30 de diciembre de 2002

La crónica del «Año Aserejé» (y II)
Los tópicos siempre tienen algo de verdad. Al repasar lo ocurrido en el año que termina no se puede evitar soltar ese de la fugacidad irresistible del tiempo vivido. Parece increíble que tantos acontecimientos queden comprimidos para la historia en el mismo racimo de doce meses. Los «personajes del año» y similares son, a su vez, la constatación de que el mundo da vueltas todos los días sin que nos percatemos de los cambios que se producen hasta que llega el consabido resumen del año y nos lo recuerda. Quién iba a figurarse que la 'euroinflación' (vulgo, redondeo de los precios por la cara) no nace en la noche de los tiempos, sino que es consecuencia de la introducción de la nueva moneda. Pues para eso están Duisenberg y sus analistas del BCE, para informarnos de tan ignoto misterio.

Si no fuera porque alguna revista ha puesto a Saddam Hussein como uno de los hombres más nombrados en 2002, quizá no nos daríamos cuenta de que el 'revival' iraquí sólo lleva unos meses en la agenda del Pentágono: terminar «la guerra de papá», que yo sepa, no estaba entre los objetivos prioritarios de Bush Jr. antes de la creación de ese hallazgo del «Eje del mal». El pulso del planeta ha estado este año bajo una calma tensa, con la pretendida frivolización de un panorama que no se transformó en el Apocalipsis como algunos pensaban, pero que esconde tras de sí un sinfín de incertidumbres económicas y geopolíticas. Hace un año la amenaza estaba entre India y Pakistán, y los malos augurios se multiplicaron para después no cumplirse. Pero esta vez, las previsiones para 2003 quizá no estén tan erradas: que Corea del Norte se ponga respondón es ya en sí toda una señal de peligro.

Mientras los planes bélicos son asumidos con una extraña inevitabilidad por la opinión pública, otros asuntos no han enturbiado demasiado la vida del ciudadano común. Aunque para el gobierno de Aznar, por ejemplo, lo ocurrido en estos meses repercutirá en su imagen a medio plazo. Ya con Gescartera el viento empezó a soplarle en contra a pesar de la mayoría absoluta, y tras la huelga de junio y el naufragio de Prestige, casi se hunden definitivamente las expectativas del PP con el desprestigio de la gaviota manchada de chapapote. La gente de a pie obtiene parte de su felicidad en proporción inversa a la importancia de los asuntos que un ministro incompetente lleve entre manos. En ese sentido, el balance de 2002 no iba mal parado hasta que alguien tuvo que hacerse cargo de un petrolero averiado. Y para colmo, en 2003, nos meterán sin preguntarnos en una guerra contra el Mal. Definitivamente, hay que volver a ponerse serios. El «Año Aserejé» ha terminado. RIP.

23 de diciembre de 2002

La crónica del «Año Aserejé» (I)
Creo que es una de las costumbres más ridículas que ha adoptado la actividad periodística. Me refiero a eso de hacer resúmenes de lo ocurrido en el año. Pero cuanto más inútil se muestra, más atractivo adquiere esa tradición fosilizada en la más absoluta de las rutinas. Escoger e hilvanar una serie de noticias como las más destacadas de los últimos doce meses es tan arbitrario como la propia elección del periodo de tiempo a analizar. Sin embargo, es fuerte la tentación y, como ya ejecuté el año pasado, voy a dedicar un par de apuntes a relatar unas reflexiones tan irreflexivas como las que encontrarán en cualquier otro programa o artículo de prensa que aparezca estos días en los medios. Y con pretensiones trascendentales, además. Empecemos.

El mundo digital nos proporciona indicadores tan fieles a los mecanismos de la mente que podemos afirmar y afirmamos que este año pasará a la historia como el «año Aserejé». ¿Respaldo empírico de esta nominación? El nombre del conocido grupo «Las Ketchup» aparece en el Zeitgeist anual del Dios Google como una de las búsquedas-deseos más invocados por todo el mundo. El Aserejé ha sido el ritmo que ha seguido este contoneante almanaque de 2002 que ahora muere. El alma de este año es más ambivalente que el desgarrado ánimo de terror que inundó 2001. El mundo quiere olvidarse un poco de los peligros evidentes y los malos sabores que un futuro demasiado incierto, junto al riesgo connatural de cada movimiento de átomo humano, nos proporciona. La receta es crear un falso reposo que nos dé tranquilidad para afrontar los nuevos acontecimientos.

Una guerra en Irak puede ser retrasada gracias al invento de la burocracia, sin ir más lejos. La situación en Oriente Próximo no es ni mucho menos mejor que hace 365 días: el enquistamiento, al contrario, siempre va a más, pero unas circunstancias electorales pueden rebajar la tensión por la magia de esos educados rituales políticos. ¿Quién puede decir que no esté más enconada la situación de crisis en algunos países de América Latina? Lo está. Sin embargo, a ojos de un espectador del telediario, las piezas son las mismas pero cambiadas de sitio en el tablero: en las calles de Argentina antes, ahora de Venezuela; el hambre pasa de Centroamérica a Tucumán; en Colombia, en fin... La violencia anega todo el globo. Aunque de año en año avancemos en la sofisticación con que todas estas atrocidades son escondidas en el 'doble fondo' de las conciencias.

18 de diciembre de 2002

Todo sea por la seguridad
Tras el 11-S el clima se tornó hostil para los derechos civiles. A partir de ese momento cualquier chaparrón no hace más que sumarse a la lluvia fina regulatoria que quizá empezó antes de la fatídica fecha. Los proyectos que salen de la Administración estadounidense en materia de seguridad sorprenden e inquietan a más de uno, aunque su carácter más siniestro se concentra alrededor de la vigilancia global cuasi orwelliana del sistema TIA. El control es poder, y éste se convierte en dinero en manos de Microsoft y su proyecto Palladium: rastrear los ordenadores como modernas mentes de unos ciudadanos reducidos al papel de dóciles consumidores. Si en Europa se impone la ola restrictiva de ciberderechos, la ley de internet española (LSSICE) se lleva el honor de ser pionera en el continente. Las últimas propuestas de la UE sobre el almacenamiento de correos electrónicos van en esa misma línea, como asegura David de Ugarte en la bitácora de las Indias: en nuestra correspondencia, «el flujo» (a quién, cuándo y con qué título y longitud escribimos un e-mail) se convertirá en un stock «a disposición del estado».

13 de diciembre de 2002

Que dimita el Prestige
Es lo único que se nos habría ocurrido al principio: la culpa del chapapote en la costa recae sobre los piratas del petróleo, las mafias del transporte marítimo y los puertos de la corrupción perfecta como el de Gibraltar. Que dimita el Prestige, porque lo que es cazar al responsable ruso de esta catástrofe, difícil lo tenemos. Sin embargo, siempre podíamos haber imaginado que el Estado no estuviera a la altura del desastre. Pues bien, la realidad supera cualquier mal augurio: el Gobierno no sólo ha superado los más altos niveles de incompetencia que se le presuponían, sino que ha demostrado una torpeza tal que la prudencia que puse en el comentario de hace tres semanas ha resultado innecesaria. No hay duda en señalar los monumentales errores que la Administración, los políticos y los gobernantes del PP en particular han cometido en este mes, que hoy se cumple, de mareas negras y ruina para Galicia.

Una marea política sobrevenida que se ha convertido en denuncia permanente de aspectos tan vergonzantes como la mentira institucionalizada en la política informativa de las autoridades. Y en protesta desesperada de quienes están hartos de la irresponsabilidad manifiesta de nuestros representantes a la hora de prever sucesos como este, tomar medidas inmediatas para minimizar la catástrofe y poner a disposición de la sociedad los recursos necesarios para limpiar los efectos de la marea negra. Roza el insulto a este país que la reacción, tarde y mal, del Gobierno esté además aliñada por esa actitud que los antaño periodistas de cámara del Presidente consideran el pecado capital de Aznar: la soberbia. Una arrogancia desmedida que desde el más mínimo gesto del bigote ha encrespado a unos ciudadanos que, ante la falta de previsión y la insolvencia demostradas con el Prestige, exigimos responsabilidades.

6 de diciembre de 2002

La teocracia y el poder energético
La alianza entre EEUU y Arabia Saudí se había convertido en un auténtico idilio: un apoyo recíproco casi incondicional fundado en el intercambio de petróleo y protección militar. Una relación bilateral basada en los intereses mutuos y no en el 'amor', en los valores compartidos. Que el régimen político de sus aliados sea democrático o sangrantemente autoritario siempre ha sido irrelevante a ojos de los estrategas de Washington. Sin embargo, desde el 11-S la ruptura estaba cantada. Se viene escenificando el alejamiento diplomático a medida que el papel de los saudíes en este nuevo escenario internacional sale mal parado en el nivel de confianza que la opinión pública otorga al corrupto y tiránico establishment de la familia real árabe. Y es que ni al más ingenuo de los analistas se le escapa la conexión sustancial de esta teocracia con el terrorismo islamista.

Si en el peligro que el fundamentalismo supone para el mundo diferenciamos dos vías de amenaza, éstas son la proliferación de redes de activistas armados y la propagación del ideario extremista. Varias noticias de los últimos meses nos confirman que el dinero saudí está detrás de gran parte de lo primero (financiando a terroristas) y que el poder desplegado en la difusión del extremismo recibe el amplio respaldo de los promotores del wahhabismo de Arabia Saudí, la versión más fanática del islam. Los familiares de las víctimas de los atentados de Nueva York denunciaron a destacadas instituciones y bancos saudíes, y la esposa del embajador en Washington de este país ha tenido que dar explicaciones por unas donaciones a entidades caritativas que terminaron como fondos de apoyo al terrorismo. Las excusas y los recelos están ya sobre la mesa para que el cese de las buenas maneras se consolide en el próximo futuro.

Con la sospecha permanente hacia este aliado indeseable, la búsqueda de intereses comunes en el mundo árabe pasará para EEUU por la creación de alianzas con países comprometidos con la persecución del entramado terrorista. Arabia Saudí se convertirá en elemento prescindible de este puzzle en cuanto la dependencia del petróleo de la península arábiga se desvanezca con la suma de las reservas de Irak, bajo control de un régimen post Sadam, a las capacidades energéticas que precisan EEUU y los demás países avanzados. De ir deshaciéndose de los conflictivos lazos con las saudíes se ha venido encargando, quizá inconscientemente, la sociedad occidental en este último año. Ahora se hace ya más patente este nuevo escenario ante el previsible nuevo movimiento en el tablero: el del petróleo iraquí. La jugada saldrá redonda si además gana autoridad moral al despegarse de la tiranía de Arabia Saudí.

29 de noviembre de 2002

El Subcomandante y sus amigos
En política importan, y mucho, los compañeros de viaje. Primera obviedad. Ahora vamos a por la segunda: la credibilidad y la coherencia que una organización atesora en la defensa de unos principios están siempre en el aire. Si no se cuida enormemente cada paso que se decide dar, todo un proyecto se puede ver empantanado en un mar de despropósitos que restará crédito a toda acción futura. De un dirigente político como el Subcomandante Marcos se podía esperar, por ejemplo, que su papel de líder le impusiera el deber moral de actuar de manera responsable ante quienes han venido apoyando las justas reivindicaciones de la causa zapatista. Sin embargo, la última carta publicada del sub Marcos nos ha mostrado hasta qué punto prioriza las filias sectarias, a la hora de decidir junto a quién se deja retratar, frente a la sincera fidelidad a unos valores. Porque éstos, como es lógico, quedan por los suelos cuando se va de la mano de Batasuna.

