19 de septiembre de 2002

Halcones y palomas
Es ya una vieja división aplicada a los mandos del poder. Parece que sigue vigente: los antiiraquíes de Washington no tienen a todos consigo, al menos hasta el momento; cuando empiecen las bombas ya veremos. Hay disidentes 'palomas' entre los propios estadounidenses y en la -para algunos- siempre 'cobarde' Europa. Sí, somos muy reticentes los 'euroidiotas', nos preocupan bobadas como eso de la legalidad internacional. Pero llega a repugnar el papel de avanzadilla propagandística que algunos popes mediáticos asumen con un único par de simplezas que llevarse a la boca: Sadam es muy malo y hay que ver cuán siniestros son los europeos sumidos en ese antiamericanismo que les hace preferir la ONU a Bush. ¡Vade retro! ¡Ahora resulta que hasta Chirac es antiamericano!

Me refería unas semanas antes de la campaña de Afganistán a la citada metáfora ornitológica y a que los tiempos que corren sólo parecen favorables a los halcones. Los vientos bélicos siempre atraen nubes de tormenta, y el clima termina militarizando los argumentos hasta extremos como los que vamos a vivir. El otro día volví a ver «Mars Attacks», del genial Tim Burton: alguna de sus escenas es suficiente para conocer cómo se mueven los hilos en el Gobierno de EEUU. Ahora se va imponiendo la doctrina del 'ataque preventivo', y con bendición o no del Consejo de Seguridad habrá guerra con Irak en los primeros meses del año que viene. Con esa voluntad de seguir demostrando su dominio mundial, es imposible dudar que la hiperpotencia piensa llevar adelante sus planes. Y los 'aliados' decidirán finalmente dar su apoyo o no en función del botín a repartir que les ofrece Bush: el petróleo.

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