30 de octubre de 2001

Una línea editorial "coherente"
Nunca dejaré de asombrarme por la forma en que se puede defender conscientemente un discurso lleno de estupideces, con escaso rigor político y con una indudable intención en nadar contracorriente (porque está de moda entre los herederos del pensamiento pseudo-liberal), y a la vez sucumbir a la crítica fácil hacia todas las obsesiones personales imaginables. Con todo ello, añadiendo unos cuentos tópicos rancios, se puede obtener incluso un pretendido Editorial de una publicación digital. Lo que hay que leer.

25 de octubre de 2001

A ver si cuela...
La semana pasada, intentando aprovechar que en este ambiente bélico muchas neuronas se toman vacaciones (recuerden aquello de Groucho Marx: "La inteligencia militar es una contradicción en sus términos"), el ministro italiano Umberto Bossi propone que se prohiba la entrada de más musulmanes a Italia. Así de claro es el socio xenófobo de Berlusconi para decir lo que le pide el cuerpo. Pero es que además esgrime una razón de peso porque "no es fácil distinguirlos de los terroristas", dice el impresentable aprendiz de fascista. Es verdaderamente lamentable que estos botarates ocupen puestos en gobiernos europeos democráticos. Sobre todo porque no representan más que la punta del iceberg de políticas basadas en teorías tan endebles y con un sesgo ideológico tan poco recomendable (por su falta de seriedad y de rigor) como la referente al choque de civilizaciones. Por el bien de todos, recemos por que aparezcan nuevos ideólogos para los líderes del mundo libre.

21 de octubre de 2001

Los perdedores de la guerra
Tengo escrito que esta es una guerra necesaria. En cambio, las dudas sobre su utilidad son todas: la inestabilidad que provoca la amenaza del integrismo islámico hace temer que la violencia vaya a generar más violencia. Sin necesidad de aventurar otras consecuencias, ya tenemos los indeseables efectos de la ofensiva militar en eso que llamamos eufemísticamente "daños colaterales". Los primeros perdedores de esta guerra son las víctimas civiles de la población afgana. Recordaba en un artículo reciente Baltasar Garzón que "los terrorismos se alimentan con más muertos". No se debe elevar esta operación a la categoría de única solución posible porque no lo es. Como dice Garzón: "la paz o la libertad duraderas sólo pueden venir de la mano de la legalidad, de la justicia, del respeto a la diversidad, de la defensa de los derechos humanos, de la respuesta mesurada, justa y eficaz", y poco se está aportando a esa base necesaria de lucha justa contra el terrorismo con contundentes ataques a un país empobrecido del que miles de refugiados huyen tras los bombardeos. Esta catástrofe humana puede pasarnos factura. Hay que rectificar el rumbo, si no queremos lamentarnos en el futuro por los errores actuales.

19 de octubre de 2001

El Imperio
Se está iniciando en estos días la fase terrestre de la operación Libertad Perdurable. Pero sigue en pie la pregunta que, desde los ataques aéreos del 7 de octubre, pone en duda el uso que hacemos de la terminología bélica: ¿es ésta una operación policiaca o una guerra? No hay dos estados en contienda. El objetivo principal no es derrotar a un país, sino a una organización terrorista. La captura de Bin Laden como fin lógico de todo esto, no es más que una acción de EE.UU. como gendarme global. En cualquier caso, lo que es evidente es la consolidación del rol de Imperio en el orden mundial. Ya sean consideradas justas o no, estas nuevas guerras van a ser imprescindibles a partir de ahora para el mantenimiento de las posiciones de poder actuales.

