23 de diciembre de 2002

La crónica del «Año Aserejé» (I)
Creo que es una de las costumbres más ridículas que ha adoptado la actividad periodística. Me refiero a eso de hacer resúmenes de lo ocurrido en el año. Pero cuanto más inútil se muestra, más atractivo adquiere esa tradición fosilizada en la más absoluta de las rutinas. Escoger e hilvanar una serie de noticias como las más destacadas de los últimos doce meses es tan arbitrario como la propia elección del periodo de tiempo a analizar. Sin embargo, es fuerte la tentación y, como ya ejecuté el año pasado, voy a dedicar un par de apuntes a relatar unas reflexiones tan irreflexivas como las que encontrarán en cualquier otro programa o artículo de prensa que aparezca estos días en los medios. Y con pretensiones trascendentales, además. Empecemos.

El mundo digital nos proporciona indicadores tan fieles a los mecanismos de la mente que podemos afirmar y afirmamos que este año pasará a la historia como el «año Aserejé». ¿Respaldo empírico de esta nominación? El nombre del conocido grupo «Las Ketchup» aparece en el Zeitgeist anual del Dios Google como una de las búsquedas-deseos más invocados por todo el mundo. El Aserejé ha sido el ritmo que ha seguido este contoneante almanaque de 2002 que ahora muere. El alma de este año es más ambivalente que el desgarrado ánimo de terror que inundó 2001. El mundo quiere olvidarse un poco de los peligros evidentes y los malos sabores que un futuro demasiado incierto, junto al riesgo connatural de cada movimiento de átomo humano, nos proporciona. La receta es crear un falso reposo que nos dé tranquilidad para afrontar los nuevos acontecimientos.

Una guerra en Irak puede ser retrasada gracias al invento de la burocracia, sin ir más lejos. La situación en Oriente Próximo no es ni mucho menos mejor que hace 365 días: el enquistamiento, al contrario, siempre va a más, pero unas circunstancias electorales pueden rebajar la tensión por la magia de esos educados rituales políticos. ¿Quién puede decir que no esté más enconada la situación de crisis en algunos países de América Latina? Lo está. Sin embargo, a ojos de un espectador del telediario, las piezas son las mismas pero cambiadas de sitio en el tablero: en las calles de Argentina antes, ahora de Venezuela; el hambre pasa de Centroamérica a Tucumán; en Colombia, en fin... La violencia anega todo el globo. Aunque de año en año avancemos en la sofisticación con que todas estas atrocidades son escondidas en el 'doble fondo' de las conciencias.

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