19 de mayo de 2002

Euroyanquis
Es común identificar en el imaginario colectivo a Europa y América con unas ideologías concretas. A priori parece sorprendente, pero lo cierto es que se aceptan unos principios éticos y políticos concretos como representativos de los valores de la sociedad estadounidense hasta el punto de poder definir una 'ideología americana' a partir de ellos. Como oposición frontal a esa política «made in USA» y a la ideología que subyace, aparece un pensamiento crítico que se explica por los valores 'netamente europeos' que compartimos en el Viejo Continente. Se otorgaría de esta forma a cada territorio un papel prototípico ya asignado tradicionalmente al binomio izquierda-derecha: América representa el Poder y Europa la Resistencia, los americanos reivindican el individualismo y los europeos defienden lo social.

Resulta chocante esta asociación de ideas: la ideología no está determinada por el lugar en que se nace. Ni siquiera la mentalidad de los habitantes de uno y otro lado del charco puede estar tan influenciada por los valores dominantes en cada sociedad; tendríamos que decir en ese caso que no es natural criticar al gobierno de EEUU si uno es norteamericano o ser proamericano si se ha nacido en Europa, y eso no tiene mucho sentido: aunque sean minoritarias, es tan normal defender esas posiciones como las contrarias. Es interesante por ello comprobar que ciudadanos notables de EEUU han visto la necesidad de firmar una «Carta Estadounidense a los Europeos», seguramente para responder a aquel manifiesto que firmó la élite intelectual conservadora adhiriéndose a la ola probélica reinante en el país.

Lo que gente como Norman Birnbaum, James Petras, Alan Sokal o Paul Sweezy defiende es oponerse conjuntamente, tanto europeos como americanos, a la política de guerra del gobierno de Bush e intentar frenar las «aventuras militares estadounidenses» y su poder de destrucción. Se menciona en el escrito que esta crítica corre el riesgo de ser tachada absurdamente de 'antiamericanismo', lo cuál demuestra que el manido recurso de la acusación de 'antipatriota' para descalificar unas ideas renace en estos tiempos de repliegue nacionalista. Desde medios norteamericanos se alienta también el rechazo a Europa y a los 'euroidiotas' que les critican. Sin embargo, ni odios irracionales hacia EEUU ni insultos a los europeos, como los de periodistas del NY Times sacando el fantasma del Holocausto, deben interferir en la postura crítica con el nuevo belicismo que muchos sienten la obligación moral de defender, ya se sea 'euroyanqui' o 'euroidiota'.