30 de diciembre de 2001

Réquiem por 2001 (y II)
Antes de atragantarnos con las uvas, es costumbre hacer balance de lo ocurrido durante el año, anuarios en los periódicos, resúmenes de las noticias más relevantes en televisión... En realidad, lo de las uvas no debe ser más que una metáfora de lo que se sufre haciendo los resúmenes del año. Porque Botín y alguno más deben ser los únicos que hacen balance con la seguridad de que no les va a salir con números rojos.

Sin ir más lejos, hay que admitir que este año la humanidad ha acumulado demasiados desastres en el debe del balance como para darse por satisfecha. El saldo negativo de este ejercicio nos dejará deudas pendientes para los próximos años. Afortunadamente -o por desgracia, según se mire- no estamos ante el fin del mundo, así que habrá que mirar necesariamente con optimismo lo que se nos viene encima y la forma de salvar estos conflictos. Tras el 11 de septiembre el tiempo ha pasado de una manera distinta a como lo hizo en los meses anteriores. De esta forma, todos los grandes interrogantes giran alrededor de esa fecha: ¿aparecerá Bin Laden en 2002 o se convertirá en una especie de mito legendario sin tumba conocida?, ¿tendrá por fin el conflicto de Oriente Medio una solución de paz?, ¿dejaremos de ver burkas en las calles de Afganistán...?

Estos últimos días, imágenes demasiado tristes se han repetido en las pantallas como para tener mucha confianza en el futuro. Arde la riqueza natural de Australia y el humo no nos deja ver Sidney. En Argentina un país entero se sume en el caos, mientras los ciudadanos en las calles son invisibles para quienes no creen que el futuro esté en la gente, en vez de en los gobernantes. Y entre India y Paquistán se escenifican hostilidades en su conflictiva frontera que no queremos ni imaginar lo que podrían suponer. Una cosa sí habrá en el año nuevo para alegrarnos, eurofóricos y euroescépticos a un lado. El euro unirá a los europeos, aunque esperemos que no nos dé tantos quebraderos de cabeza como a Forges.
Salud y fortuna para todos en 2002.

23 de diciembre de 2001

Réquiem por 2001 (I)
Un año más, como decía la canción de Mecano. Aunque no es ésta la mejor música de fondo para hacer balance del año que ahora termina. Tampoco el Así habló Zarathustra de la película de Kubrick. Y es que todo lo de hace más de cinco o seis años se ha convertido en arcaico, proviene de una época aún embrionaria respecto a la sociedad actual, y para colmo el futuro ya no es como lo imaginábamos. En el año 2001 hemos plantado cara por fin al nuevo siglo y, amén de demostrarnos que no es tan diferente al anterior, nos ha proporcionado unos frenéticos doce meses de nuevos acontecimientos que, a este ritmo de cambios, harán que pronto nuestro mundo no lo conozca ni la madre que lo parió.

En dos mil uno: La crisis tecnológica hace temblar los cimientos de la economía y da más de un susto a los gurús bursátiles. Este año el tren de internet ha tenido que dejar definitivamente la vía que lo llevaba al País de las Maravillas y anda buscando un camino más firme para alcanzar el cibermundo. Sigue muriendo gente de hambre, eso no cambia, pero cada vez hay menos ilusos globalistas que creen que llevándoles un ordenador lo solucionamos. La brecha digital es otra cosa. Nos damos cuenta de que hay hambrunas que hablan español: Centroamérica. Pero cuando otros temas de actualidad copan nuestra atención, esas imágenes desaparecen de los telediarios... ¿consistirá en eso la brecha digital?. Aquí nos preocupamos -es un decir- de que al gobierno de Aznar le estén creciendo los enanos de la mayoría absoluta y las gescarteras. Y de que el Príncipe no vaya a compartir la cartera con una ciudadana noruega, víctima de la conspiración rancio-monárquica: otra vez la Biondina como señaló Del Pozo.

Hay que ver, en un año: empieza y acaba un romance real en el papel couché, matan y resucitan Kyoto mientras el medio ambiente no espera a que nos pongamos de acuerdo para seguir deteriorándose, comienza mal la situación en Oriente Medio y da tiempo a que empeore... Pasan tantas cosas que continuaré resumiéndolas otro día. Entre tanto: Felicidades, señor pavo, se acerca su gran noche.