La influencia que los sectores proetarras vienen ejerciendo sobre amplias capas de «tontos útiles» ávidos de épica seudorevolucionaria, ha llegado a límites sangrantes en el caso del líder zapatista. Donde el terrorismo de ETA debiera ocupar un lugar de preocupación como cáncer de la descomposición social de Euskadi, se está vendiendo a manos de cómplices de la barbarie el cuento de los 'luchadores' vascos y su mitología nacionalista. Más de un despistado y muchos nostálgicos estalinistas se encargan de que la propaganda del 'conflicto' de los abertzales con el 'fascista' Estado español llegue hasta el último rincón donde la desinformación y la falta de criterio propio campen a sus anchas. Que en cada lucha local haya una trinchera preparada para todo supuesto 'progre estándar', es la encomiable labor que estos manipuladores profesionales desarrollan. Da igual si es la democracia misma el blanco contra el que se apunta.

Despegarse de la realidad, eludir la crítica interna o supeditar el discurso a ciegos e incuestionables dogmatismos conduce al suicidio político a toda organización que se pretenda de izquierdas. Llegado el momento en que el entorno de Batasuna ha sido capaz de acercar al Subcomandante Marcos al redil de su siniestra justificación de ETA, todo pretendido militante de los más variopintos 'anti-imperialismos' debería tentarse la ropa y preguntarse qué está realmente en el fondo de esa lucha. Si el sectarismo de sus compañeros de viaje les impidiera ver la falsedad de la 'causa vasca' y la política del pasamontañas, al menos confirmaríamos a las claras y sin subterfugios que el sector de la izquierda atado a la consigna 'ultra' e irrecuperable para el pensamiento libre sigue siendo grande. Afinado y certero como pocos es el análisis de Jesús Gómez en La Insignia, «El sub Marcos y los payasos», al que pertenece este fragmento sobre la actitud de este sujeto y de quienes le hacen los coros:

«Son una jauría -y como tal, fascista- que antes de que lleguen los hechos ya ha decidido cómo es el mundo, cuál es el bando, quién es amigo y enemigo. El personaje de Marcos es lo de menos; desde el principio ha jugado a la atracción del espectáculo y no pasa de ser un folclórico con ínfulas literarias. Su responsabilidad política, en cambio, es otra cosa. Cuando se habla a título individual se pueden cometer todos los errores que se quiera, incluida la posibilidad de tomar a las víctimas por verdugos y a los verdugos por víctimas, como ha hecho; después, las consecuencias son también individuales. Cuando se habla a título colectivo, las declaraciones y las decisiones tienen consecuencias colectivas. Y nuestro payaso grotesco -por utilizar su terminología- ha arriesgado una causa entera a cambio del aplauso de sus amos».

22 de noviembre de 2002

La basura del Prestige y el humo de las responsabilidades
Está siendo ampliamente seguida en los medios desde la semana pasada, como parece lógico: aún existe la cordura. La magnitud y la trascendencia de la catástrofe ecológica del petrolero en las costas gallegas la convierten en un auténtico terremoto de conciencias que se acuestan un día soñando con la armonía de nuestro paraíso terrenal y se levantan ecologistas por necesidad. Estamos obligados a sacar el 'yo' verde de paseo cuando el riesgo nos da una bofetada cruda y pringosa en la cara más frágil de la aldea global. ¿Quién dijo que el ecologismo era una simple ensoñación idealista con unas dosis de catastrofismo? Llega el Prestige y le da la vuelta a todo: la preocupación por el medio ambiente es puro realismo, y es una necesidad que se le presenta a la sociedad ante el descontrol que las actividades potencialmente contaminantes pueden generar mientras nos lamentamos inútilmente.

Los efectos de la marea negra y el fuel descargado por el petrolero hundido incidirán tan gravemente en la costa y la economía de Galicia que se agradece contemplar hasta qué punto está llegando el nivel de indignación colectiva: servirá para concienciarnos de la necesidad de la prevención de futuros dramas ecológicos. Futuros y presentes, pues la desidia de la Administración pública a la hora de plantearse la reparación de los daños en el medio ambiente es proverbial. La torpeza y la incompetencia en momentos cruciales, como parece que se le puede achacar ahora al Gobierno central, también son lamentables. No hace más que repetirse ese principio tan esplendoroso, y a la vez tan pervertido por la realidad, de 'quien contamina paga'. Al final las tretas jurídico-financieras terminan por librar a los culpables del pago por los daños causados: tenemos mil ejemplos.

Si las responsabilidades se diluyen como el petróleo del Prestige en un mar de impunidad, el medio ambiente no sólo seguirá estando en constante peligro, sino que también tendremos que acostumbrarnos a la inseguridad que los desaprensivos colocan sobre nuestro propio patrimonio: la costa donde se ganan la vida miles de pescadores, el estado del mar que hay que conservar para las próximas generaciones y la riqueza natural que la contaminación hurta a toda la ciudadanía. Manuel Rivas pone -en Balada maldita en las playas del Oeste- junto a la desgracia del fuel en la orilla, un punto de lucidez: «El mar, aquí, sigue siendo la mejor empresa. La más generosa. La más fiel. La más paciente, en un mundo de impaciencia depredadora, de banderas de conveniencia y paraísos fiscales, donde se impone el lema de Nada a largo plazo».

15 de noviembre de 2002

Turquía y el 'club cristiano'
La victoria islamista en la últimas elecciones turcas ha precipitado una serie de debates interdependientes en torno al futuro de Europa. El Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), liderado en la sombra por Tayyip Erdogan a causa de una condena de inhabilitación política por recitar un poema sobre el 'islam guerrero', es considerado en algunos círculos un 'lobo con piel de cordero'. Los islamistas 'moderados', a pesar de la contradicción en los términos, han modificado su discurso para alcanzar el poder, convirtiéndose en un partido conservador con encaje en el sistema político de la República fundada por Kemal Ataturk. El nuevo gobierno va a practicar el continuismo en gran parte de las políticas a aplicar: su orientación exterior, procurando mantener la cercanía con EEUU y apostando por la integración en Europa, es lo más destacable. Sin embargo, estamos ante un triunfo del integrismo religioso. La moderación en el mensaje y el proclamado respeto por el orden laico de Turquía son tranquilizadores.

Pero el movimiento islamista se ha podido apuntar un nuevo avance entre la población de los países musulmanes. Bastante llamativo es el detonante de este cambio de tendencia del electorado: los partidos tradicionales han fracasado en la traslación de la legitimidad democrática del sistema laico al hacer patente la fractura social entre una élite enriquecida por los réditos de la modernización y una gran masa de desfavorecidos por una crisis económica enquistada. La democracia y el mantenimiento del laicismo son conquistas irrenunciables, y a pesar de la inquietante garantía del orden kemalista que constituye el Ejército turco, los esfuerzos políticos parece que van a centrarse en promover el desarrollo del país, en consonancia con la promesa de los islamistas. La tarea de la oposición será mantener a raya los instintos represivos del partido religioso. Si la temida involución se transforma por contra en una exitosa fórmula de 'democracia islámica', habrá que seguir el ejemplo turco para comprender futuros avances democráticos en la modernización del Islam.

Los turcos han optado por ser una sociedad decididamente encaminada a un proceso modernizador y europeizante. No es que se quieran ver como europeos ante todo, sino que el modelo a seguir es el que el propio país se ha trazado en torno a un futuro integrado en la UE. En este sentido, es estéril la discusión sobre la conveniencia de considerar a Turquía o no como candidato a la ampliación: no se les puede cerrar las puertas. No son un país europeo corriente, pero su destino puede estar perfectamente en el papel de Estado periférico de la Unión. Las declaraciones de Valéry Giscard d'Estaing quizá reflejen un ánimo bastante generalizado, en un intento de romper con la Turquía de Erdogan y con todo el Islam, aunque no aciertan a negar la bondad de un proceso de integración en el que la sociedad turca se comprometa a seguir desarrollándose en democracia y garantías de prosperidad. Aun siendo poco factible en el futuro inmediato la adhesión por el incumplimiento de requisitos imprescindibles, la promesa de ser parte de la UE en el largo plazo es un incentivo necesario y valioso para Turquía.

Los conservadores del Partido Popular Europeo están pidiendo la inclusión de una referencia en la futura Constitución Europea a la 'herencia religiosa' que ha dado lugar a los valores comunes compartidos, como la dignidad humana y la libertad. Error: ya empezamos metiendo la religión donde no procede. Además, la propuesta se enmarca en la petición que ya el Papa hizo para el reconocimiento de la tradición cristiana en la UE. Doble error: el carácter excluyente que tendría una alusión de este tipo en la Constitución no se le escapa a nadie. Turquía es el ejemplo de que un país con mayoría islámica, respetando escrupulosamente la democracia y el laicismo, podría ser miembro de la Unión. Por añadidura, muchos musulmanes, ateos o creyentes de confesiones no cristianas son tan europeos como cualquier otro. El apoyo al carácter laico de los Estados es definitivamente mayoritario, lo cual muestra el poco éxito que la propuesta cristiana tendrá probablemente. Pero es un síntoma más, sin duda, de la 'marea retro' que vivimos.

10 de noviembre de 2002

Hoy son los judíos, mañana...
Mientras la propagandista del nazismo recibe elogioso trato en la prensa con la excusa de sus 100 años recién cumplidos y su obra como cineasta, de indudable calidad artística, intercede en una gratuita concesión de indulgencia por parte de la sociedad, la vida sigue dándonos sorpresas en estos 'tiempos posmodernos'. Tiempos en los que el interesado olvido histórico se convierte en virtud y se pone de moda el vivir ajenos al pasado, en un esplendoroso presente de fantasía en el cual borramos de la memoria y de la conciencia colectiva cualquier señal de recuerdo a los hechos que han forjado nuestra historia, el camino que hemos recorrido hasta llegar al actual estado de las cosas. Desde esta visión, noticias como la que llegaba esta semana de Alemania vienen a despertarnos abruptamente de esa peligrosa ensoñación de la desmemoria.

Ocurría en un acto público: en Berlín se volvía a rotular una calle como la de los Judíos, Judenstrasse, después de tener otro nombre desde 1938, cuando los nazis la rebautizaron. El discurso de un representante de la comunidad judía en la ciudad fue interrumpido por algún asistente cuando hablaba de la decisión de los nazis: «Muy bien que hicieron». Proclamas antisemitas, más o menos directas, empezaron a escucharse. «Fuera, judíos». Y al grito de «impíos», otros ciudadanos 'normales' -no eran cabezas rapadas- se sumaron al incidente. Eran pocos, quizá. Pero la pasividad de la mayoría otorga al hecho una lógica gravedad. El fantasma del racismo sigue vivo, y si la actitud de la mayoría de los ciudadanos crea un ambiente propicio a la impunidad de unos pocos, la extensión del problema será irreparable. El antisemitismo y los alentadores de pogromos de todo tipo no pueden tener como respuesta una indolente indiferencia.

6 de noviembre de 2002

La musa de Hitler
Ha representado durante la mitad de su vida el eterno dilema entre la loa artística a una obra excepcional y el juicio a la persona del artista. Cómo algo tan bello ha podido salir de una manos tan despreciables. Invitada por el Festival de Sevilla, ha presenciado la inauguración de un par de exposiciones en su honor. La cineasta alemana Leni Riefenstahl quizá merecía un reconocimiento por su contribución a la historia del cine: algunas de sus películas son indudablemente meritorias y la búsqueda de la belleza en su obra, como en el reciente film rodado por ella misma en arrecifes de coral tras aprender submarinismo ya anciana, merece un elogio. Sin embargo, reconocer su talento no puede devenir en un homenaje. No, no puede el «ojo de Hitler» recibir un aplauso de quienes repudiamos el racismo.

