17 de febrero de 2002

La sociedad multicultural (I)
La inmigración de personas de otras culturas plantea la dificultad de la plena integración de esta población en la sociedad receptora, garantizando el cumplimiento de las reglas mínimas de convivencia democrática que rijan en el país y el respeto por los valores culturales y sociales de los inmigrantes. Ese debe ser el objetivo de todos y el modelo de convivencia basado en la pluralidad y la tolerancia, el camino para lograr esa sociedad multicultural y democrática. Por todo esto, y en el contexto actual, no suena más que a una polémica estéril, y un tanto falaz, la desatada por la prohibición a una niña marroquí de 13 años de usar el tradicional hijab o pañuelo de cabeza en la escuela. No se trata del chador (como se ha dicho, confundiendo realidades distintas), ni es comparable en absoluto a la ablación.

Que cada persona pueda mostrar en su vestimenta las tradiciones o costumbres de su lugar de origen, entra dentro de la libertad individual y no presenta incompatibilidad alguna con las reglas comunes que se deben cumplir en una democracia. Levantar una polémica sobre un caso como este son ganas de parecerse a los franceses, que hicieron del chador una cuestión de estado. No escolarizando a las hijas de los inmigrantes musulmanes se está provocando un daño mucho mayor que el de la supuesta discriminación sexual del pañuelo de marras. Fátima puede decidir perfectamente en un futuro prescindir del hijab, una prenda que la diferencia de los demás. Pero no podemos pretender que la integración de los inmigrantes se base en que ellos tengan que adoptar nuestras costumbres. Eso indicaría que no estamos preparados para conocer y respetar al otro, al diferente.