentando imponer su orden en un terreno que no dominan; lo explica bien este otro artículo de Jordi Sabaté.

4 de enero de 2002

Ya llegó
Con sorprendente entusiasmo hemos dado los europeos la bienvenida al euro estos primeros días de circulación de la moneda única. Casi parece que se han esfumado los euroescépticos desde que los nuevos billetes están en nuestras manos, aunque más de uno está ya harto del caos provocado por la convivencia coyuntural de euros y pesetas en la calle. Hubiera sido mejor como en Alemania, el cambio de un día para otro, dicen algunos. Los más nos preocupamos por otras imprevisiones, como la de los bancos y cajas, que entorpecen el proceso por la escasa cantidad de moneda que cambian en sus oficinas. Un suspenso para el sistema bancario español... menos mal que siempre nos quedará Italia para no salir tan mal parados en el ranking europeo. Por otra parte, anécdotas de todo tipo se suceden sobre el euro. Lo del primer billete falso, una burda fotocopia detectada en Alemania, supone un alivio porque demuestra que las medidas de seguridad sirven para identificar a los billetes y los hacen prácticamente infalsificables. Tampoco es falso, sino cierto como la vida misma, que a raíz de este momento histórico se han manifestado reaccionarios paletos como Juan Manuel de Prada con su habitual provincianismo rancio calificando al euro de "tiranía ajena a los impulsos de la verdadera vida, de unos pocos tipos instalados en su opípara entelequia...". En fin, para olvidar a este cursi que va dejando un insoportable tufillo a naftalina a su paso, recordemos que podemos dar el mejor final a la peseta depositando la calderilla en huchas para darle un buen uso a nuestros últimos duros. La chatarra aún tiene valor.