La centenaria Riefenstahl mantuvo una consciente colaboración con el régimen nazi, hasta el punto de servirle de manera entusiasta con el rodaje del documental «El triunfo de la voluntad» durante un congreso del Partido Nacionalsocialista en 1934. Su papel de propagandista oficial y amiga del Führer la ha llevado a estar justificándose durante años, pero nunca se ha dignado a reconocer ni un atisbo de culpa o responsabilidad en quien ensalzó con su arte el régimen más abyecto de la Europa del siglo pasado. Cínicamente comenta que ella no supo entonces lo que ocurrió en los peores momentos del nazismo. No lo quiso ver, sería más exacto. Y si aquellas víctimas del genocidio merecen un respeto a su memoria, ése pasa por no tolerar la actitud de esta anciana nazi, puesto que el olvido de aquel horror nos lleva a seguir reproduciendo la eterna semilla del racismo.

[Noticia aparecida en una rincón perdido de un periódico: «Representantes de colectivos gitanos, como la Unión Romaní de Andalucía, protestaron por la presencia de Riefenstahl en Sevilla» Los descendientes de los gitanos recluidos en un campo de concentración que esta señora utilizó como extras en una película y el recuerdo de los judíos, gitanos, homosexuales y disidentes políticos que fueron exterminados por el nazismo, seguro que agradecen este necesario acto de civismo]

31 de octubre de 2002

Brasil: revolução democrática
Ganó Lula, y todavía hay quien se sorprende. No hacía falta ser adivino: llega un momento en que la gente se cansa de más de lo mismo. Quedó alguna duda hasta los resultados de la primera vuelta. Y esa incertidumbre era lo único que justificaba los vaivenes en las bolsas previos a la elección. Sin embargo, el veredicto que se desprende de las urnas parece tomado con la firmeza de las decisiones ilusionantes: definitivamente los brasileños han optado por una inyección de optimismo. Mientras tanto, las comparsas del fatalismo de siempre se han dedicado a aliñar los argumentos del intento de golpismo financiero protagonizado por ese capital que fluye agraciado por los vientos favorables de las políticas neoliberales. No tienen remedio: las llamadas al catastrofismo y las prevenciones mostradas desde el exterior lo que han hecho precisamente es reafirmar el voto de muchos electores.

No hay razones: que me expliquen dónde reside la maldad congénita de este metalúrgico convertido en líder de masas. Sí, ya sabemos que es un 'peligroso' izquierdista. Pero olvidando las fobias sectarias de quienes le atacan, está claro que Lula trae bajo el brazo lo que ese país necesitaba: confianza en su propio futuro. Brasil es una gran potencia económica, y si su grandeza demográfica y humana se lo permite, va a influir en el futuro mucho más que ahora en todo el mundo. Su papel central en el proceso de desarrollo del continente hace que Brasil sea hoy quizás la primera escala electoral de una izquierda latinoamericana. Luiz Inácio Lula da Silva va a ser un dirigente convencido en llevar adelante su proyecto, marcando distancias con las influencias externas de las instituciones (FMI y otras) que han impuesto políticas neoliberales inspiradas por EEUU en toda la región. En esta misma línea, es factible que otros países opten también por este cambio.

El neoliberalismo ha dejado insatisfechos a una gran masa de ciudadanos. ¿Para qué dedicar tantos esfuerzos al crecimiento si la riqueza al final no se redistribuye entre todos? Brasil necesitaba que la brecha entre la élite rica y el océano de pobres dejara de ser considerada un factor fuera de las verdaderas prioridades. La izquierda ofrece este compromiso con el país: llevar el impulso económico de toda la sociedad a cada uno de sus ciudadanos. Y ahora y no a medio plazo, porque es posible y no una utopía. La derecha seguirá postergando ese objetivo de reducir la desigualdad a algún momento indefinido del futuro: se conseguirá 'con el tiempo'. Lula representa una apuesta muy concreta: el crecimiento y la generación de riqueza en Brasil deben darse con más igualitarismo. Millones de trabajadores y significativos sectores sociales y de las empresas del país le han dado su apoyo. Que sea para bien.

25 de octubre de 2002

Esclavos cara al sol
La legitimidad democrática que fue arrebatada a la República por el golpe militar de 1936 fue conservada en el exilio a través de instituciones republicanas que, finalmente, en 1977 traspasaron su simbólico mantenimiento de la legalidad constitucional a las nuevas Cortes democráticas. Si a pesar de los años transcurridos, nuestros representantes están ahí para hacer justicia, reconforta leer noticias como esta: «El Congreso de los Diputados aprobó ayer por unanimidad una declaración para honrar la memoria de los republicanos españoles que fueron condenados a trabajos forzados entre 1937 y 1970, aunque el Partido Popular se opuso a aceptar las compensaciones económicas propuestas por el resto de los grupos parlamentarios». Ya el tema de la justicia económica molesta a algunos, pero al menos no ha quedado este episodio enterrado entre tanta desmemoria histórica.

De reconstruir y divulgar estos hechos se encarga el periodista Isaías Lafuente en su libro «Esclavos por la patria». Nada menos que unas 400.000 personas fueran explotadas por el franquismo en la construcción de numerosas obras civiles, infraestructuras, fábricas e incluso cárceles, por donde tantas víctimas de la represión de la dictadura pasaron. Las manos y el sudor de los presos políticos se rompieron trabajando en 'valles de los caídos' por toda España. Ese sacrificio humillante al que fueron sometidos por el régimen constituye una muestra cruel de la vileza que rodeaba el ejercicio del poder fascista. Fueron muy rentables, además, para los intereses de un franquismo autárquico, tal y como explica Lafuente en un artículo sobre los «Esclavos cara al sol». El reconocimiento histórico era necesario para que la memoria, como en otras ocasiones, no quedara incompleta.

19 de octubre de 2002

Células de futuro
A falta de mayor concreción, parece que se hará realidad la iniciativa de la Junta de Andalucía sobre la investigación con células madre embrionarias. Es un paso al frente en favor de Bernat Soria, que dispondrá de los recursos necesarios para su trabajo en el Centro de Investigación Biomédica de Sevilla, y en contra de la moral oficial que el Gobierno central ha impuesto en materia de bioética. La descentralización tiene estas ventajas: los repartos de poder incentivan el florecimiento de nuevas iniciativas y de procesos de innovación más plurales. Si las competencias y el marco legal lo permiten, Soria dispondrá a cargo de la Junta de embriones humanos congelados sobrantes de fecundaciones 'in vitro' de los cuales extraer las células madre imprescindibles para continuar con estas prometedoras investigaciones. Males como la diabetes, el Parkinson o el Alzheimer podrían tener nuevos tratamientos gracias a estos avances científicos.

Pero siempre habrá quien quiera poner palitos en la rueda de la Ciencia. Sectores conservadores de la sociedad parecen estar en sintonía con la postura adoptada por este Gobierno del PP, tan proclive a arrodillarse frente a la doctrina de la Iglesia, a la hora de interpretar la Ley de reproducción asistida en el sentido de prohibir a científicos como Bernat Soria el uso de células madre procedentes de embriones. Todo ello a pesar de contradecir el sentido común, las esperanzas de muchos enfermos pendientes de las investigaciones y la convicción de algunos insensatos que, resistiéndonos al integrismo religioso, pensamos que nunca será lo mismo un óvulo recién fecundado que un contribuyente o un concursante de Gran Hermano. Sin embargo, los fundamentalismos se sienten fuertes e intentan extender sus prejuicios entre la población. Apuestas decididas por el progreso científico son la mejor vacuna para que nos garanticemos un futuro mejor, más digno.

13 de octubre de 2002

El tinglado de la antigua farsa
La célebre frase «He aquí el tinglado de la antigua farsa» sirve de entradilla a la primera alocución de «Los intereses creados», la obra cumbre del Nobel español Jacinto Benavente. No sólo por sus méritos literarios debiera haber sido justificado este premio; la celebrada pieza teatral constituye una certera radiografía de los modos y actuaciones de las personas cuando están intereses de algún tipo en juego. El personaje Crispín continúa relatando en el prólogo de la obra: «A estos muñecos como a los humanos, muévenlos cordelillos groseros, que son los intereses, las pasioncillas, los engaños y todas las miserias de su condición: tiran unos de sus pies y los llevan a tristes andanzas; tiran otros de sus manos, que trabajan con pena, luchan con rabia, hurtan con astucia, matan con violencia».

La farsa trama sus propios misterios, y es objetivo de la Ciencia desenmascarar las motivaciones que a estos mortales mueven en cada acción que llevan a cabo. La Economía ha estudiado tradicionalmente el incentivo que el interés económico traslada a los comportamientos humanos. En otras palabras, había que hacer visibles los hilos que nos llevan a actuar de tal o cual manera. Pero como afirma también Benavente en palabras de Crispín, a veces hay hilos que bajan directos desde el cielo al corazón, algún tipo de sentimiento nos influye decisivamente y comprobamos que «no todo es farsa en la farsa». La racionalidad es un supuesto que no siempre se cumple, si trasladamos esta conclusión al campo científico. Llegados a este punto, descubrimos que la importancia de la psicología es capital. Siempre se ha dicho que conocer el funcionamiento de la mente es todo un mundo.

Dos investigadores hasta ahora desconocidos han recibido el Nobel de Economía este año: Daniel Kahneman y Vernon L. Smith. El primero de ellos ha dedicado parte de su trabajo a integrar conocimientos de la psicología en el análisis económico. Otorgar este galardón a Kahneman viene a respaldar el estudio del comportamiento económico de las personas, en el que este autor ha profundizado introduciendo elementos más complejos del ámbito de la psicología. Las limitaciones de las expectativas basadas en la racionalidad y el análisis de aspectos como el de los elementos comparativos son objeto de su estudio. En el análisis de decisiones, por ejemplo, se plantea que las personas juzgan las alternativas posibles con cierto sesgo y que no es posible que siempre actúen como seres perfectamente racionales.

A veces se es tan irracional como nos permite ese comportamiento tan humano radicado en la comparación: se toman decisiones en función de un cierto nivel que tomamos como referencia. En el ámbito financiero se constata cómo las reacciones de los agentes en una situación de incertidumbre pueden mostrar cierta aversión al riesgo cuando se trata de apostar por ganancias probables frente a unas seguras. Está claro que se prefiere el pájaro en mano que el ciento volando en ese caso. Y todo lo contrario cuando se está en situación de pérdidas y se asumen más riesgos, lo cual indica que muchos deciden por pura intuición, premisa que por su irracionalidad quedaba fuera de la teoría tradicional. No todos los hilos de la farsa tienen la misma naturaleza y la ciencia debe aspirar a desvelarlos partiendo de esa realidad.

Unir psicología y economía es un buen camino para lograr nuevos avances en estas materias. Hacer que la 'fría y matemática' ciencia económica no pierda su base como ciencia humana y social es siempre una tarea pendiente. Su potencial en la explicación de la realidad, la predicción de fenómenos futuros y la resolución de problemas se ve agrandado por la convergencia de las distintas ciencias sociales, evitando los compartimentos estancos que en ocasiones se pretenden para estas disciplinas. El mundo es una mezcla de economía, política, sociología, psicología, ética, historia, filosofía... de tal forma que quien aspire a estudiar una de ellas por separado olvidándose de lo demás está adoptando la misma actitud del burro que sólo mira al frente aceptando los limitadores de visión que les imponen. Pobreza intelectual, en definitiva.

