18 de diciembre de 2002

Todo sea por la seguridad
Tras el 11-S el clima se tornó hostil para los derechos civiles. A partir de ese momento cualquier chaparrón no hace más que sumarse a la lluvia fina regulatoria que quizá empezó antes de la fatídica fecha. Los proyectos que salen de la Administración estadounidense en materia de seguridad sorprenden e inquietan a más de uno, aunque su carácter más siniestro se concentra alrededor de la vigilancia global cuasi orwelliana del sistema TIA. El control es poder, y éste se convierte en dinero en manos de Microsoft y su proyecto Palladium: rastrear los ordenadores como modernas mentes de unos ciudadanos reducidos al papel de dóciles consumidores. Si en Europa se impone la ola restrictiva de ciberderechos, la ley de internet española (LSSICE) se lleva el honor de ser pionera en el continente. Las últimas propuestas de la UE sobre el almacenamiento de correos electrónicos van en esa misma línea, como asegura David de Ugarte en la bitácora de las Indias: en nuestra correspondencia, «el flujo» (a quién, cuándo y con qué título y longitud escribimos un e-mail) se convertirá en un stock «a disposición del estado».

No hay comentarios: