6 de diciembre de 2001

La sociedad red y las manifestaciones
Escribe Alberto Noguera en Multitextos sobre la ineficacia de las manifestaciones de masas, como las realizadas contra la Ley de Universidades, en la sociedad actual. La tesis es que en la sociedad red han quedado desfasados estos mecanismos de protesta, dirigiéndose la crítica particularmente a los partidos de izquierda y al supuesto estancamiento de éstos en el fangal dominado por el fantasma de la generación del 68. "De nada sirve -afirma- reunir a 50.000 personas en una manifestación: primero porque 50.000 personas hoy en día no es nada, y segundo porque la presencia física ya no es un requisito para que se produzca comunicación".

Me da la impresión de que este análisis sucumbe a una especie de vértigo ante el cambio histórico, a partir del cual se llega a sentenciar la imposición del nuevo orden al antiguo, como si los cambios sociales se produjeran de un año para el otro. La irrupción del nuevo paradigma de red no es la entrada en un nuevo siglo o la llegada del euro; siempre quedan residuos del modelo social anterior en el nuevo. Todos sabemos que los mass media adquieren un protagonismo inigualable en la sociedad industrial del siglo XX, hasta el punto de convertirse en un elemento clave de la política. En las últimas décadas se ha ido configurando la nueva sociedad red, pero la opinión pública sigue teniendo en la televisión y el resto de medios subordinados a los actores determinantes del ambiente político.

La movilización a través de actos de protesta, como la llevada a cabo por los universitarios, se rige por una organización basada en el concepto de red que caracteriza nuestro mundo actual. Tomar las calles no es ya un símbolo de la apropiación del espacio público por parte de los ciudadanos, sino un mensaje mediático que es retransmitido durante el almuerzo y que alcanza repercusión real cuando fluye a través de las redes. Tan sólo reuniendo a unas 200.000 personas (como el pasado día 1 en Madrid) ya se consigue el impacto suficiente como para que una polémica siga quemando en las manos del gobierno de turno durante bastante tiempo.

Los movimientos de la sociedad civil contra la autoridad política seguirán soportando el lastre de la influencia de los mass media, aun en este mundo donde ya no hay masas. Por otra parte, las manifestaciones en la calle se nos antoja el único modo posible (por mucho protagonismo que tuvieran las redes telemáticas) de solventar situaciones extremas como un golpe de estado, aunque esto nos suene por fortuna a historia pasada que ya no volverá. La protesta social adquirirá nuevas dimensiones con el desarrollo de internet, aún muy escaso, y mediante una nueva articulación de las relaciones partidos-sociedad, cambios éstos que están por llegar. Ojalá en el futuro la obediencia real de la política al paradigma de red nos aboque a la elaboración de leyes mediante el diálogo, y no a hacerlas con vocación de imposición. De esta forma sí que nos ahorraremos manifestaciones como estas.