6 de octubre de 2002

El altar del Opus
Ahora toca canonización, que es la curiosa manera que tiene el Vaticano de bendecir el poder. Concretamente el de la organización más influyente dentro de la Iglesia. Se eleva a los altares a Josemaría Escrivá de Balaguer, beato desde 1992 y fundador del Opus Dei, la 'santa mafia' para sus más acérrimos detractores. Es el «primer santo español del siglo XXI» según una de esas simbólicas portadas de La Razón. No sabemos si con esto Anson nos está emplazando a convertirnos en fieles devotos del nuevo santo y si debemos guardar la foto de portada de hoy junto a la bandera rojigualda del otro día como reliquias periodísticas a honrar con incensario y fervor patriótico. Hay quien se quejaba de no poder disfrutar en España de panfletos sensacionalistas como en el Reino Unido, pero no creo que se quede a la zaga nuestra versión cañí de 'tabloide' nacionalcatólico. Pronto llegará el consejo de Anson para que en el homenaje mensual a la bandera se repartan estampitas de san Josemaría, el santo que guíe el destino de España en el nuevo milenio.

Al igual que «Cuéntame», vuelven a estar de moda los tecnócratas del Opus. Sabemos que a los actos en la plaza de San Pedro pretendía acudir medio gobierno. En cambio, Aznar puso coto a la delegación oficial, no vaya a ser que fueran todos los ministros en tropel y se notara demasiado la confesionalidad del gobierno. Esta vez, en comparación con la ceremonia de hace 10 años, el eco mediático está siendo bastante 'light' como denuncia el Incitatus de elconfidencial.com. La larga mano de la Obra en la prensa silencia las críticas, y el ambiente general, con tantos opusinos ilustres en puestos de poder, parece amortiguar el chaparrón que les podría caer. Alguna excepción ha recordado por ahí la clara contradicción con el mensaje cristiano hacia los débiles, como una carta al director de El Correo: «Ni Escrivá de Balaguer, ni el Opus, ni sus realizaciones, pastorales y sociales, son, hasta donde alcanza el sentido común de muchos creyentes, claros testimonios de esta Buena Nueva del cristianismo para los pobres y las víctimas».

Y es que al margen de lo que dice ser, al Opus Dei hay que verlo como lo que parece: un entramado de intereses elitista y que actúa con secretismo. Siempre se ha hablado del ansia de ocultación, lo cual conecta con su naturaleza sectaria. Se conocen casos de miembros que no pudieron abandonar la Obra libremente. Es, por tanto, una secta, una iglesia dentro de la Iglesia. Con una peculiar forma jurídica, la de Prelatura Personal, que le otorgó el papa Wojtyla. Además trata de extender su influencia dentro de la jerarquía, funcionando paralelamente como una especie de diócesis independiente que se extiende por todo el mundo sin anclaje geográfico. Responden ante Roma, aunque priman sus pretensiones de movimiento 'renovador' que busca un retorno a las esencias. El Vaticano vive momentos de lucha de poder para, llegado el momento de nombrar nuevo Papa, sumar adhesiones a una misma causa. La del Opus es, como sabemos, la hegemonía del sector conservador de la Iglesia. Por el momento, ya han dado algunos pasos que les han permitido manejar muchos hilos vaticanos en estos tiempos del Papa marioneta.

Es característico su extremo conservadurismo. Pero su objetivo es más elevado: la santificación personal a través del trabajo y la vida cotidiana. Lo cual acerca las enseñanzas del catolicismo a los centros de poder, económicos y políticos: se acabaron las cargas de conciencia. Decía Luís Carandell en su biografía de Escrivá de Balaguer, la primera que no tuvo el entonces habitual tono hagiográfico: «Con Escrivá el dinero se hace católico y esto va a tener consecuencias incalculables en el desarrollo del capitalismo español en nuestra época». El franquismo se pasó de la Falange al Opus, y Escrivá de Balaguer será conocido siempre por colaborar con la dictadura. No será el primer santo ni el último que sea llevado a los altares con ese curriculum. Compró un marquesado, y además de dinero, fama y poder, ahora alcanza la santidad. No sé si será incompatible, pero lo que está claro es que tras la Obra de este cura de Barbastro se edifica un impresionante poder que influye en no pocos ámbitos políticos y económicos. Ya ni los santos son neutrales.

29 de septiembre de 2002

El drama en la ficción y en la realidad
Parece que han acertado de lleno en esta edición, la 50ª, del Festival de San Sebastián a la hora de otorgar la Concha de Oro. Se la ha llevado la película «Los lunes al sol» de Fernando León de Aranoa, la más aplaudida sin duda en los días previos por público y crítica. El tema que ha enganchado tanto no podía ser más 'corriente': la vida de unos parados en un entorno en el que sufren la exclusión. Nada de fantasías animadas y gnomos verdes; de vez en cuando el cine necesita realismo en dosis industriales. Y esta vez, por lo que dicen, con calidad en el guión e interpretaciones creíbles: Bardem debe bordar el papel, pues ejemplos no le habrán faltado en la vida real para crear ese personaje de «héroe a la fuerza de la clase proletaria» como lo califica Carlos Boyero, quien no escatima elogios al film: habrá que ir a verla.

«Habla de sensaciones muy terrenales, de seres humanos que jamás podrán estar de moda porque su condición social, profesional y sentimental es la de parados, de lo que nuestro egoísmo o feroz instinto de supervivencia quiere pensar que siempre le va a ocurrir al prójimo pero nunca a nosotros, de los individuos comprensiblemente acojonados porque su presente es muy negro pero el futuro es aún peor, de los que tiran la toalla en su soledad, su miseria, su derrota, su desesperanza y su intemperie lanzándose al vacío y de los que resisten a pesar de los pesares, aunque sólo puedan escupir al cielo y maldecir...». (El Mundo, 24/09/2002)

Esta semana, además, la dirección de Seat ha anunciado que traslada parte de la producción de Martorell a una fábrica de Bratislava. La excusa: que los sindicatos no consienten poner unos cuantos días más de trabajo en los próximos meses para producir más coches. Bueno, una excusa como otra cualquiera. La empresa pretende disminuir costes, que es lo que le importa, y el daño colateral se mide en empleos destruidos: 500 directos y 4500 indirectos. La propia industria auxiliar ve con temor la posibilidad de que la transnacional siga en la misma línea: recortando producción aquí para aprovechar mejor el bajo coste de la mano de obra en la Europa del Este. Volkswagen busca una mayor 'flexibilidad' con la deslocalización de su filial, es decir, quiere más sumisión de los trabajadores y más autonomía para decidir en qué sitio maximizará su beneficio.

El resultado es el que después el cine se ve obligado a reflejar para que no nos engañemos más con mundos idealizados de números y curvas: prejubilaciones vergonzantes -que pagamos todos en alguna medida a través del Estado-, despidos como única forma de ejecutar los eufemísticos 'ajustes de plantilla'. Esto es, nuevos parados que sólo el tiempo dirá si se convierten en 'parados de larga duración', trabajadores de más de 50 años que no ven posibilidades ciertas de encontrar un nuevo empleo... Más exclusión social. Ya no es sólo cuestión de acabar con la pobreza de los niveles más bajos de renta, puesto que el problema está en una grave falta de oportunidades de mucha gente ante un futuro tan precario. Esta vez, además, otro factor sobrevuela el ambiente: las cuantiosísimas subvenciones públicas recibidas por Seat, ¿acaso la sociedad no tiene ahora derecho a exigir a la empresa algo a cambio?

24 de septiembre de 2002

¿Todos con Schröder o todos contra Schröder?
Gana Schröder en Alemania, y en Europa. Estas elecciones afectan no sólo al mayor país de la UE, sino también a la política comunitaria, que siempre dependerá de cómo respiren en ese momento los alemanes. Ahora, por ejemplo, el impulso europeísta en pos de una Constitución para la Unión se verá reforzado con la continuidad del gobierno rojiverde en Berlín, con Fischer como principal promotor de la idea. Respecto a la inmigración, se constata la afortunada ausencia de peligros ultraderechistas y el escaso respaldo que recaba el discurso populista contra los extranjeros. Es señal de que los ciudadanos confían en sí mismos. Alemania tiene amplia tradición de sociedad abierta y parecen estar vacunados contra líderes 'salvapatrias'. Mientras en Italia pretenden sacar los crucifijos para defender su civilización de los infieles, Alemania y Suecia deberían servir de aliento para los socialdemócratas que intentan contrarrestar la hasta ahora imparable ola neoconservadora.

No ha sido por tanto la inmigración, como en Francia, la clave electoral. Sí la política exterior, que ha decantado el voto de quienes dudaban cuál debería ser el papel de su país en el mundo. Y está claro: los alemanes no quieren ser aduladores acríticos de la política 'made in USA'. Los americanos salvaron al continente del fantasma incubado en el mismo corazón de Europa, pero los agradecimientos no van a ser eternos. No pueden suponer la aceptación vergonzosa de que EEUU se construya un marco internacional de legalidad a su medida sin que los gobiernos europeos digan una sola palabra. La oposición al ataque a Irak ha aupado a Schröder de nuevo al poder, en un aura de pacifismo por parte de los electores. Y si tenemos en cuenta hacia dónde se decanta la opinión pública europea, casi se puede decir que la cancillería alemana está obligada moralmente a ejercer un liderazgo fiel a la esencia de una política común basada en los valores compartidos en la UE.

Una política que, como se está viendo venir desde hace tiempo, tendrá que separarse irremediablemente de las posiciones estadounidenses. La nueva doctrina Bush, según el documento «La nueva estrategia de seguridad nacional», pasa por institucionalizar el unilateralismo. Aceptarlo supone que nos carguemos los principios fundacionales de la ONU y la legalidad que ha amparado las relaciones entre los pueblos desde mediados del siglo XX. El concepto de «defensa preventiva» no es más que dar libertad a EEUU para actuar en cualquier punto del planeta. ¿Con qué objetivos? No se duda en priorizar los intereses nacionales, aunque se reviste también de «internacionalismo norteamericano» el supuesto papel de garante de los derechos humanos. Habrán de convencernos de que poder atacar a otro país 'preventivamente' contribuye a la paz mundial. Desde Berlín se intenta romper el seguidismo y, en vez de optar como hacen los maniqueos entre Bush o Sadam, bien haríamos apoyando en ese pulso a Schröder.

19 de septiembre de 2002

Halcones y palomas
Es ya una vieja división aplicada a los mandos del poder. Parece que sigue vigente: los antiiraquíes de Washington no tienen a todos consigo, al menos hasta el momento; cuando empiecen las bombas ya veremos. Hay disidentes 'palomas' entre los propios estadounidenses y en la -para algunos- siempre 'cobarde' Europa. Sí, somos muy reticentes los 'euroidiotas', nos preocupan bobadas como eso de la legalidad internacional. Pero llega a repugnar el papel de avanzadilla propagandística que algunos popes mediáticos asumen con un único par de simplezas que llevarse a la boca: Sadam es muy malo y hay que ver cuán siniestros son los europeos sumidos en ese antiamericanismo que les hace preferir la ONU a Bush. ¡Vade retro! ¡Ahora resulta que hasta Chirac es antiamericano!

Me refería unas semanas antes de la campaña de Afganistán a la citada metáfora ornitológica y a que los tiempos que corren sólo parecen favorables a los halcones. Los vientos bélicos siempre atraen nubes de tormenta, y el clima termina militarizando los argumentos hasta extremos como los que vamos a vivir. El otro día volví a ver «Mars Attacks», del genial Tim Burton: alguna de sus escenas es suficiente para conocer cómo se mueven los hilos en el Gobierno de EEUU. Ahora se va imponiendo la doctrina del 'ataque preventivo', y con bendición o no del Consejo de Seguridad habrá guerra con Irak en los primeros meses del año que viene. Con esa voluntad de seguir demostrando su dominio mundial, es imposible dudar que la hiperpotencia piensa llevar adelante sus planes. Y los 'aliados' decidirán finalmente dar su apoyo o no en función del botín a repartir que les ofrece Bush: el petróleo.