16 de diciembre de 2001

Cosas de patriotas
Andan los ideólogos del PP y el PSOE intentando arrebatar al adversario el derecho de exclusividad para defender eso que denominan "patriotismo constitucional". Hace poco escribía Herrero de Miñón sobre el tema y declaraba inaplicable tan críptico concepto a España, al menos según la formulación que Habermas ideó para Alemania: «Una cosa es el sentimiento constitucional, esto es, la sincera lealtad a los valores e instituciones constitucionales (...) y otra la reducción al mismo del "legitimus amor patriae"». Sobre todo en este país, habría que decir, donde coexisten diferentes concepciones de lo que es España: nación única, supranación, estado plurinacional... Mezclar esto con la defensa de los valores democráticos es ciertamente un error. Como dice Herrero, necesitamos "una interpretación constitucional integradora y no excluyente". Pero particularmente el PP, que viene obteniendo un importante rédito electoral por estos asuntos, no parece que entienda dónde está el verdadero patriotismo. Mientras esperan a que alguien les explique quién es Habermas, ahí los tenemos: instrumentalizando la Constitución para usarla como arma arrojadiza contra todos sus discrepantes y monopolizando el papel de defensores de la Patria. Estamos aviados con estos patriotas, que siguen pensando que la Patria es suya.

12 de diciembre de 2001

Mirar para otro lado
El fin de la publicidad es destacar, y hacerlo con un spot de 20'' dentro de un bloque de varios minutos siempre es difícil. En ocasiones, el mensaje es más efectivo cuanto más directa y francamente se lanza. En pantalla un plano de una selva tropical, están cortando árboles. Voz en off: "Brasil debe tomar serias medidas contra la deforestación... o sus enfermos de lepra se quedarán sin lugar donde ocultarse"... Estos anuncios son de la organización Anesvad, dentro de una campaña de sensibilización sobre la lepra, enfermedad que afecta aún a cerca de siete millones de personas.

Este tipo de publicidad suele ser calificada de "impactante", o incluso de "sensacionalista", por las imágenes que muestra. Los enfermos de lepra, como tantas otras cosas en este mundo, son ocultados por las autoridades de los países más afectados por vergüenza ante la comunidad internacional. En realidad, el "impacto" de esta campaña no es más que una necesaria contribución a la reforestación de las conciencias en este primer mundo bienpensante que habitamos. Los problemas están para ser afrontados, y ya sabemos lo que es una sociedad que se acostumbra a mirar sistemáticamente para otro lado. Anesvad acierta metiendo el dedo en la llaga. Como también acertó con la denuncia de la pornografía infantil en internet mediante la innovadora y arriesgada campaña "Nymphasex".

6 de diciembre de 2001

La sociedad red y las manifestaciones
Escribe Alberto Noguera en Multitextos sobre la ineficacia de las manifestaciones de masas, como las realizadas contra la Ley de Universidades, en la sociedad actual. La tesis es que en la sociedad red han quedado desfasados estos mecanismos de protesta, dirigiéndose la crítica particularmente a los partidos de izquierda y al supuesto estancamiento de éstos en el fangal dominado por el fantasma de la generación del 68. "De nada sirve -afirma- reunir a 50.000 personas en una manifestación: primero porque 50.000 personas hoy en día no es nada, y segundo porque la presencia física ya no es un requisito para que se produzca comunicación".

Me da la impresión de que este análisis sucumbe a una especie de vértigo ante el cambio histórico, a partir del cual se llega a sentenciar la imposición del nuevo orden al antiguo, como si los cambios sociales se produjeran de un año para el otro. La irrupción del nuevo paradigma de red no es la entrada en un nuevo siglo o la llegada del euro; siempre quedan residuos del modelo social anterior en el nuevo. Todos sabemos que los mass media adquieren un protagonismo inigualable en la sociedad industrial del siglo XX, hasta el punto de convertirse en un elemento clave de la política. En las últimas décadas se ha ido configurando la nueva sociedad red, pero la opinión pública sigue teniendo en la televisión y el resto de medios subordinados a los actores determinantes del ambiente político.

La movilización a través de actos de protesta, como la llevada a cabo por los universitarios, se rige por una organización basada en el concepto de red que caracteriza nuestro mundo actual. Tomar las calles no es ya un símbolo de la apropiación del espacio público por parte de los ciudadanos, sino un mensaje mediático que es retransmitido durante el almuerzo y que alcanza repercusión real cuando fluye a través de las redes. Tan sólo reuniendo a unas 200.000 personas (como el pasado día 1 en Madrid) ya se consigue el impacto suficiente como para que una polémica siga quemando en las manos del gobierno de turno durante bastante tiempo.

Los movimientos de la sociedad civil contra la autoridad política seguirán soportando el lastre de la influencia de los mass media, aun en este mundo donde ya no hay masas. Por otra parte, las manifestaciones en la calle se nos antoja el único modo posible (por mucho protagonismo que tuvieran las redes telemáticas) de solventar situaciones extremas como un golpe de estado, aunque esto nos suene por fortuna a historia pasada que ya no volverá. La protesta social adquirirá nuevas dimensiones con el desarrollo de internet, aún muy escaso, y mediante una nueva articulación de las relaciones partidos-sociedad, cambios éstos que están por llegar. Ojalá en el futuro la obediencia real de la política al paradigma de red nos aboque a la elaboración de leyes mediante el diálogo, y no a hacerlas con vocación de imposición. De esta forma sí que nos ahorraremos manifestaciones como estas.