23 de diciembre de 2001

Réquiem por 2001 (I)
Un año más, como decía la canción de Mecano. Aunque no es ésta la mejor música de fondo para hacer balance del año que ahora termina. Tampoco el Así habló Zarathustra de la película de Kubrick. Y es que todo lo de hace más de cinco o seis años se ha convertido en arcaico, proviene de una época aún embrionaria respecto a la sociedad actual, y para colmo el futuro ya no es como lo imaginábamos. En el año 2001 hemos plantado cara por fin al nuevo siglo y, amén de demostrarnos que no es tan diferente al anterior, nos ha proporcionado unos frenéticos doce meses de nuevos acontecimientos que, a este ritmo de cambios, harán que pronto nuestro mundo no lo conozca ni la madre que lo parió.

En dos mil uno: La crisis tecnológica hace temblar los cimientos de la economía y da más de un susto a los gurús bursátiles. Este año el tren de internet ha tenido que dejar definitivamente la vía que lo llevaba al País de las Maravillas y anda buscando un camino más firme para alcanzar el cibermundo. Sigue muriendo gente de hambre, eso no cambia, pero cada vez hay menos ilusos globalistas que creen que llevándoles un ordenador lo solucionamos. La brecha digital es otra cosa. Nos damos cuenta de que hay hambrunas que hablan español: Centroamérica. Pero cuando otros temas de actualidad copan nuestra atención, esas imágenes desaparecen de los telediarios... ¿consistirá en eso la brecha digital?. Aquí nos preocupamos -es un decir- de que al gobierno de Aznar le estén creciendo los enanos de la mayoría absoluta y las gescarteras. Y de que el Príncipe no vaya a compartir la cartera con una ciudadana noruega, víctima de la conspiración rancio-monárquica: otra vez la Biondina como señaló Del Pozo.

Hay que ver, en un año: empieza y acaba un romance real en el papel couché, matan y resucitan Kyoto mientras el medio ambiente no espera a que nos pongamos de acuerdo para seguir deteriorándose, comienza mal la situación en Oriente Medio y da tiempo a que empeore... Pasan tantas cosas que continuaré resumiéndolas otro día. Entre tanto: Felicidades, señor pavo, se acerca su gran noche.

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