11 de septiembre de 2002

11-S: Un año bajo el peligro
Los escombros de las Torres Gemelas están aún presentes en la conciencia de muchos occidentales. Los postulados políticos de la inevitable acción posterior en defensa de la justicia y en nombre de las más de tres mil víctimas han estado condicionados por las sensaciones consiguientes. El peligro acecha, y el mundo se ha transformado en una nube de desconfianzas, hostilidades y sombras sobre un futuro que pretendemos construir a base de espíritu bélico. La civilización estaba amenazada hace un año por el terrorismo. La tragedia fue lo nunca visto. Pero no es conveniente trazar el camino a seguir desde la política con el aliento del terror en el cogote. El gobierno de EEUU, en el que se debería poder confiar siempre, tiene que guiar su acción mediante la racionalidad y, como le corresponde, con la paz como objetivo.

Desgraciadamente, insistentes tambores de guerra vienen sonando desde el año pasado. Justo cuando el mundo árabe, entre la presión del extremismo y el instinto de supervivencia de los moderados, se encuentra en condiciones menos propicias para nada parecido a un 'choque de civilizaciones', en Occidente continúa imponiéndose una ola de prevención frente al mal que viene de Oriente. El antiamericanismo de los musulmanes se verá alimentado por la próxima escala bélica, Irak. Sadam Hussein es otra vez el malo de la película. Parece que el guión está muy claro para algunos desde hace tiempo. Lo incierto es el final: no sabemos si será feliz y aplaudiremos como buenos espectadores cuando el líder del 'mundo libre' obtenga la victoria. Tampoco sabemos si esa victoria no nos traerá quizá a continuación varias derrotas en cascada. Tres palabras me parecen claves para comprender las sensaciones sobre las que nos movemos desde el 11-S de 2001.

Vulnerabilidad. Estamos en riesgo permanente, y nos damos cuenta de golpe. Eso en EEUU era nuevo, puesto que la tranquilidad social había imperado en su territorio durante mucho tiempo. Ni siquiera algún atentado previo había perturbado la imagen de invulnerabilidad que trasmitía la hiperpotencia hasta el 11-S. Pero con unos pocos puntos concretos, muy simbólicos, sumidos en el horror, todo un país puede temer lo peor en su territorio. Esa inquietud busca respuestas, y el Estado moderno la encuentra en sus posibilidades de coacción. De un lado, la demanda de seguridad se puede satisfacer con un recorte de libertades. La justicia hay que imponerla sin mostrar signo alguno de fragilidad. Y de otro, la vulnerabilidad de la nación se contrarresta con la tentación del aislacionismo. El mundo ahí fuera es peligroso, y sólo protegiendo con extremado celo nuestro frágil equilibrio podremos sobrevivir.

Incertidumbre. El futuro es incierto, cómo no. El azar puede cambiar en un momento el rumbo de nuestras vidas. De qué seguridad se puede sentir uno orgulloso cuando pocas personas pueden atentar contra la vida de miles de nuestros compatriotas. Pero no es sólo azar: hay que atajar el mal en sí mismo. Únicamente con la sensación de que quienes son capaces de perpetrar acciones tan horrendas van a ser perseguidos con todo el peso de la ley, podemos dormir tranquilos. La ley y la justicia de un Estado democrático aplacan la incertidumbre. El control de los factores que nos desestabilizan parece imprescindible. Muchas veces se va con un rumbo tambaleante, pero hay que mantener la firmeza. Una fiscalización de la vida de los ciudadanos, un control al que siempre es complicado ponerle límites, es útil para combatir lo impredecible. El terrorismo como excusa, la seguridad nacional como objetivo, terminan suponiendo una vida menos libre.

Confianza. Tener fe en la gente, siempre se ha dicho que es bueno. Al mismo tiempo, un confiado es por definición un tonto. Un acto de barbarie produce la ruptura de la confianza, que es uno de los ingredientes de la civilización a la que aspira el hombre. Se desconfía de lo extraño: concretamente de lo que se ignora. Más adelante se pasa a generalizar la falta de ese fluido sobre el que se construye la convivencia. Un árabe puede ser peligroso. Hay que temer lo que digan en el extranjero. Sólo con mirarse demasiado el ombligo, recurriendo a la ración preceptiva de patriotismo, ya se está consagrando el reino de la desconfianza. A su vez ese puede ser el principio de una esperanza. Uno empieza a confiar de nuevo en sí mismo, la nación se recupera del orgullo herido y se empiezan a cruzar lazos de solidaridad con los otros. Pero hay que dar razones para que los demás se fíen de ti. La interrelación de todos con todos puede dar máximos frutos positivos si el clima es de confianza.

El mundo siempre tendrá ante sí un futuro lleno de incertidumbres. Pero hay que saber centrar nuestros esfuerzos para que lo llevemos por una senda mínimamente aceptable. Con pedir que sea de paz y justicia, ya estamos colmando en dos palabras todos los buenos deseos. La confianza, la seguridad en las capacidades que tenemos para manejar el azar conforme nuestros deseos, y la libertad como valor, no frágil sino tremendamente poderoso en sí mismo, que debemos defender, son los elementos indispensables que necesitamos para seguir adelante. Sobreponiéndonos, tanto a tragedias de la magnitud de la que hoy recordamos, como a tentaciones autoritarias que sacrifiquen en el altar de la seguridad, el temor ante el futuro y la sospecha permanente hacia lo desconocido, patrimonios tan preciados como la libertad y la convivencia pacífica. Porque, en ocasiones, da la sensación de que no los valoramos tanto como decimos.

5 de septiembre de 2002

El camino
Termina el verano. Llega septiembre. Uno tiene desde chico la sensación de que ahora es cuando realmente empieza el año. Es como si comenzara un nuevo ciclo. Se inaugura curso, hasta los políticos siguen ese ritual. Vuelven los coleccionables a los quioscos, ¿seré capaz de culminar el 'proyecto de futuro' de hacerme con los tropecientos fascículos de Star Wars? Otra vez tenemos liga los domingos... La vida es puro sufrimiento. Por si a alguien se le había olvidado coger una depresión, el telediario nos recuerda que ahora sobreviene el 'síndrome postvacacional'. La vida debe ser cíclica, no se explica si no la cantidad de aderezos que tenemos que añadirle para soportar su rutina. Aunque recurriendo a la poesía, nos percatamos de que la imagen por excelencia es la del camino. 'Caminante no hay camino...', y claro, hay que andar mucho porque el camino continúa y no hay vuelta atrás.

Y en el fondo, para qué volver, como decía Cernuda. Aprovechando la excusa del centenario de su nacimiento, traigo a este blog unos versos, en parte para recordar a una de las figuras más admiradas de aquella generación. Vivieron años de guerra, de exilio, y aquello trunca cualquier proyecto. Pero Luis Cernuda nos dice que él es un peregrino, pues nada debe hurtarnos la posibilidad de seguir esa travesía vital adelante, hasta sus últimas consecuencias, mirando sin miedo al futuro. Exprimiendo la existencia, buscando siempre cosas nuevas, saboreando la libertad de elegir nuevos rumbos. Conferencias y placas conmemorativas llenan los actos de celebración del centenario de Cernuda, como antes se hizo con otros autores. Es ya un tópico, pero lo cierto es que el mejor homenaje que se le puede hacer es leer sus versos.

Estos que siguen fueron publicados en «Desolación en la quimera» (1962).

PEREGRINO

¿Volver? Vuelva el que tenga,
Tras largos años, tras un largo viaje,
Cansancio del camino y la codicia
De su tierra, su casa, sus amigos.
Del amor que al regreso fiel le espere.
Mas ¿tú? ¿volver? Regresar no piensas,
Sino seguir siempre adelante,
Disponible por siempre, mozo o viejo,
Sin hijo que te busque, como a Ulises,
Sin Ítaca que aguarde y sin Penélope.
Sigue, sigue adelante y no regreses,
Fiel hasta el fin del camino y tu vida,
No eches de menos un destino más fácil,
Tus pies sobre la tierra antes no hollada,
Tus ojos frente a lo antes nunca visto.


He hablado ya aquí de la inquietud que despierta la 'muerte del espíritu'. Se puede trasladar la idea a la desaparición de las utopías, ya nadie cree en nada. Esto realmente no es cierto, puesto que la necesidad de tener fe en algo es una constante en nuestra especie. Las religiones van pasando de moda. También se dice que el hombre ha matado a Dios. Pero lo que más se puede constatar en estos tiempos es el desconcierto ante la muerte de lo 'trascendental'. Ya nada tiene un valor absoluto, la existencia no pasa de ser un insípido 'aquí y ahora'. Con el trasfondo de la gran catástrofe para un país que supone la guerra, tenemos la magnífica reflexión de un ateo en La visita de Dios, de Luis Cernuda.

30 de agosto de 2002

La música ha muerto, ¡viva la música!
Esto viene a cuento de unos conciertos que he disfrutado este verano frente al televisor. Lo cual confirma que no toda la programación televisiva se degrada hasta niveles vergonzosos en la temporada estival. Eran piezas seleccionadas de la historia reciente del Festival de Montreal con un único imperativo: el buen gusto. Contrapunto necesario a la marea de los chicos de OT, cuyas canciones no pasan de ser música 'fast food'. Artistas como Gilberto Gil o Natacha Atlas tienen la capacidad de perseguir el noble objetivo de todo creador (gustar, divertir a su público) sin necesidad de tomarle el pelo a nadie. Sus ritmos, ya sean brasileiros o árabes, seducen porque hay calidad. Y se demuestra que ésta manda cuando el oído está libre de la tiranía del top de ventas. La buena música lo es con independencia de que se trate de jazz, reggae, flamenco o hip hop.

Y a todo esto, uno de los argumentos de la cruzada antipiratería es ese de que la música está en peligro. Morirá, porque las copias (tanto las ilegales que se comercializan como las privadas) acabarán con la creación musical. Con el negocio de las discográficas, habría que puntualizar, porque hay estilos de música ajenos a lo comercial. Si la gente deja de comprar discos a 18 euros, lo que efectivamente entrará en crisis es la industria y su modelo de negocio. Ahora conocemos el coste del soporte, y quien consume, quien mantiene esa producción acorde a gustos bastante estandarizados, prefiere comprar más CD's a precio 'pirata', más barato. Se echa la culpa al público del fracaso de gestión de las grandes discográficas. Mientras, las independientes sobreviven a duras penas y soportamos una escasa diversidad en el panorama musical. Si la música realmente amenazada, la comercial, muriera, sé de más de uno que hasta se alegraría.

23 de agosto de 2002

La rabia de Oriana
Escribe David de Ugarte en «Ciberpunk» sobre el conocido panfleto de Oriana Fallaci, que incluso ha despertado siniestros instintos censores en Francia, titulado «La rabia y el orgullo». Oriana ha pretendido remover las conciencias de los europeos lanzando este airado y demencial dardo contra los pusilánimes que desde aquí osan defender el islam. Pero la septuagenaria escritora apenas ha conseguido levantar dos trincheras: la de quienes no han sabido más que indignarse ante la xenofobia de este alegato con etiqueta de 'políticamente incorrecto', y la de una numerosa 'clac' que la ha aplaudido eufórica. Cuando en octubre pasado se publicó en el «Corriere della Sera» el artículo que ha dado origen a este libro, ya lo advertí: los coros de la Fallaci piensan seguir propagando las viscerales reflexiones desperdigadas a lo largo del ya célebre 'sermón' de la italiana.