16 de octubre de 2001

El próximo reto
Se plantean numerosos y diversos análisis estos días sobre los acontecimientos presentes y futuros. Los bombardeos sobre Afganistán están prolongándose demasiado sin tener la opinión pública mucha certeza sobre cuál será el siguiente paso. Todos sabemos que la política internacional rara vez se mueve por ideales y siempre está guiada por intereses. Véase el caso del aliado Arabia Saudi, regido por una teocracia inaceptable. Para el futuro gobierno afgano, al menos como declaración de intenciones, sí se está haciendo un trabajo diplomático que busca la mejor solución y no la salida fácil de imponer un régimen pro-americano. Sin embargo, no es este país el único que necesitará un decidido apoyo occidental. Muchos países del mundo islámico pueden sufrir las consecuencias indeseables de un aumento de los movimientos radicales tras esta guerra. Los moderados y quienes impulsan cambios democráticos no pueden estar solos frente a nuevos y mayores resurgimientos de las interpretaciones sesgadas del Islam basadas en el odio al enemigo yanqui. Además de ganar esta guerra, es imprescindible ganar la batalla al fundamentalismo desde dentro del mundo islámico.

11 de octubre de 2001

Dudas e incertidumbres
Estamos metidos en una guerra necesaria. Aunque pueden plantearse dudas. Pero la defensa de la vida y la libertad no permite equidistancias o cobardes indiferencias. ¿Están justificadas las represalias de Bush? El terrorismo es una amenaza para la humanidad y la legítima defensa un recurso válido para pararle los pies. Hay guerras justas, y esta parece una de ellas. Quienes desde el pacifismo han optado por no apoyar la intervención merecen todo el respeto. Es importantísimo que siempre haya gente que de buena fe exija la paz y la resolución de los conflictos por otros medios. Aunque me temo que esta vez están equivocados. La guerra es terrible, como todas, pero más nefasta hubiera sido la inacción, la falta de reflejos.

Pero... ¿van realmente a solucionar algo estos ataques sobre Afganistán? Esta guerra, como mal necesario, se presenta incierta, con múltiples consecuencias en varios ámbitos. En el de mayor importancia, en el integrismo, los efectos nos pueden situar en una posición aún más delicada. Los movimientos dentro de cada país preocupan. Y los cadáveres de muchos musulmanes inocentes en varias naciones islámicas pueden ser la llama que prenda la mecha del odio infinito. Al integrismo no se le puede dar alas y Osama Bin Laden está jugando esta partida de ajedrez con ventaja. Sabía que EE.UU. iba a responder militarmente y está preparado para alentar a sus terroristas en una nueva escalada de violencia. Y el objetivo no es acabar con los infieles occidentales, no nos engañemos, sino ganarse la legitimidad a costa de los moderados en el mundo islámico. No hay guerra de civilizaciones, y mucho menos de culturas. La guerra es contra el fanatismo.

La estrategia occidental no se puede quedar en las bombas. La política y la diplomacia tienen que tomar el relevo por el bien de la humanidad. El Islam no puede verse atacado porque la sensación de derrota es otro aliciente más para el integrismo. Es lo que busca Bin Laden para desatar la gran catástrofe. No lo deberíamos olvidar.

7 de octubre de 2001

De la visceralidad a la idiotez
Las tres entregas del largo relato de Oriana Fallaci ("La rabia y el orgullo", "Los hijos de Alá" y "Mi patria, mi Italia") han provocado la controversia buscada en la opinión pública. El largo panfleto de esta señora incluye desde llamadas a la guerra: "Habituados como estáis al doble juego, afectados como estáis por la miopía, no entendéis o no queréis entender que estamos ante una guerra de religión..."; pasando por su visión de los musulmanes: "...es imposible dialogar con ellos. Razonar, impensable. Tratarlos con indulgencia o tolerancia o esperanza, un suicidio. Y el que crea lo contrario es un iluso"; hasta soflamas contra la inmigración: "Han llegado aquí por propia iniciativa, con sus malditas pateras y ante las barbas de los policías que intentaban hacerles regresar. Más que una emigración es, pues, una invasión efectuada bajo la consigna de la clandestinidad...". Todo acompañado de irracionales observaciones sobre la realidad en un enorme monumento al odio.