Junto al feroz alegato contra los musulmanes, destaca la carga de profundidad de una crítica a los ciudadanos de esta 'nuestra civilización', supuestamente en peligro. Ugarte dice «no compartir el masoquismo, la culpa y la estupidez de nuestros compatriotas», y coincide con Fallaci en que el enfrentamiento inevitable entre Occidente y el Islam nos pilla, digamos, 'desarmados' moralmente. El no reconocer que con los musulmanes sólo cabe una lucha abierta con no se sabe qué objetivos, es «la mejor prueba de que mereceríamos perder».

Oriana es una patriota de Occidente, me di cuenta desde el primer momento. Y en esa posición parece que no cabe una actitud distinta a la que adopta: la del fanatismo. Porque, efectivamente, ese es el principal error del nuevo occidentalismo: sumirse en un integrismo occidental agresivo e intransigente, que es la peor forma de defender los valores que se pretenden. Y junto a la beligerancia con el enemigo exterior, se descubre un acendrado derrotismo capaz de transmitir esa acusación permanente contra los numerosos y variopintos enemigos interiores. Imaginarias amenazas al desastre intelectual de un Occidente que ella ve indefenso ante los ataques de los 'bárbaros'. No podría existir otro peligro que se ajustara más a la escenografía épica que nos vende Fallaci que el del islam. Y tiene la coartada de la perversidad de todas las religiones para descargar sobre éste tan sólo una cosa: odio, bastante odio.

El escrito 'ciberpunk' nos recuerda la tesis central del panfleto: «...estamos en guerra. Con el Islam. Sí, con el Islam». Y la debilidad de este pensamiento exaltado no debería escapar a nadie: ¿qué guerra? ¿quiénes son los verdaderos oponentes en esta lucha? No caben guerras de religiones a estas alturas. Sería ridículo pensar que eso que llamamos 'occidente' está enfrentado a la cultura islámica: en la II GM no se combatía a la cultura alemana. Es cierto que la religión musulmana tiene un frente abierto, como todas las religiones, con la Razón. Pero el racionalismo no entiende de trincheras patrias: la lucha es individual. El peligro para los valores democráticos está en el fascismo, como siempre, que antes fue nazismo, y ahora se nos presenta en el islamismo, que no es la religión islámica, sino la ideología integrista patrocinada entre otros por el poder saudí y la secta del wahhabismo.

Ahí reside el tremendo error: la guerra no es contra el islam, sino dentro del islam. Los musulmanes tienen derecho a quitarse de encima las interpretaciones más fanáticas de sus creencias. El islamismo amenaza al islam, de la misma manera que en otras épocas la religión era usada como pretexto para las mayores atrocidades, aquí mismo, en nuestro querido Occidente. Oriana Fallaci da pábulo a la confusión: mezcla el fundamentalismo con el islam, y cuenta sus vivencias poniendo a los dos en el mismo saco. Como he leído por ahí, lo suyo no es rabia y orgullo, sino odio y soberbia.

9 de agosto de 2002

Al alba, con tiempo duro de Levante...
Poco ha importado la dirección del viento. Y el lírico Trillo no ha tenido la necesidad de glosar esta vez la matutina actuación de desalojo con su frase para la historia: 'Al alba...'. En Perejil estaba en juego la Patria. Aquí únicamente el futuro de 273 personas que venían huyendo de la miseria y se han encontrado en la ansiada tierra europea con una encerrona en toda regla. El encierro de inmigrantes en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla ha terminado dos meses después de su comienzo con una efectiva intervención policial tras la petición del Rectorado. Era el final previsible, y claramente poco deseable: mejor sería que hubieran salido por su propia voluntad. Pero hay motivos sobrados para esta decisión: es un mal menor que ha acabado con el triste espectáculo de un encierro convertido en desesperanzada prisión para menos de la mitad de los inmigrantes que iniciaron la reivindicación en junio.

Y es que desde el principio se podía aventurar que medidas de protesta como la organizada en este campus no tienen ya futuro. Es inviable una regularización colectiva cuando el Gobierno está obligado a cumplir la ley y no parece estar dispuesto a realizar discriminatorias excepciones para resolver situaciones como la que se presentó en vísperas de la Cumbre de Sevilla. Si en algo hay consenso en la UE es en mantener la legalidad como requisito de una inmigración que llega a esta sociedad demandada por su mercado de trabajo e impulsada por el irrefrenable deseo de mejorar las condiciones de vida. La protesta contra las políticas inmigratorias restrictivas no pueden seguir alentando montajes de este tipo en los que los inmigrantes no obtienen beneficio alguno y la sociedad se queda, entre la indiferencia lindante con el rechazo y una lógica solidaridad con los encerrados, con una imagen de la inmigración que no aporta nada y puede ser incluso contraproducente.

Había un oportunismo inicial que podía presentar el encierro como símbolo de oposición a la política del Gobierno. Algunos, con el devenir de los hechos, siguen creyendo su conspirativa hipótesis de que la Junta de Andalucía, el PSOE y la Universidad lo organizaron todo: indigencia explicativa que no llega a captar la fuerza de la desesperación en quienes trabajan con la invisibilidad del 'sin papeles' a cuestas. La economía sumergida, que absorbe ávida toda esa mano de obra barata: un núcleo principal del problema que algún día tendrá que ser abordado en serio, por cierto. La Rectora Valpuesta ha actuado, soportando duros ataques, con cierta coherencia. Se ha intentado propiciar una resolución del conflicto aportando ayuda jurídica a los inmigrantes. La mayor parte de ellos ha iniciado trámites para obtener documentación de manera individualizada y la mediación ha permitido que en estos dos meses el encierro fuera menguando paulatinamente.

Pero la irresoluble situación de un último grupo ha desencadenado que estas últimas semanas fuera ya insostenible una reivindicación sin objetivos factibles y manipulada por intereses ajenos al futuro de los inmigrantes. El Defensor del Pueblo Andaluz, José Chamizo, ha venido dejando claro tras finalizar su tarea de mediador que algunos 'líderes' del grupo presionaban a los demás para mantener el encierro incomprensiblemente. La coacción ha impedido incluso la atención médica que algunos de ellos precisaban. Es evidente que la libertad individual de muchos de estos inmigrantes ha estado sometida a la utilización del encierro como arma de 'lucha' por parte de algunos. La manipulación nos lleva al engaño de quienes desde la 'organización' prometieron a todos los que se unieran a esta medida de fuerza que les conseguirían papeles.

Queda en entredicho lo realizado por esa extraña 'red de apoyo', compuesta por organizaciones que por sí mismas desmerecen ser comparadas con otras ONG's cuyo trabajo en el campo de la inmigración es tan meritorio. Aunque seguramente no asumirán su responsabilidad como pretendidos 'defensores' de los derechos de los inmigrantes. Sólo han conseguido 'jugar a ser revolucionarios', como ha dicho el consejero de Gobernación de la Junta. Mantener una ficticia batalla como luchadores por los Derechos Humanos, olvidándose precisamente de esos derechos e intereses de los inmigrantes que dicen representar y que han sido utilizados para la autocomplacencia de unos pocos militantes seudosolidarios. No habría que olvidar estas palabras de Chamizo, que tan encomiable labor ha desarrollado en esta ocasión con el sensato respaldo político del gobierno autonómico, como conclusión: «Lo peor de este encierro es que nos hemos enfrascado en muchas batallas y nos hemos olvidado de lo básico, y es que vienen aquí huyendo de la miseria».

2 de agosto de 2002

Un año
Sí, hace un año inauguré este blog. Empezó a caminar por el proceloso mundo de las bitácoras, si nos ponemos cursis. Y ahora sería un buen momento para valorar si me debo sentir satisfecho después de escribir ya aquí más de 60 apuntes. En función de las expectativas que tenía, estoy encantado de poder mantener este chiringuito abierto en el que colgar periódicamente alguna reflexión que otra. Espero que sea así por mucho tiempo: la moda de las bitácoras sigue en un punto álgido, aunque las hay que van cerrando. Pero, claro, es que para un grupo importante de 'bitacoreros' no es una moda. Se trata de adentrarse en una nueva forma de comunicación y publicación que proporciona la Red, que tardará además aún algunos años en consolidarse.

No sabría decir qué género dentro de los blogs tiene más visos de éxito en el futuro. Los personales tienen toda la pinta de lograr hacerse un hueco entre los hábitos de navegación de una mayoría: un blog bien escrito, que refleje la personalidad de su autor y cuente cosas interesantes merece la pena que esté entre las visitas frecuentes. Pero entre tantos que proliferan, solo los de personajes a los que terminas conociendo un poco tienen el poder de mantenerte como público fiel. En los de opinión, la clave está en interesar por algún motivo: vas definiendo una línea ideología clara (habrá quien te lea por afinidad en las opiniones; otros por todo lo contrario), o bien mantienes una constante atención por tratar ciertos temas en los que la opinión que cada uno se forma tiene un peso muy importante.

Hay blogs temáticos que, en función de cómo lleven a la práctica el seguimiento de la actualidad relacionada con ese tema, se pueden convertir en verdaderos referentes dentro de ese sector del público. Como pasa también con los de opinión, demostrar un mínimo conocimiento sobre lo que se habla debe ser fundamental. Sobre todo porque más que muchas visitas, lo que se pretende es tener a un grupo de lectores habituales que no se cansen de leer siempre lo mismo. Creo que, aunque con trabajo, se está consiguiendo que muchos internautas tengan a blogs entre sus visitas habituales. Y ese camino es imparable, por mucho que ahora otros formatos (prensa online, e-zines) gocen de más credibilidad o confianza por parte de ese mismo público objetivo que buscan los blogs.

Una de las claves para el futuro está en no caer en la trivialidad. Una bitácora es normalmente una apuesta individual por crear un punto de comunicación con el resto de la gente, y dista de asemejarse a la consolidación de la cabecera de una publicación. Pero al igual que en los medios de masas se detecta una mayor o menor atención por la calidad de lo que se ofrece según el medio de que se trate, en las bitácoras sería triste que, en general, nosotros, los que hasta ahora estábamos al otro lado, sigamos la tendencia de despreocuparnos por cuáles son las cosas a las que les damos importancia. Se corre el riesgo de confirmar eso de: 'entretenimiento basura' implica que detrás hay un 'público basura'. Internet es interactividad, y lo que circule es reflejo de los intereses de sus usuarios. También en los blogs.

Posdata: Escribir un 'post scriptum' a una carta tiene un cierto sentido de soltar algo que no te atrevías a decir en el escrito formal. Por eso en la Red todo el mundo debería tener la necesidad de escribir 'posdatas' a lo que los medios de comunicación dicen en nombre de la 'opinión pública'. Es bueno que se oigan otras voces, como decía hace un año, y que poder opinar con libertad sea siempre algo sagrado, intocable, en internet. Lo importante es comunicar: decía también que hay que conseguir que las voces se oigan entre tanto 'ruido'. Sé que hay gente ahí detrás, me llegan acuses de recibo, aunque no he puesto ni contador a esta página. Me da igual saber el número de visitas, yo voy a seguir aquí... espero que también ustedes.

12 de julio de 2002

Mass media
Llegado el verano, podemos aceptar como primera impresión en el balance que esta ha sido una temporada informativamente intensa. Desde el 11 de septiembre, múltiples y muy diversos acontecimientos han mantenido alto el interés informativo de la población hacia lo que ocurría en el mundo. Los medios han notado este tirón extraordinario durante el año, y la consolidación de internet como un importante canal de comunicación es un hecho a destacar. Aunque en el apartado de la influencia mediática no hay muchos cambios: los 'sites' informativos crecen -los creados por los medios tradicionales- mientras las nuevas fuentes de información que proporciona la Red no alcanzan un grado notable. A pesar de internet, los grandes medios van a seguir 'moldeando' a su gusto eso que llaman 'actualidad', el conjunto de hechos parciales que son destacados de la compleja realidad.

Mientras la información online adquiere relevancia, los diarios en papel apuestan por el análisis más reflexivo de la actualidad. A grandes trazos se puede afirmar que el tono 'light' del debate político en las tertulias radiofónicas y la ausencia, salvo excepciones, del debate de actualidad en TV llevan a los periódicos a asegurarse el interés de los menguantes lectores en papel con artículos de enjundia sobre el mundo político. La TV casi parece un medio perdido para la causa: las cadenas se centran en el formato 'telediario' -manipulados en las públicas, de diversa credibilidad en las privadas- y el resto de la programación está copada por contenidos alérgicos a un nivel mínimo de inteligencia. Alvite, pesimista irrecuperable, habla del abrevadero en que se han convertido los shows nocturnos. Ya que no son lugares propicios para hablar de política internacional, al menos habría que preguntarse: ¿entretienen?

Es compatible leer un diario por la mañana, informarse sobre los temas candentes a través de internet por la tarde y ver «Crónicas Marcianas» por la noche. Aunque hay espectadores de esto último a los que lo único que les interesa a lo largo del día es contemplar el patetismo de uno de los hermanos Matamoros berreando en la pantalla. El abrevadero, que decía Alvite: ya el hombre no proviene del mono, «Crónicas Marcianas parece haber demostrado que el hombre procede del cerdo». Se puede convertir en imprescindible que los principales diarios apuesten por artículos de calidad en sus secciones de opinión conforme la información superficial y el entretenimiento insustancial invaden el resto del panorama mediático. En este punto, un buen ejemplo serían los artículos del sociólogo Manuel Castells publicados en El País en los últimos años. En conjunto son un lúcido e inteligente análisis del fenómeno de la globalización.

> Artículos de Manuel Castells en El País

6 de julio de 2002

La muerte del espíritu
La felicidad humana no puede reducirse a la satisfacción de necesidades puramente materiales. Frente a una vertiente materialista del hombre destinada a cubrir ese sustento básico, existe una inteligencia que José Antonio Marina describe a partir de la tarea que tiene encomendada: ocuparse de las cosas nobles que fundan y despliegan la dignidad. Porque es la dignidad, o la conciencia de esa dignidad, lo que nos diferencia como especie. La sociedad contemporánea está abocada a la pérdida del sentido de la vida humana en un mundo dominado por lo material. Al menos, así lo ven Álvaro Mutis y Javier Ruiz Portella, y de ahí la necesidad de lanzar este Manifiesto contra la muerte del espíritu.

Cuando las actitudes y el pensamiento más están invadidos por el materialismo, se hace imprescindible denunciar la desaparición de “esa inquietud gracias a la cual los hombres son y no sólo están en el mundo”. El hondo calado de este Manifiesto, publicado hace unas semanas en El Cultural, tiene como propósito no sólo agitar la autocomplacencia de más de uno, sino también romper con esa sensación de que la “muerte del espíritu” no importa a nadie. Los pensadores, los sabios de este mundo, están mudos y demuestran una pérdida de capacidad crítica justo en este momento en el que el sentido ético de la vida humana está más amenazado.

Dice Ruiz Portella que esta iniciativa puede servir de cauce al profundo malestar compartido por muchos ante el “desvanecimiento de la belleza” y esta “muerte del espíritu”. Sería bueno que así fuese: el conformismo generalizado y la indiferencia de una mayoría que únicamente busca la felicidad en la vida material, deben impulsar la inquietud de al menos una inmensa minoría. Quizá no sirva para nada, pero alzar la voz para denunciar que nuestro mundo es prosaico y materialista nunca está de más. Tarde o temprano, algo se conseguirá cambiar en la aparentemente inquebrantable línea de pensamiento dominante.

29 de junio de 2002

Representación
Las reuniones de jefes de gobierno de la UE también sirven para que se organicen 'contracumbres' como la coordinada por el Foro Social de Sevilla en el último encuentro de mandatarios europeos. Cualquier cumbre de países es pretexto para que los movimientos ciudadanos agrupados en la lucha por otra globalización ('alterglobalistas' sería una buena denominación) se muestren ante la opinión pública. Un único elemento ha fallado en la trasmisión del mensaje hasta ahora: la presencia de disturbios con la policía. Aunque otras acciones reivindicativas y de difusión de ideas acompañan a estos movimientos, es la manifestación multitudinaria la que concita la atención de todos. Sevilla ha sido uno de los primeros lugares, junto a Barcelona, que ha albergado a miles de personas en las calles y sin violencia, tan sólo alzando la voz de una protesta por otro mundo posible y reclamando alternativas, algo ya de por sí suficientemente serio.

Canadá era un próximo punto de encuentro para estos primeros 'ciudadanos globales' que actúan como tales: ejerciendo una crítica al poder. Allí se reunía ese grupo de países que no necesitan pedir excusas por ser los más fuertes en eso que llaman el G-8. En un recóndito enclave de las Montañas Rocosas, los líderes del mundo se han librado de tener a los manifestantes cerca: por si fuera poco, hasta los osos de la zona han sido controlados para que la seguridad esté garantizada. La obsesión por construir confortables 'burbujas' en las que encerrarse para estas cumbres es elocuente. Que decidan los gobiernos más poderosos sobre cuestiones que afectan a todo el mundo supone un deterioro de esa 'democracia global' que aún es una utopía. Sigue estando vigente, y lo estará por mucho tiempo, uno de los lemas de la manifestación de Seattle de 1999: 'No a la globalización sin representación'.

Leo las líneas que estoy escribiendo y parece que estemos dando un salto en el tiempo para recuperar palabras que suenan arcaicas en los oídos de los 'bien pensantes': utopía, alternativas, poderosos, manifestaciones... Nos habían dicho que esta era representaba el 'fin de la historia': el pensamiento post-político se abriría paso. Pero en la vanguardia del progreso se han alzado otras banderas más comprometidas con la política y la democracia. El mundo global debe estar hecho a la medida de los ciudadanos y no al revés. La representación popular en la toma de decisiones parece no estar resuelta después de décadas de funcionamiento de nuestros sistemas políticos: el Estado nación salta por los aires y en lo global falta democracia. Ojalá no se consume la interferencia del nuevo 'golpismo' financiero en las elecciones de Brasil, donde el candidato Lula hace el papel de diablo para los inversores: sería un ejemplo más de primacía de los mercados sobre las urnas.

23 de junio de 2002

Crónica de la Cumbre
En Sevilla ha tenido lugar una de las últimas reuniones itinerantes del Consejo Europeo (pronto fijará su sede en Bruselas) que se han venido celebrando en diferentes ciudades con el paradójico objetivo de acercar la Unión Europea a los ciudadanos. La cosa habrá degenerado con el tiempo, pues no hay nada más lesivo para la sensación de confianza en las instituciones de la UE que una 'cumbre' de mandatarios a celebrar en tu ciudad destinada a plasmar en un documento varios acuerdos previamente 'cocinados' por los ministros correspondientes. Sobre todo cuando para ello se precisa de apenas un par de sesiones de trabajo, siempre que no coincidan, eso sí, con los partidos del Mundial: sería imperdonable que un presidente no pudiera demostrar ante las cámaras su patriótico forofismo viendo el fútbol de su selección nacional sentado frente a un televisor.

Una ciudad enjaulada con vallas de seguridad y sometida al agresivo control de su vida ciudadana, viendo alterada la sagrada normalidad de lo cotidiano mediante una de esas habituales exhibiciones de fuerza para proteger a los gobernantes del mundo exterior y mantenerlos en su burbuja. No sé dónde queda el acercar las instituciones al ciudadano europeo: lo más que se muestra es el fabuloso potencial de creación de 'fortalezas' que tiene esta Europa que parece dispuesta a llevar a escala continental la práctica de estas ciudades sitiadas temporalmente. Dicen que la inmigración es un reto, y cuando se deciden a hacer política común en esta materia lo que diseñan es un panorama propicio al levantamiento de barreras a la legalidad con la excusa de la seguridad, cuando la inmigración no puede dejar de tener el sentido de progreso social que otras necesarias políticas inmigratorias requieren.

La línea restrictiva que pretendía imponer sanciones a los países 'exportadores' de inmigrantes que no controlaran los flujos se ha visto frenada, pero la generalización de una estrategia inflexible con la ilegalidad puede ser suficiente para que se intensifique el drama de quienes llegan a la Europa 'fortaleza' reiteradas veces y son devueltos en un pulso continuado que sólo el tesón de alguien que busca un futuro mejor puede soportar. Y mientras, el otro incumplimiento de la ley, el sumergido en una economía explotadora, seguirá hurtando a falta de papeles una existencia digna a multitud de inmigrantes. Pero electoralismo manda, y el acento no puede situarse en el lugar equivocado cuando hay que contentar a una ciudadanía que teme hasta a su propia sombra.

20 de junio de 2002

Huelga general
Habrá podido tener un seguimiendo desigual por zonas, sectores o estructura empresarial, pero que no me mareen con 'guerras de cifras': el gobierno no puede pretender ser tomado en serio si se empeña en no ver a la gente que se ha movilizado masivamente en este país. La normalidad democrática caracteriza a esta jornada de Huelga General, y lo extraordinario de este día simboliza un punto álgido en la ruptura del diálogo social que deberá ser tomado muy en cuenta por el gobierno de Aznar, sobre todo si no quiere obviar la sensatez mayoritaria de una opinión pública que reclama una política de diálogo y rechaza las actitudes chulescas.

Me pregunto qué ganará el gobierno con la negación de la realidad: desde primera hora de la mañana ya aseguraban que la huelga no tenía seguimiento. Al menos en Andalucía, ha sido un éxito rotundo. Es evidente que, cuanto menos, credibilidad pierde al digerir tan mal el pulso que millones de ciudadanos le han echado. Aunque por desgracia la credibilidad es cada vez menos valorada en este mundo de la política-espectáculo. Si no, sería incomprensible que tantos medios de comunicación se sumaran tan diligentemente a la propaganda antihuelga habitual durante este día respaldando la principal consigna oficial: la huelga ha fracasado. Las lógicas discrepancias existentes en ese terreno neutral entre un 'bando' y otro serán aprovechadas ahora por el PP para intentar ganar la batalla mediática y que parezca que ha ganado el 'partido' cuando en realidad no ha llegado ni al empate.

15 de junio de 2002

Crónica de la pre-Cumbre
Sevilla, mes de junio: altas temperaturas y caldeado ambiente social. Una huelga general a la vuelta de la esquina y la campaña de los 'piquetes' antihuelga desde su privilegiado púlpito mediático se desarrolla según lo previsto. El sectarismo gubernamental no ha escatimado esfuerzos -involuntarios- en decantar a la opinión pública en favor de la mayor operación de desgaste desde que el PP ocupa el poder. A eso se le suele llamar salirle el tiro por la culata: la crispación crece y el rechazo a la arrogancia del deslucido europresidente y su decretazo harán de esta huelga, para la que 'no existía ambiente', un éxito. El cabreo de Aznar con todo el mundo se está convirtiendo en habitual y sintomático: lo mismo la toma con los obispos que con la jauría socialcomunista que se atreve a toserle con una huelga que, antes del Consejo Europeo, dicen que no tiene otro objetivo que 'jorobar' a España.