Se ha dicho que ya era hora de que alguien escribiera lo que muchos piensan y no se atreven a decir. Estoy de acuerdo. Ahora que la estupidez de la superioridad de la cultura occidental está por escrito gracias a la Fallaci, podremos poner en evidencia ese gran error. ¡Cómo va a ser superior una cultura que engendra discursos tan delirantes como este!. Sánchez Dragó considera que el artículo "es fascismo, racismo, militarismo e imperialismo". La verdad es que poco más se puede argumentar ante esta demencial propaganda que ahora los coros de Oriana se encargan de difundir.

4 de octubre de 2001

Revulsivo intelectual
Escribe ayer miércoles José Borrel en Cinco Días: "Los acontecimientos del 11 de septiembre están actuando como verdadero revulsivo intelectual. Se trata de un hecho global total, político y económico, que somete las ideologías dominantes a la prueba de los hechos y obliga a revisar nuestra interpretación del mundo". Es atractiva esta visión del fatídico hecho como punto de inflexión que nos permitirá dilucidar qué ideas son buenas y cuáles no sirven para dirigir el futuro de la Humanidad.

Continúa comentando el informe del Banco Mundial que anticipa los efectos recesivos que sufrirán los países emergentes: "La reducción de los ingresos que pueden sufrir implicaría empujar unos 10 millones de personas más por debajo de la línea de la extrema pobreza y a la muerte prematura a unos 20.000 niños más en los países más pobres de África. Un coste humano a añadir a los muertos del World Trade Center, igualmente inocentes pero seguramente menos llorados". Esto nos pone sobre el tapete la cuestión de las relaciones entre países ricos y países pobres.

La frustración del Tercer Mundo al no haber alcanzado las liberalizaciones del comercio los objetivos fijados es grande. Muchas concesiones han tenido que hacer y pocas medidas les han beneficiado. Los costes de esto son insoportables, "mil millones de seres humanos que viven con menos de un dólar al día" recuerda Borrell. Concluye el artículo: "Que eso sea o no el caldo de cultivo del terrorismo es discutible, pero es seguro que ambos fenómenos no son independientes. Por ello, el atentado del 11 de septiembre reabre el problema Norte-Sur, cuestiona gravemente la mundialización entendida como modo de desarrollo derivado del consenso de Washington y debiera convertir la ayuda al desarrollo en la primera prioridad de los países ricos". Nos quedamos con la última idea: el desarrollo en todo el mundo debe ser una prioridad, ahora más que nunca. Para que así sea, sólo hace falta una cosa: voluntad política. ¿Existe?

2 de octubre de 2001

El lenguaje de la guerra
El titular de hoy: "La OTAN invoca la cláusula de defensa mutua tras conocer las pruebas contra Bin Laden" (El País). Hay que ver la importancia que adquiere el uso de unas palabras u otras. El mayor atentado terrorista de la historia se ha convertido en el inicio de una guerra formal contra sus autores y todos los países que los acojan. La defensa mutua, en palabras de la OTAN, no tiene otro sentido en el ámbito militar. Se ha creado, con precisión de relojero y mediante el uso de un lenguaje prebélico, el escenario para la batalla. Mientras tanto, siguiendo la misma lógica, el terrorismo de ETA queda, en apariencia, como no merecedor de una respuesta por parte de los garantes de la seguridad en el mundo occidental. ¿Alguien se plantea aplicar el artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte tras algún atentado etarra? Seguramente no... porque no sabrían qué o a quién bombardear, claro.

La confianza puesta en la operación Justicia Infinita de EE.UU. por parte de quienes la apoyan con todas sus consecuencias debiera ser comparada, en un sano ejercicio de análisis político, a la lucha de Paciencia Infinita desarrollada mediante el Estado de Derecho, durante los últimos 25 años, en este rincón del mundo. La mayor parte de los coches bomba y tiros en la nuca se produjeron antes de la eclosión del ambiente anti terrorista internacional de principios del siglo XXI, recordaremos en el futuro. Mala suerte. La colaboración policial en la lucha contra el terror entre los distintos países occidentales ha llegado tarde para demasiadas víctimas de ETA. Lástima.