Parece que molesta que se haga de Sevilla la ciudad de la reivindicación: los paniaguados columnistas (Campmany, Losantos) expresan esa artificial preocupación por la imagen de España para ocultar que un presidente con arranques autoritarios es peor losa para el progreso de un país que una semana movidita alrededor de una 'reunión en la cumbre' de los gobiernos de la UE que, por cierto, no servirá seguramente para enmendar el decepcionante semestre de Presidencia española en materia de avances y nuevos acuerdos. La huelga tiene sobrados fundamentos, laborales y también políticos, puesto que no tiene sentido descalificar como 'huelga política' a una que trata de oponerse a la decisión política del ejecutivo de recortar derechos a los trabajadores. Quizá lo que más cabrea en el PP es que hasta el Arzobispo de Sevilla muestre apoyo a los sindicatos.

Esta ciudad es cuna del felipismo que sirvió a más de uno para realizar su cruzada ideológica particular, y ahora el aznarismo y su talante resuenan como el rencor de ese sector rancio de la Sevilla oficial y de esa sociedad anclada en el pasado que clama contra la izquierda, contra los parados, contra los jornaleros y ese mundo rural que aseguran que está subsidiado y sumido en la indolencia... ¿y todavía creen tener en el PP posibilidades de éxito electoral en Andalucía con un ministro que llama 'indolentes' a los andaluces y un gobierno que para hacer política en el medio rural no se le ocurre otra cosa que quitar el PER? No es de extrañar que hasta el arzobispo se convierta en blanco de críticas cuando el discurso oficial se empeña en darse cabezazos con la realidad para, al final, no asumirla y arremeter contra lo primero que se mueva, ya sean los sindicatos, un PSOE que va a rentabilizar la oposición social al gobierno o los inmigrantes que piden regularización.

Más de 400 de los inmigrantes que se quedaron sin trabajo en la fresa por la nueva política de inmigración 'de ida y vuelta' están encerrados en la Universidad Pablo de Olavide en una protesta que está expresamente destinada a hacerse notar durante la que ya es 'cumbre de la inmigración'. Su situación es extrema, y si la ley o el gobierno terminan abocándonos a una solución injusta es porque uno de los dos falla. Aunque ya constatamos diariamente que la irresponsabilidad del PP con su propia política de inmigración es inmensa, escuchamos a Javier Arenas afirmar que la culpa de todo es de la 'demagogia de Zapatero y el PSOE'. La duda me asalta: ¿será que no se han dado cuenta de que gobiernan desde hace 6 años? Es evidente que, al menos, siguen con ese mismo discurso que pretende culpar a los demás de sus errores. En vez de afrontar los problemas, se ha convertido en costumbre que construyan una respuesta simplista a éstos y terminen endosando a la sociedad la solución más conflictiva. Y a eso lo llaman hacer política.

8 de junio de 2002

Un radical
El profesor José Luis Sampedro sigue en la brecha a sus 85 años haciendo lo que más vida le da: escribir. Es de agradecer que sabios como Sampedro no estén 'fuera de la circulación' en este mundo que se congratula de vivir en la «era del conocimiento» y que, paradójicamente, más demuestra con los hechos el desprecio por todo lo que requiere un mínimo de actividad intelectual. Desde el poder, al mismo tiempo, se idolatra la juventud como valor en sí mismo y se ensalza a una generación que consagró el conformismo como seña de identidad: el modelo de joven perfecto es el que piensa como un viejo. Pero hay octogenarios que prefieren ser rebeldes: Sampedro, el viejo catedrático de Estructura Económica, asegura que la vida le ha hecho ser más radical. Los años aportan libertad para decir lo que se piensa, y hay quien no duda: «Cuanto más viejo, más radical».

Sampedro acaba de publicar el libro «El mercado y la globalización», especialmente dedicado a quienes quieran acercarse con un lenguaje accesible a la realidad económica que más debate ha suscitado en los últimos años. Explica el funcionamiento del proceso intentando desmontar mentiras que las propias palabras utilizadas por los medios y su monopolización del lenguaje han logrado imponer. En un mundo con más exclusión social, el término 'globalización' vino a representar una idealización feliz de lo que suponía la creación de un gran mercado mundial. Ahora, a los críticos se les llama 'antiglobalizadores', que es la palabra perfecta para crear esa imagen de sujeto peligroso cuestionando el 'orden' establecido. Sampedro dice que nada de 'anti': en realidad los críticos somos 'hipermetamogollónglobalizadores'. Se agradece también la lucidez.

Lo que se propugna es una globalización más justa, y eso significa que se mundialicen más aspectos, como los derechos humanos o el medio ambiente, y que exista un reparto global más equitativo. Hace unas semanas estuvo en Sevilla e ironizaba durante una conferencia: «Los globalizados somos como los fumadores pasivos, que no disfrutamos pero cogemos el cáncer». Pero los resortes conservadores de la sociedad han generado el fantasma de la contestación al sistema en torno a los críticos con la ideología globalista neoliberal. Es utilizado el término 'radical', como una manipulación entre tantas otras, para referirse a lo hostil a unos valores determinados. Incluso los terroristas y su entorno, los aficionados al fútbol violentos y cualquier bárbaro que destroza mobiliario urbano son ahora 'radicales'. Una degradación absoluta del lenguaje.

La valiosa aportación del último libro de José Luis Sampedro posiblemente consiga que no tanta gente se deje embaucar por la imagen distorsionada que se da de la bendita globalización y los 'rojos' que se oponen a la situación actual. La ideología que sustenta las tesis globalistas de los fundamentalistas del mercado tiene que tener un contrapeso. Hace poco le contaba Sampedro a Jesús Quintero en El Vagamundo que busca la izquierda allí donde está el futuro: en los que llama 'alegristas', formados por una 'muchedumbre' en Porto Alegre o allá donde se reúnan. En esa voluntad de cambio y en los progresos de la ciencia está el futuro, pues como afirma el viejo profesor, no solamente «otro mundo es posible, sino que otro mundo es seguro». La historia es cambio, aunque algunos se empeñen en negarlo.

1 de junio de 2002

Europe's living a celebration
Érase una vez un país que dedicó un inagotable torrente mediático a un acontencimiento revivido de otras épocas. El objetivo era sublimar, en torno a una exquisita melodía prefabricada, fruto de la alquimia de la mercadotecnia, la esencia de una nación a la hipnótica pantalla de un televisor pegada. Son días en los que festivales como Eurovisión ocupan el hueco que una europeidad de capa caída ha dejado en los corazones de una ciudadanía que delega en subproductos televisivos la representación de su conciencia colectiva. ¿El idioma, las culturas diversas, la pluralidad de la población? No, Europa se vislumbra como un mosaico en el que sus piezas pretenden resaltar mediante una canción que brille en su mediocridad entre los demás temas clónicos nacidos al cobijo de una industria del ocio homogenizadora.

España ocupa la europresidencia semestral y ansiaba alcanzar el trono de la eurocaspa anual con un canto al europeísmo autocelebrado. Pero ¿qué hay que celebrar en esta Europa de la 'celebration'? Ni siquiera la vacuidad del mensaje ha proporcionado la victoria a la letra interpretada por la Rosa de Armilla. La unión hace la fuerza. Aunque la fuerza sigue estando en el mismo sitio de siempre: Europa se une para perfeccionar el 'pan y circo' del siglo XXI. Versiones de Operación Triunfo se extienden por todos los países, porque las fronteras hace tiempo que desaparecieron para la fabulosa maquinaria de entretenimiento de los creadores de apariencia, los verdugos del arte y los complices en la propagación de la filosofía del triunfo fácil. Todo funciona a la perfección: el negocio rinde inmensos beneficios, el espectáculo comparte los valores del régimen imperante y los espectadores están satisfechos. Qué más se puede pedir.

26 de mayo de 2002

Ciudadano Pimentel
El ex ministro de Trabajo Manuel Pimentel está alejado de la política activa desde hace más de dos años, pero mantiene viva la inquietud del ciudadano comprometido políticamente con unas ideas. Artículos publicados en prensa centran la atención de quienes se interesan por sus opiniones; un habitual tono de distanciamiento respecto de la línea oficial del partido en el que sigue militando envuelve casi todo lo que escribe. Es indudable, por tanto, el interés que aún despierta como referente en el panorama político actual. Coyunturalmente, es de destacar la reciente polvareda que ha levantado en el PP andaluz la crítica pública de Pimentel al 'golpe de mano antidemocrático' -según sus propias palabras- perpetrado por los dirigentes del partido con la destitución de la dirección del PP de Córdoba presidida por Enrique Bellido.

Por lo visto, Bellido había criticado los hiperliderazgos políticos y pesaban sobre él acusaciones de 'deslealtad' al PP por haber disentido de la opinión hegemónica en más de una ocasión. Razones de más para la liquidación fulminante como dirigente local de un partido que tiene en la alabanza continua al líder una de sus aficiones preferidas. En la 'Carta a Enrique Bellido' que publicaron varios periódicos, se lamenta Pimentel de que lo único que se tolere en el PP sea «la repetición de los argumentarios oficiales matinales». «Pensar y tener opinión parece peligroso; mucho más productivo es seguir fielmente las consignas», asegura Pimentel: bien lo sabe él mismo, y por esa razón dimitió poco tiempo antes de las elecciones generales del año 2000. Tras su etapa de ministro del Gobierno Aznar, vio claro que debía mantenerse fiel a sus ideas y no caer en la sumisión a la postura oficial del PP en materia de inmigración para poder conservar el cargo.

Desde aquella dimisión se dedica a actividades privadas y sigue defendiendo una sonora disidencia respecto a la política inmigratoria que Aznar está llevando a cabo en esta segunda legislatura. Un año después de la aprobación de la actual Ley de Extranjería, que supuestamente iba a solucionar todos los descontroles de la inmigración de manera impecable, Pimentel seguía considerando en un artículo la maniobra del Gobierno contra la efímera ley del 'efecto llamada', que nunca llegó a aplicarse, un profundo error. La estrategia desarrollada por sus antiguos compañeros consistente en asociar inmigrantes a conflictividad ha sido calificada sin ninguna duda por el ex ministro de alentadora del racismo en la población. Lo cierto es que el debate generado en torno a esta cuestión ha estado colmado de mensajes lanzados desde las autoridades con fines electoralistas que favorecen al Partido Popular.

El culmen de este despropósito intencionalmente provocado para crear problemas artificiales en torno a la inmigración es la ristra de datos debidamente manipulados, o nulamente interpretados, que aporta el Gobierno para explicar la pretendida relación entre el mayor número de extranjeros y el problema de la delincuencia. Este es un debate peligroso que además no aporta nada. Y si indeseable es la 'lepenización' del discurso de los partidos en relación con este tema, bastante irresponsable es justificar un fracaso en la política de seguridad ciudadana echándole la culpa al chivo expiatorio de la inmigración, como dice Pimentel. No tenía fácil Pimentel sobrevivir dignamente en el Gobierno sin verse obligado a olvidar su visión de la inmigración, limitándose a obedecer: a la manía que parece que le tiene Aznar tras desafiarle con tan llamativa dimisión, se le suma la imagen que tienen de él muchos en su partido de vendido a la oposición y a la izquierda.

Lo cierto es que sus ideas centristas y su talante conciliador ya no están presentes en la impronta que el Partido Popular de la mayoría absoluta dejará en la política española. Que políticos tan libres y tan consecuentes como Pimentel estén fuera de la política activa es más que significativo. Recientemente incluso se permitía expresar en una columna de prensa qué opinión le merece la labor de este Presidente de Gobierno que se afana en crear crispación, alentar recelos y poner dificultades a la convivencia en relación a cuestiones como el nacionalismo vasco, la inmigración o el desempleo. Lo resume en una palabra: irresponsabilidad. (Puedes leer ese artículo aquí)